02-07-2026, 02:14 AM
Otro día de exploración, otro día de no aburrirse con el ir y venir de la gente. Miraba los pescadores charlar, salir y zarpar, otros llegar con cajones de mercadería y luego irse directo al bar para almorzar.
La brisa era suave, el sol daba de lleno. Hacía calor pero no era sofocante. Estaba más que agradable, le gustaba este clima. Un puerto con bastante gente, donde el olor a sal se hacía presente con cada ola que llegaba y chocaba a unos cuantos metros de la costa para luego acariciar la madera del puerto. Muchas de esas maderas estaban algo viejas pero se mantenían firmes para que todo siga en pie, como si fuesen capitanes de su propio barco.
Si, se podría decir que este lado del pueblo Baquella le resultaba ciertamente hermoso a Devon, quién veía a la gente pasar desde su silla. Sentada con las piernas estiradas, sólo observando cómo iban y venían mientras se relajaba tomando un poco de sol. Entonces como si la misma luz le hubiese dado un gramo de conciencia, recordó que tenía que seguir estudiando los libros que había comprado, aunque por suerte ya estaba cerca de terminar.
La lectura en una mano y su moneda del otro, jugando con esta entre sus dedos sin que le importe ser vista. Pensaba mientras leía, sacaba teorías y conclusiones y no requería la opinión de nadie acerca de estos pensamientos. Estaba sola, a gusto, recordando otras historias similares. Y entre sus memorias, se acordó de Bai, aquella mujer de la cuál habían tenido una gran cena. Le enseñó algunas palabras pero no mucho más. Ser erudito era complejo pero le gustaba. Saber más le gustaba más que apostar y más que tomar cerveza.
Pero de entre todas esas memorias, se desconcentró haciendo que agarre su moneda hasta guardarla mientras suspiraba y miraba al cielo. Estaba esa otra mujer, Vex. ¿Cómo no recordarla? Su hermoso cabello negro con mechones blancos, esa dulce voz, esa forma de estar siempre jugando al tira y afloje. Una sonrisa se le escapó. Ya no se podía concentrar. Sacó su cuaderno, una libreta algo vieja que usaba para anotar y dejar sus conclusiones con cada historia y luego sacó tinta y una pluma. Comenzó a escribir, volviendo su vista al libro cada tanto, intentando recordar y re-pensar algunas líneas.
Cuánto más escribía, más bebía de su cerveza y sólo levantaba la cabeza cada tanto para ver si veía a la mesera. Al encontrarlo luego de un tiempo, le pidió otra cerveza más y un poco de pan, queso y algún jamón o algo para poder picar, aparte de maní pelado. No comía mucho cuando se disponía a escribir, sólo picaba lo que encontraba o lo que podía pagar.
Su pluma iba y venía en tiempo calculado desde su cuaderno al tintero. La caligrafía era prolija, digna de alguien que alguna vez había vivido demasiado bien para ser verdad pero ahora mismo, parecía más una pirata que otra cosa. Y hablando de pirata, nunca había terminado de elegir dicho bando, no porque no quisiera, sino porque no podía traicionar a sus ancestros, o eso sentía.
Sus padres habían muerto por culpa de los revolucionarios, eso lo sabía pero no le daba la piel para convertirse en una persona que rompía con toda regla como los piratas. Sólo hacía eso cuando se cruzaba con uno del grupo “R”. A ellos si, los acribillaba sin remordimiento. Tras unas cuantas líneas, se quedó pensando cómo continuar, tratando de encontrar las palabras mientras miraba el libro, re-leyendo, estudiando, pensando. Todo parecía correcto pero sentía que algo faltaba. No sabía el qué, sólo estaba quita, siguiendo las letras, continuando con una historia vieja que no parecía haber sido contada muchas veces.
La brisa era suave, el sol daba de lleno. Hacía calor pero no era sofocante. Estaba más que agradable, le gustaba este clima. Un puerto con bastante gente, donde el olor a sal se hacía presente con cada ola que llegaba y chocaba a unos cuantos metros de la costa para luego acariciar la madera del puerto. Muchas de esas maderas estaban algo viejas pero se mantenían firmes para que todo siga en pie, como si fuesen capitanes de su propio barco.
Si, se podría decir que este lado del pueblo Baquella le resultaba ciertamente hermoso a Devon, quién veía a la gente pasar desde su silla. Sentada con las piernas estiradas, sólo observando cómo iban y venían mientras se relajaba tomando un poco de sol. Entonces como si la misma luz le hubiese dado un gramo de conciencia, recordó que tenía que seguir estudiando los libros que había comprado, aunque por suerte ya estaba cerca de terminar.
La lectura en una mano y su moneda del otro, jugando con esta entre sus dedos sin que le importe ser vista. Pensaba mientras leía, sacaba teorías y conclusiones y no requería la opinión de nadie acerca de estos pensamientos. Estaba sola, a gusto, recordando otras historias similares. Y entre sus memorias, se acordó de Bai, aquella mujer de la cuál habían tenido una gran cena. Le enseñó algunas palabras pero no mucho más. Ser erudito era complejo pero le gustaba. Saber más le gustaba más que apostar y más que tomar cerveza.
Pero de entre todas esas memorias, se desconcentró haciendo que agarre su moneda hasta guardarla mientras suspiraba y miraba al cielo. Estaba esa otra mujer, Vex. ¿Cómo no recordarla? Su hermoso cabello negro con mechones blancos, esa dulce voz, esa forma de estar siempre jugando al tira y afloje. Una sonrisa se le escapó. Ya no se podía concentrar. Sacó su cuaderno, una libreta algo vieja que usaba para anotar y dejar sus conclusiones con cada historia y luego sacó tinta y una pluma. Comenzó a escribir, volviendo su vista al libro cada tanto, intentando recordar y re-pensar algunas líneas.
Cuánto más escribía, más bebía de su cerveza y sólo levantaba la cabeza cada tanto para ver si veía a la mesera. Al encontrarlo luego de un tiempo, le pidió otra cerveza más y un poco de pan, queso y algún jamón o algo para poder picar, aparte de maní pelado. No comía mucho cuando se disponía a escribir, sólo picaba lo que encontraba o lo que podía pagar.
Su pluma iba y venía en tiempo calculado desde su cuaderno al tintero. La caligrafía era prolija, digna de alguien que alguna vez había vivido demasiado bien para ser verdad pero ahora mismo, parecía más una pirata que otra cosa. Y hablando de pirata, nunca había terminado de elegir dicho bando, no porque no quisiera, sino porque no podía traicionar a sus ancestros, o eso sentía.
Sus padres habían muerto por culpa de los revolucionarios, eso lo sabía pero no le daba la piel para convertirse en una persona que rompía con toda regla como los piratas. Sólo hacía eso cuando se cruzaba con uno del grupo “R”. A ellos si, los acribillaba sin remordimiento. Tras unas cuantas líneas, se quedó pensando cómo continuar, tratando de encontrar las palabras mientras miraba el libro, re-leyendo, estudiando, pensando. Todo parecía correcto pero sentía que algo faltaba. No sabía el qué, sólo estaba quita, siguiendo las letras, continuando con una historia vieja que no parecía haber sido contada muchas veces.
