19-04-2026, 05:09 PM
Narrador / María Merlot
Sentada al final de aquel pasillo, la mestiza devoraba el libro que tenía en las manos. Una interesa investigación científica que colocaba a los arrozales como un “Pulmón Hídrico”, y eso la hacia pensar que entonces Isla del Karate era más que Karate, sino que tenía toda una biodiversidad enriquecida con su producción de arroz, la que movía al comercio local y la economía del lugar. Por un momento recordó la conversación con Gomita, y ahora todo cobraba más sentido que nunca, por eso investiga los arrozales, porque había más que simple plantas verdes naciendo y produciendo granos blancos que terminaban en todas las comidas de esa región.
Dejando ese libro, enseguida comenzó otro. La dinámica del pantano y la floración, los peces y técnicas de rotación, el control del agua para evitar que se estancara y “pudriera”, por eso, aunque había agua y pantano, nunca percibió un hedor provenir del cultivo. ¡Jamás pensó que el arroz pudiese ser tan interesante! ¿Qué otra cosa sabría Gomita que hiciera latir su corazón de esa forma? ¿Debería intentar buscarlo en esa isla? ¿Regresar al arrozal para contarle todo lo que estaba aprendiendo? ¡No! No debería acercarse a él, ella, por su condición de pirata, lo incomodaba.
Y eso la hizo preguntarse algo más importante ¿Cuánto más tardaría su Unnie en llegar? María levanto la vista de las hojas del libro, le gustaba salir con ella porque siempre pasaban cosas divertidas. Sabía que una vez llegara la peliverde seguro la haría irse a otro sitio, así que había apartado un par de libros que compraría para su colección. Entre las hojas del conocimiento mundano de cereales, el ensimismamiento de María Merlot fue roto por… el suave vaivén del suelo. Levanto la mirada ámbar al techo, luego a los estantes que vibraban, los libros en el suelo también bailaban al “son” del movimiento telúrico.
Dejando ese libro, enseguida comenzó otro. La dinámica del pantano y la floración, los peces y técnicas de rotación, el control del agua para evitar que se estancara y “pudriera”, por eso, aunque había agua y pantano, nunca percibió un hedor provenir del cultivo. ¡Jamás pensó que el arroz pudiese ser tan interesante! ¿Qué otra cosa sabría Gomita que hiciera latir su corazón de esa forma? ¿Debería intentar buscarlo en esa isla? ¿Regresar al arrozal para contarle todo lo que estaba aprendiendo? ¡No! No debería acercarse a él, ella, por su condición de pirata, lo incomodaba.
Y eso la hizo preguntarse algo más importante ¿Cuánto más tardaría su Unnie en llegar? María levanto la vista de las hojas del libro, le gustaba salir con ella porque siempre pasaban cosas divertidas. Sabía que una vez llegara la peliverde seguro la haría irse a otro sitio, así que había apartado un par de libros que compraría para su colección. Entre las hojas del conocimiento mundano de cereales, el ensimismamiento de María Merlot fue roto por… el suave vaivén del suelo. Levanto la mirada ámbar al techo, luego a los estantes que vibraban, los libros en el suelo también bailaban al “son” del movimiento telúrico.
Parpadeo.
Vibración.
Parpadeo.
Vibración.
Vibración.
Parpadeo.
Vibración.
Los labios de la celeste formaron una sonrisa, solo quedaba una cosa por hacer… ¿Qué cosa? Bailar también. Así que sentada, como estaba con las piernas cruzadas, empezó a tambalearse de un lado a otro, cerrando los ojos y dejando que el suelo fuera su compañero de danza más inesperado. Cerro el libro y lo uso como un improvisado hombre —… un, dos, tres, un, dos, tres — susurraba al compás del sismo mientras como estrellas fugaces los libros de las estanterías caían a su alrededor y las ventanas actuaban de banda sonora a la estampa de la despreocupación y ensoñación absoluta de la hermosa mestiza.
Con un último temblor, que la hizo saltar unos centímetros del piso, la voz de la dependienta la despertó de su divertido vals — ¿qué es eso? — la vena cotilla de María tomo el control, eso significaba chisme puro y duro. Se levanto de dónde se encontraba, tomando los dos libros que iba a comprar y fue al encuentro del misterio, claro, pasando por encima del desastre que el sismo ocasiono.
La puerta era de cristal también, así que era fácil ver una especie de rodilla multiplicada por veinticinco. Los ojos de la joven se abrieron reconociendo esa extremidad… era de un gigante. ¿Thrym-sama había venido por ella? Esa idea la hizo sonreír, el pelirrojo siempre estaba preocupado como todo un buen hombre de familia. María sin tardar más, metió la diestra en su bolsillo, pago por los libros y salió, antes la mujer le dio una bolsa de tela para que los guardara, aunque estaba en shock por la presencia del abismal hombre, no se le olvidaba su función de vendedora.
María abrió la puerta, esperando encontrarse con Thrym, pero lo primero que vio, cuando alzo la vista al cielo, fue un oscuro cabello azulado, largo y lacio, distinto al de su gigante. ¡No era Thrym-sama! ¿Cuántos más habían como él en Isla del Karate? Ella pensaba que solo vivían en ese sitio cuyo nombre no recordaba. ¿Albania? ¿Elíseos? ¿Batiportar?
Con un último temblor, que la hizo saltar unos centímetros del piso, la voz de la dependienta la despertó de su divertido vals — ¿qué es eso? — la vena cotilla de María tomo el control, eso significaba chisme puro y duro. Se levanto de dónde se encontraba, tomando los dos libros que iba a comprar y fue al encuentro del misterio, claro, pasando por encima del desastre que el sismo ocasiono.
La puerta era de cristal también, así que era fácil ver una especie de rodilla multiplicada por veinticinco. Los ojos de la joven se abrieron reconociendo esa extremidad… era de un gigante. ¿Thrym-sama había venido por ella? Esa idea la hizo sonreír, el pelirrojo siempre estaba preocupado como todo un buen hombre de familia. María sin tardar más, metió la diestra en su bolsillo, pago por los libros y salió, antes la mujer le dio una bolsa de tela para que los guardara, aunque estaba en shock por la presencia del abismal hombre, no se le olvidaba su función de vendedora.
María abrió la puerta, esperando encontrarse con Thrym, pero lo primero que vio, cuando alzo la vista al cielo, fue un oscuro cabello azulado, largo y lacio, distinto al de su gigante. ¡No era Thrym-sama! ¿Cuántos más habían como él en Isla del Karate? Ella pensaba que solo vivían en ese sitio cuyo nombre no recordaba. ¿Albania? ¿Elíseos? ¿Batiportar?
YO TE MALDITO MALDITA MERLOT….
Antes de siquiera poder decirle algo al muy muy muy grande sujeto, aquella voz y esa maldición llego hasta ella, no sabía de dónde exactamente porque el gigante tapaba toda la visión que tuviera, pero ella podría reconocer esa manera de expresarse con los ojos cerrados: Su Unnie. ¿Acaso el gigante la estaba aplastando? ¿Se sentó encima de Maki D. Zennin? — OYE TUUUUUU, GIGANTON — su voz, aunque suave e hipnótica como la sirena que era, salió a gritos, ella solía hablar así con los gigantes, el idioma lo denominaba en su cabeza “GIGANTEZ”. La bolsa con los libros cayó al suelo mientras ella lo señalaba con su dedo índice de manera acusatoria — LA ESTAS APLASTANDO, LEVÁNTATE, POR FAVOR. LE VAS A ESPICHAR TODOS SUS ÓRGANOS Y LUEGO ALGODÓN DE AZÚCAR SE VA A ENOJAR PORQUE NO LE GUSTA QUE SALGAMOS HERIDOS. ¿Y ENTONCES QUE SE SUPONE QUE HAREMOS CON UNA MAKI PLANA COMO UN CARTÓN? ¿PEGARLA EN LA PARED? ¿POR QUÉ LA VIDA ES TAN CRUEL CON ELLA? ¿NO ES SUFICIENTE CASTIGO YA QUE NO TENGA SENOS GRANDES? — empezó pidiéndole al gigante, mientras lo señalaba con el índice, que dejara de aplastar a su unnie, y luego se desvió del tema, de forma aleatoria y sin sentido tan típico de ella, haciendo un gesto con las manos sobre sus propios senos cuando comento ese punto — … ¿POR QUÉ ERES MALO? MALO MALO MALO — se lanzo contra su pie, enorme por cierto, con las manos estiradas intentando moverlo, cuando vio que no funcionaba uso el hombro, luego se puso de espaldas e intento empujarlo así, y nada pasaba, era imposible de mover — … POR… FAVOR… LEVANTATE… — pidió sin aire por todo el esfuerzo que hizo en pocos segundos, luego se apoyó en el pie, pidiéndole un minuto para recuperarse, es decir, una seña con la mano y la palma abierta que buscaba decir por ella "Ya va, ya va".
Seguro la pequeña, y hermosa mujer, con aquella camisa que asemejaba una capa, parecía una mariposa intentando mover una montaña. Por la diferencia de tamaño no podía hacer nada, pero liberaría a su hermana del trasero de ese gigante. Si tan solo, la mestiza lo hubiera rodeado, se fuese encontrado con la dama peliverde al borde de la inconsciencia por su propio despiste. Pasas que cosas, por una pequeña confusión.
Seguro la pequeña, y hermosa mujer, con aquella camisa que asemejaba una capa, parecía una mariposa intentando mover una montaña. Por la diferencia de tamaño no podía hacer nada, pero liberaría a su hermana del trasero de ese gigante. Si tan solo, la mestiza lo hubiera rodeado, se fuese encontrado con la dama peliverde al borde de la inconsciencia por su propio despiste. Pasas que cosas, por una pequeña confusión.
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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