04-05-2026, 05:19 AM
Narrador / María Merlot
¡Qué día!
El cielo azul…
El sol radiante…
Un dulce…
El cielo azul…
El sol radiante…
Un dulce…
María caminaba por las calles de aquel pueblo con su particular andar en zigzag, flotando de un lado a otro, entreteniéndose con el paisaje, las personas y los grillos en su cabeza. La manzana acaramelada iba desapareciendo con cada mordisco de la mestiza. Le gustaban mucho esas frutas, en especial las rojas, le recordaban a tiempos felices con su padre cangrejo; y si le sumaban el caramelo lo hacía el manjar perfecto, sino encontraba rápido a los dos perdidos se comería las otras dos que cargaba consigo…
María se detuvo.
Buscaba a alguien.
¡A su Unnie! Claro…
Buscaba a alguien.
¡A su Unnie! Claro…
— ¡El secuestrador! — la atención de la joven volvió al foco importante, le dio otro mordisco a su manzana y empezó a correr de nuevo… ¿hacia dónde? ¡Ni ella lo sabía! — Oye… ¿haz visto a un gigante bandido de hermosa cabellera larga y sedosa como un mar en calma a mitad de la noche sin luna que evoca sentimientos de nostalgias y ganas de peinarlo con un cepillo de cerdas finas? — le pregunto con su alegría, pero con un poco de preocupación también, a un hombre que pasaba cerca suyo. El sujeto primero se sonrojo al ver a la hermosa muchacha de aspecto angelical y etéreo, luego se confundió por su diatriba poética pero entendió lo más importante: Buscaba un gigante, así que le señalo la dirección dónde minutos atrás vio correr a uno que se ajustaba a su descripción.
Unos momentos después, y varias indicaciones mal entendidas, María logro ver aquel cabello de ensueño. Estaba lista para atacarlo “patada, kung fu, puño, sashimi, origami”, lo haría pagar por todo lo que le hizo a su hermana comenzando por hacerla sangrar y terminando por el secuestro atroz de una pobre y pura alma que nunca dañaría a nadie… que no se lo mereciera. Sin embargo, la joven se detuvo ante la puesta en escena.
Unos momentos después, y varias indicaciones mal entendidas, María logro ver aquel cabello de ensueño. Estaba lista para atacarlo “patada, kung fu, puño, sashimi, origami”, lo haría pagar por todo lo que le hizo a su hermana comenzando por hacerla sangrar y terminando por el secuestro atroz de una pobre y pura alma que nunca dañaría a nadie… que no se lo mereciera. Sin embargo, la joven se detuvo ante la puesta en escena.
Enfermeras…
Batas blancas…
Un edificio que decía “Hospital”…
Batas blancas…
Un edificio que decía “Hospital”…
La chica se comió lo ultimo de su manzana acaramelada, dándole el palito a un pobre incauto que pasaba cerca y se le quedo viendo embobado. No habría que ser un genio para entender hacia dónde había llevado el gigante a su hermana, ni la razón de ello… ¡QUERÍA SACARLE LOS ÓRGANOS PARA VENDERLOS EN EL MERCADO NEGRO! No, definitivamente no, nadie sería tan cruel en este mundo para traficar órganos humanos… entonces, solo quedaba la otra opción: La llevo para que fuera atendida. Él no la estaba secuestrando, la estaba ayudando.
Nunca me atraparan marines perdedores perros del gobierno
La voz de su hermana resonó por el lugar, a María no le dio tiempo de pensar, solo corrió hacia el grupo de personas que rodeaban al gigante. Lo cierto es que luego de la caminata, su adrenalina descendió y los grillos en su cerebro empezaron a razonar más que antes — ¿UNNIE? — grito la celeste, su hermosa voz no perdió su encanto al alzar los decibeles — ¿Qué están haciendo? ¿Dónde esta mi hermana? — se puso entre el gigante y las enfermeras, el médico parecía estar analizando algo con mucha intensidad — ¿QUÉ LE HICISTE A MI HERMANA GIGANTON? — lo señalo hablando en gigantez para ver si la entendía.
— … se transformo en iguana y se fue… — musito el medico de cara paliducha y con evidente tendencia a las drogas.
— ES TU CULPA… — volteo con enojo señalándo con su dedo índice al enorme hombre, su ceño fruncido, a pesar de ello, no dejaba de ser hermoso — … la aplastaste, la hiciste sangrar, la tocaste sin su consentimiento, la secuestraste y ahora la asustaste. ¿POR QUÉ ERES TAN CRUEL CON MI UNNIE, QUÉ TE HIZO ELLA PARA MERECER TU ODIO Y ACCIONES MALVADAS? — sus palabras salían furiosas y llena de un enojo que iba creciendo y creciendo, entonces se acerco y sin pensarlo más le dio una patada… a la altura de dónde le alcanzaba… ¿la suela de su zapato tal vez? — Aaaaaaaaaaaughhhhhhhh — grito sintiendo el dolor de golpear a una mole, se inclinó enseguida para sobar su pie, no estaría manca pero le dolió.
— ¿Esta bien señorita? — el medico se acerco al verla gritar de dolor, un sonrojo apareció en su pálido rostro.
— Si, lo estoy… — dijo con la voz entrecortada dedicándole una sonrisa mientras se levantaba. Debía ser fuerte para encontrar a la perdida iguanita.
— Me parece, sin miedo a equivocarme, que no hablamos el mismo idioma — le informa el hombre en bata blanca.
— Wow pero te entiendo, significa que hablo tu idioma… soy poliglota — se sorprendió María señalándose así misma.
— Hablo del gigante y nosotros — respondió con calma el doctor, un poco desconcertado por las conclusiones de la bella joven.
Al escuchar eso María inclinó la cabeza hacía atras para verlo, son veinticinco metros de pura carne y huesos con el traductor descompuesto. Eso explicaba mucho, como aquellas palabras extrañas que había pronunciado frente a la tienda de libros. Entonces una idea se le ocurrio a la celeste, si iba a encontrar a su hermana, necesitaría su visión elevada pero antes iban a comunicarse… — GIGANTOOOOOOOOOOOOOOOON — le grito con todas las fuerzas de sus pulmones, necesitaba su atención en ella, luego se alejo cinco metros de él, lo suficiente para que pudieran verse sin una posición incomoda de sus cuellos — TU — lo señalo — YO — se señalo a ella misma — TU — volvió a señalarlo — YO — volvió a señalarse — TU — le dijo pero esta vez el señalamiento de su índice fue acompañado de un gesto que denotaba algo pequeño, luego se volteo y movió su trasero imitando la cola de su Unnie, y luego puso las manos como binoculares sobre sus ojos “Tu busca a la iguana”, era la frase que intentaba decirle… ¿la habría entendido?
— … se transformo en iguana y se fue… — musito el medico de cara paliducha y con evidente tendencia a las drogas.
— ES TU CULPA… — volteo con enojo señalándo con su dedo índice al enorme hombre, su ceño fruncido, a pesar de ello, no dejaba de ser hermoso — … la aplastaste, la hiciste sangrar, la tocaste sin su consentimiento, la secuestraste y ahora la asustaste. ¿POR QUÉ ERES TAN CRUEL CON MI UNNIE, QUÉ TE HIZO ELLA PARA MERECER TU ODIO Y ACCIONES MALVADAS? — sus palabras salían furiosas y llena de un enojo que iba creciendo y creciendo, entonces se acerco y sin pensarlo más le dio una patada… a la altura de dónde le alcanzaba… ¿la suela de su zapato tal vez? — Aaaaaaaaaaaughhhhhhhh — grito sintiendo el dolor de golpear a una mole, se inclinó enseguida para sobar su pie, no estaría manca pero le dolió.
— ¿Esta bien señorita? — el medico se acerco al verla gritar de dolor, un sonrojo apareció en su pálido rostro.
— Si, lo estoy… — dijo con la voz entrecortada dedicándole una sonrisa mientras se levantaba. Debía ser fuerte para encontrar a la perdida iguanita.
— Me parece, sin miedo a equivocarme, que no hablamos el mismo idioma — le informa el hombre en bata blanca.
— Wow pero te entiendo, significa que hablo tu idioma… soy poliglota — se sorprendió María señalándose así misma.
— Hablo del gigante y nosotros — respondió con calma el doctor, un poco desconcertado por las conclusiones de la bella joven.
Al escuchar eso María inclinó la cabeza hacía atras para verlo, son veinticinco metros de pura carne y huesos con el traductor descompuesto. Eso explicaba mucho, como aquellas palabras extrañas que había pronunciado frente a la tienda de libros. Entonces una idea se le ocurrio a la celeste, si iba a encontrar a su hermana, necesitaría su visión elevada pero antes iban a comunicarse… — GIGANTOOOOOOOOOOOOOOOON — le grito con todas las fuerzas de sus pulmones, necesitaba su atención en ella, luego se alejo cinco metros de él, lo suficiente para que pudieran verse sin una posición incomoda de sus cuellos — TU — lo señalo — YO — se señalo a ella misma — TU — volvió a señalarlo — YO — volvió a señalarse — TU — le dijo pero esta vez el señalamiento de su índice fue acompañado de un gesto que denotaba algo pequeño, luego se volteo y movió su trasero imitando la cola de su Unnie, y luego puso las manos como binoculares sobre sus ojos “Tu busca a la iguana”, era la frase que intentaba decirle… ¿la habría entendido?
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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