05-06-2026, 02:35 AM
Narrador / María Merlot
No podía ser tan difícil… ¿Verdad?
Con gestos se entenderían… ¿Verdad?
Con gestos se entenderían… ¿Verdad?
María tenia plena confianza en sus dotes de mímica, después de todo tenía la inútil habilidad de leer labios… ¿Por qué no podría hacerse a entender con alguien que no hablaba su idioma? Nunca había pensado, que más allá de los gritos, había otra forma de comunicarse con gigantones. Al parecer debía tener una conversación muy seria con su gigante Thrym, porque necesitaba aprender como entablar conversaciones con los de su raza, después de todo, sentía una gran conexión y respeto por aquellos colosales de enormes corazones, o eso pensaba por culpa del pelirrojo navegante de la tripulación pirata, que todos eran tan nobles como él.
La atención del gigante estaba en ella, la señalo y emitió una palabra.
YO
YO
La mestiza asintió, aunque él la estaba señalando a ella, pero no importaba entendía que el yo era yo y tu era él ¿no? Luego otra palabra, señalándose así mismo “Alex”. Repitió, María se emocionó, si la entendía — Si, si, si… Tu, que es Yo y Yo que soy Alex, pero realmente no soy Alex... soy yo porque tu eres tú, y yo soy yo, pero si tu es Alex, entonces si… supongo ¡SOY ALEX! — sonriendo se señalo así misma entendiendo todo al revés, luego lo señalo a él — Y TU ERES YO — definitivamente cambio todo pero quien podría juzgarla si su sonrisa deslumbraba mas que las flores en primavera — Yo y Alex — se señalo así misma cuando dijo “Alex” — Buscar… — hizo señas de nuevo imitando los binoculares — … mi hermana iguana — volvió a con los dedos hacer algo muy pequeño, luego movió la colita — … iguanita a mi — bromeo riendo con encanto de su propio mal chiste.
— Señorita… me parece que él esta diciendo que se llama Alex… y esta entendiendo que usted se llama “YO” — intervino el médico, quien veía con admiración a la hermosa joven pero no podía dejarla ir por el mundo con esa confusión.
— Oooooooooooh — musito formando una perfecta “O” con sus rosados labios mientras parpadeaba procesando la información. Eso tenía más sentido de que alguien se llamara “YO”. La sonrisa de la celeste volvió con una pizca de travesura, retornando la mirada al enorme hombre — ALEX — le grito, sin perder el encanto de su voz, al tiempo que lo señalaba con ambos dedos índices y le dedicaba una adorable sonrisa — MI REINA — ahora se señaló con ambos así misma al tiempo que le guiñaba uno de sus orbes ámbar y le sacaba la lengua juguetonamente. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no? Sería divertido escucharlo llamarla de esa manera — ALEX — repitió las señas — MI REINA — se volvió a señalar, y así repitió varias veces. Sino quedaba claro, entonces no era una barrera idiomática, se trataba de que el gigante no era muy listo.
Antes de poder continuar, una lluvia de histeria se hizo presente. Comenzó como un grito, luego otro y otro más. Y el caos se formó: INVASIÓN REPTILIANA. Aquello era sin duda alguna, y sin miedo a equivocarse, una revolución escamosa terrestre… significaba que ella no formaba parte… ¡QUE TRISTE! No, no era eso en lo que debía pensar sino en su hermana… ¿Ahora como la encontraría? — ¡ALEX! — llamo al gigante mientras caminaba hacia la hecatombe — MI UNNIE — le dijo con un matiz de preocupación metiéndose entre aquellos animales, esquivando personas.
Ignoro a las serpientes, y los demás reptiles, solo levantaba lagartijas — … muy rosada, muy gorda, sin cicatrices, muy bonita, esta tiene cara de tonta — iba diciendo mientras tomaba a un animal tras otro y lo iba descartando, sin tirarlos por supuesto, con mucho cuidado — ¡Unnie dame una señal! dime algo. ¿Si el cocinero te besa te cocinaría hasta ser otra vez en humana? ¿Te sirve el beso de un gigante? Ya bese una rana y no funciono, no puedo ser yo... — iba diciendo entre el caos, también estaba siendo empujada, las personas tenían miedo y no era para menos aquello parecía una invasión animal pero ella no se rendiría hasta encontrar a su hermana — ¿Unnie eres tu? — al fin encontró una iguana de medidas correctas, o eso creía ella, que había perdido la cola, seguramente alguien le hizo daño en la histeria colectiva — ¡Perdiste tu trasero! Mi pobre Unnie — se le llenaron los ojos de lagrimas mientras frotaba la cara de la iguianita contra su mejilla — ALEX MI UNNIE NO TIENE AHORA TRASERO Y ERA LO ÚNICO QUE TENIA PORQUE ES PLANA POR DELANTE. ¿POR QUÉ LE PASAN ESTAS COSAS? HAY QUE ENCONTRAR SU TRASERO Y QUE ALGODÓN DE AZUCAR SE LO COSA DE NUEVOOOOO — grito hacia dónde estuviera el gigante alzando al reptil frente a ella mientras dos lagrimones caían de cada orbe. María estaba totalmente ajena a la iguana verdadera, directora de aquella orquestas del caos. ¿El gigante si la habrá visto?
— Señorita… me parece que él esta diciendo que se llama Alex… y esta entendiendo que usted se llama “YO” — intervino el médico, quien veía con admiración a la hermosa joven pero no podía dejarla ir por el mundo con esa confusión.
— Oooooooooooh — musito formando una perfecta “O” con sus rosados labios mientras parpadeaba procesando la información. Eso tenía más sentido de que alguien se llamara “YO”. La sonrisa de la celeste volvió con una pizca de travesura, retornando la mirada al enorme hombre — ALEX — le grito, sin perder el encanto de su voz, al tiempo que lo señalaba con ambos dedos índices y le dedicaba una adorable sonrisa — MI REINA — ahora se señaló con ambos así misma al tiempo que le guiñaba uno de sus orbes ámbar y le sacaba la lengua juguetonamente. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no? Sería divertido escucharlo llamarla de esa manera — ALEX — repitió las señas — MI REINA — se volvió a señalar, y así repitió varias veces. Sino quedaba claro, entonces no era una barrera idiomática, se trataba de que el gigante no era muy listo.
Antes de poder continuar, una lluvia de histeria se hizo presente. Comenzó como un grito, luego otro y otro más. Y el caos se formó: INVASIÓN REPTILIANA. Aquello era sin duda alguna, y sin miedo a equivocarse, una revolución escamosa terrestre… significaba que ella no formaba parte… ¡QUE TRISTE! No, no era eso en lo que debía pensar sino en su hermana… ¿Ahora como la encontraría? — ¡ALEX! — llamo al gigante mientras caminaba hacia la hecatombe — MI UNNIE — le dijo con un matiz de preocupación metiéndose entre aquellos animales, esquivando personas.
Ignoro a las serpientes, y los demás reptiles, solo levantaba lagartijas — … muy rosada, muy gorda, sin cicatrices, muy bonita, esta tiene cara de tonta — iba diciendo mientras tomaba a un animal tras otro y lo iba descartando, sin tirarlos por supuesto, con mucho cuidado — ¡Unnie dame una señal! dime algo. ¿Si el cocinero te besa te cocinaría hasta ser otra vez en humana? ¿Te sirve el beso de un gigante? Ya bese una rana y no funciono, no puedo ser yo... — iba diciendo entre el caos, también estaba siendo empujada, las personas tenían miedo y no era para menos aquello parecía una invasión animal pero ella no se rendiría hasta encontrar a su hermana — ¿Unnie eres tu? — al fin encontró una iguana de medidas correctas, o eso creía ella, que había perdido la cola, seguramente alguien le hizo daño en la histeria colectiva — ¡Perdiste tu trasero! Mi pobre Unnie — se le llenaron los ojos de lagrimas mientras frotaba la cara de la iguianita contra su mejilla — ALEX MI UNNIE NO TIENE AHORA TRASERO Y ERA LO ÚNICO QUE TENIA PORQUE ES PLANA POR DELANTE. ¿POR QUÉ LE PASAN ESTAS COSAS? HAY QUE ENCONTRAR SU TRASERO Y QUE ALGODÓN DE AZUCAR SE LO COSA DE NUEVOOOOO — grito hacia dónde estuviera el gigante alzando al reptil frente a ella mientras dos lagrimones caían de cada orbe. María estaba totalmente ajena a la iguana verdadera, directora de aquella orquestas del caos. ¿El gigante si la habrá visto?
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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