Renacer [Entr.|Priv|P.R]
#9
Por un instante, Bai observó a Maki con extrema atención; era como si la birkiniana no pudiera soportar perderla de vista y, ante cada variación —ya fuera un leve gesto o una inflexión en la voz—, sus ojos de un azul vibrante se desplazaban con nerviosa rapidez del rostro a las manos y de estas a los labios, intentando descifrar incluso la más mínima señal corporal, como si en ello le fuera dado comprender lo que se decía.

Sin embargo, aquello no era cierto: de la nada, nada puede surgir. Y, aunque Bai lo sabía —sabía que no basta con mirar para comprender, ni mucho menos con atender para conocer—, permanecía allí, haciendo ostentación de esa voluntad que precede al conocimiento, esa forma obstinada que también llamamos insistencia o terquedad.

Esto mismo se podía observar en esa intensidad que había en sus ojos, que no era otra cosa que su cerebro funcionando tan rápido como ella misma se permitía en un intento por entender alguna cosa.

De repente, al cabo de varios segundos, habiendo ya su cerebro revisado por quinta ves lo que Maki estaba diciendo, sus ojos se abrieron apenas más de lo habitual. No porque hubiera entendido algo, sino porque, por algún motivo que desconocía —o quizás fuera porque entre sus ancestros se encontraba un mink canino—, la palabra «ven» la dispuso enteramente a permanecer a su lado y dejar de hacer lo que estaba haciendo.

Entonces, llegó lo mejor.

Su pequeño engranaje volvió a activarse y, comparando los gestos ajenos con sus experiencias previas, logró captar parte de la idea general; creía haber reconocido el ademán de inmediato. Era un aderezo terriblemente parecido al de los combatientes más bárbaros y salvajes de su estirpe: un alarde de pura fuerza física que invitaba deliberadamente al contrario a golpear, mientras ellos se defendían valiéndose únicamente de sus guanteletes y su propia musculatura.

Sin embargo, para terminar de confirmar si aquello era lo que la otra quería, Bai tuvo que sopesar las diferencias culturales como parte del proceso lógico que solía llevar.

Y es que, por un lado, sabía por experiencia que fuera de su tierra —e incluso en ciertas zonas de ella—, cuando la gente deseaba expresar una negativa, negaban con la cabeza en vez de utilizar las manos. Por el otro que, al menos en un sitio del mundo, cruzar los brazos frente a uno mismo tenía otro significado.

—Entonces... —murmuró.

Si la otra estuviera rechazando el combate, movería el cráneo pero, al no hacerlo y mover los brazos, debía tener el otro significado. Y, como solo conocía un significado más... Sí, sin duda debía tratarse de  una provocación.

—... ¿Quieres que te golpeé?

Tras sus pregunta, y valiéndose únicamente de la destreza de su mano diestra, Bai hizo pivotar la espada sobre su propio eje, describiendo un arco impecable en el aire que apenas sibiló. Después, reposicionó la hoja con presteza y aferró la mano izquierda al final de la empuñadura, afianzando el agarre. Acto seguido, flexionó las piernas en una marcada sentadilla; un esfuerzo deliberado por comprimir su enorme fisonomía y acortar la insalvable distancia que la separaba —aunque fuera mínimamente— de la estatura de Maki.

—Pues vamos — anunció.

Y, de un solo impulso, embistió contra la muchacha que corría hacia ella, desviando la trayectoria de la estocada hacia el centro de la equis en lugar del habitual ataque hacia las costillas. Sin embargo, al ser este golpe una ligera variante de su técnica, en vez de clavar la hoja buscando desgarrar al oponente, se limitó a encontrar la natural abertura que uno deja al superponer dos objetos —siendo estos últimos sus brazos— y  en lugar de forzar el acero a hundirse en la carne, acompañó el movimiento con un leve giro de la muñeca e hizo palanca para separar ambos brazos y quebrar la defensa de la otra.

Después, por simple inercia del movimiento, Bai derrapó sobre la gravilla levantando una diminuta nube de polvo. Mas su acción no quedó ahí pues, en lugar de oponerse a la fuerza del frenado, Bai la decidió canalizarla haciéndo que sus gemelos, comprimidos al límite, liberasen toda su potencia en una descarga explosiva contra el suelo.

Del impacto, y aprovechando las alas, se catapultó en diagonal hasta que al llegar máximoapogeo del salto, suspendida en medio de una  efímera ingrabidez, Bai ejecutó el golpe que Maki le estaba enseñando; su hombro, su espalda y su brazo se extendieron al unísono, luego, su espada zumbó y, al final golpeó tal y cómo le había enseñado.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2918 + 0 = 2918
Energia: 2884 - 332 = 2552
Espiritu: 850 + 0 = 850


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Renacer [Entr.|Priv|P.R] - por Bai Mudan - 24-04-2026, 07:45 PM
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