Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3
#16
Con las últimas palabras de Tom, Kibai se dispuso a vender cara su piel, nunca mejor dicho. Había visto disparar a aquel hombre anteriormente, y desde luego, era preciso, pero él también. El mink apretó los dientes, tratando de invocar de nuevo la celeridad extra del Electro mientras se preparaba para pelear.

Las palabras de Kibai parecieron por fin surtir efecto en el anciano, que miró hacia el cadáver de su hijo, quizás comprendiendo al fin que todo lo que había hecho mal en su vida había acabado por volverse contra él. Sin embargo, el dolor era demasiado grande, y el mink comprendió que nada haría razonar al viejo Tom en ese momento, más cuando uno de los bandidos, con más entusiasmo que sesera, lo atosigó una vez más.

—Amenazas vacías señor, aunque les fueran aviso, nunca llegarán a tiempo en medio de la nieve jajjaja llegaran con los deshielos, solo ahí encontraran el cadáver de este maldito mar…

El disparo de Tom resonó como un trueno en el bosque circundante. La bala, sin duda de algún tipo de munición especial, había atravesado el cráneo del hombre como si fuese de papel, haciendolo explotar como una fruta madura, esparciendo sangre, trozos de hueso y sesos por la nieve ya rosada por la sangre de Malkovich.

Un silencio pesado cayó sobre el lugar. El resto de los rufianes se miraban indecisos, incapaces de saber como reaccionar ante la muerte de uno de los suyos a manos del anciano. Este, con una calma inusitada, accionó el cerrojo del rigle, dejando caer el casquillo con un tintineo agudo.

—NO SABES NADA!!! NADIE SABE NADA… ESE NIÑO ES EL RECUERDO DE MI ESPOSA, LO EDUQUE, LE ENSEÑE A CAZAR A LUCHAR A SER UN LIDER, LO DI TODO POR EL!!! AHORA… AHORA NO VALE DE NADA TODO ESTO!!! Y TU GATO DE MIERDA MORIRAS AQUÍ Y AHORA!!!

Claramente el dolor había acabado por privar de la razón a Tom. Kibai, lamentándose en su interior, empuñó a Raimei con ambas manos, aguardando el disparo que le daría la ventaja. Aunque Tom le alcanzase, el mink confiaba en que su velocidad le permitiese acortar la distancia suficiente para acabar aquello de un corte preciso.

Sin embargo, de repente una enorme algarabía invadió el claro dónde se encontraban. Un fortísimo disparo estalló sobre el rifle de Tom, que se echó hacia atrás dejando caer el arma humeante e inutilizada, agarrándose el muñón dónde antes había estado su mano izquierda

— VAMOS ATAQUEN!!! DESTRUYAN A ESTOS IMBECILES!!! ADELANTE!!! MARINES!!!

La voz del Sargento Strongheimer invadió el claro, junto con la misma tropa que había acompañado a Kibai hasta el pueblo cercano. Con una coordinación bastante decente para tratarse de una tropa genérica, los marines se habían colocado alrededor del claro, emboscando eficientemente a la tropa de secuaces de Malkovich. Ni corto ni perezoso, Kibai sacó fuerzas de flaqueza y se lanzó contra el adversario más cercano, aquel que había empuñado las dos dagas y había aparecido en primer lugar en el claro. El hombre trató de levantar sus armas en un intento inútil de defensa, pero Raimei trazó un arco horizontal perfecto, cortando su cráneo a la altura del puente de la nariz. El cadáver cayó al suelo nevado, ofreciendo una casi quirúrgica visión transversal de su cerebro.

No obstante, antes de encarar al siguiente oponente, Kibai captó por el rabillo del ojo como el anciano se escapaba por el mismo sendero por dónde habían llegado al claro. Quizás con la desesperación de la huida, o la combinación del trauma de la muerte de su hijo y el shock de la repentina amputación que acababa de sufrir, el anciano quería alcanzar el único sitio que consideraba un refugio seguro, su casa.

— No llegará tan lejos... — pensó Kibai viendo el gran rastro de sangre que estaba dejando a su paso.

Deshaciendose de otro enemigo que había confundido su introspección con cansancio o aturdimiento, el mink se giró hacia Strongheim.

— Sargento, aseguren la zona. Yo me encargo de Tom!

Sin pararse a escuchar una respuesta, Kibai, a pesar del dolor de las quemaduras, salió corriendo en pos del anciano. No le fue demasiado dificil de seguir su ritmo. El mink era rápido, cada zancada de sus patas cubría tranquilamente un cincuenta por ciento más que la de cualquier humano, y aunque ya el sol del mediodía brillaba en todo su esplendor y hacía brillar la snagre que iba dejando Tom sobre la nieve como una gigantesca flecha indicando la dirección en la que este se movía, Kibai podría haberlo encontrado hasta con los ojos cerrados, dado el penetrante aroma de su sangre que flotaba en el aire.

Tras unos minutos de persecución, el mink llegó a la zona de la encrucijada por dónde habían pasado aquella mañana al salir de la casa del anciano. Tom, apoyado contra una roca, luchaba por mantenerse consciente a pesar de la pérdida de sangre, y miraba hacia Kibai con los ojos vidriosos por el dolor y lágrimas que se negaban a caer del todo.

—Maldición… solo quería darle todo lo que quería… actúe mal?... he? Desgraciado… me vengare… no hoy… pero si mañana… desgraciado montón de pelos…

Kibai refrenó su carrera, envainando a Raimei. Respirando pesadamente, recogió un buen puñado de nieve y agarrando el muñón del anciano, clavó la carne sangrente en la nieve, indifernete a los gruñidos de dolor del anciano. No era una solución total, pero al menos el frío haría que sangrase más despacio.

— Quizas ese fue el problema, Tom. Creíste que darle todo lo que quería era lo que debías hacer como padre. Y cuando tenermos a gente bajo nuestra responsabilidad, parte de nuesto deber consiste en saber decirles que no, en hacerles ver que están haciendo algo mal, y hacer que aprendan la lección una vez se hayan equivocado. No dudo que tuvieses buenas intenciones con tu hijo, pero es posible que esas buenas intenciones cegasen tu juicio con respecto a él.

Tras comprobar que el sangrado del muñón del anciano se había reducido, Kibai se incorporó de nuevo frente a él

— Tom Radagast, por la autoridad que me confiere la Marina, quedas arrestado por los delitos de asesinato, robo, conspiración y traición. Se te conducirá a un lugar adecuado para tratar tus heridas y serás puesto a disposición de la Justicia hasta que se determine qué pena debes de cumplir por tus actos. Como prometí en el claro, tendrás derecho a un juicio justo.

El mink vaciló levemente antes de mirar a los ojos al anciano y continuar.

— Y te garantizo que enterraré a tu hijo cerca de tu casa. Si alguna vez recobras tu libertad, podrás ir a visitar su tumba. Es una promesa.

Sacando su Den Den Mushi, Kibai marcó la frecuencia de la Marina con el número del sargento Strongheimer.

— Sargento Stronheimer, aquí Kibai. Tengo a Tom, me dirijo de vuelta a Bighorn para que alguien trate sus heridas. Necesito que alguien recoja el cadáver de Malkovich Radagast y lo lleven de vuelta al pueblo para que sea enterrado de la manera oportuna.

Ajeno a las protestas cada vez menos vehementes del anciano, Kibai se echó el brazo sano de Tom por encima del hombro y emprendió el camino de regreso a Bighorn. Aunque habían conseguido resolver el misterio de los asesinatos en los bosques, al mink le pesaba que toda aquella tragedia había sido iniciada, por desgracia, a causa de algo tan simple, tan puro, ya  la vez tan peligroso, como el amor de un padre hacia su hijo.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 845 + 0 = 845
Energia: 1309 + 15 = 1324
Espiritu: 724 + 0 = 724


Mensajes en este tema
RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - por Kibai - 11-05-2026, 10:44 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)