La cortesía entre viajeros [Pasado Social - Bai]
#1
[personajeinvalido=3761]

Lugar: Bosques de Bighorn, Isla de Drum
Fecha: 25 de invierno, año 17
Hora: 9:00 PM




Pocas cosas había más severas que un invierno en una isla de invierno. Y aún peor, en una isla azotada por ventiscas huracanadas como lo era Drum. Un clima tan extremo había impedido la creación de grandes ciudades, con excepción de la capital de Sakura, la cual se beneficiaba ligeramente de estar construida al borde de la costa, lo que suavizaba, aunque no demasiado, las heladas y tormentas de nieve. No obstante, una vez que uno se adentraba al interior de la isla, los reductos habitados quedaban reducidos a pequeños pueblos, habitados básicamente por cazadores y leñadores, los cuales haciendo gala de un estoicismo más que notable, habían logrado ganarle el pulso a los elementos y establecido sus residencias en el interior de la isla.

Aunque los lugares cálidos eran por mucho su preferencia, Kibai tenía que admitir que un lugar de naturaleza tan inhóspita no dejaba de tener su encanto. Tras haber derrotado hacía unas semanas a los miembros de la banda de Malkovich "El Dragón" Radagast, el mink había procurado siempre que le era posible encaminar sus pasos hacia el pequeño pueblo de Bighorn, tanto para comprobar que sus gentes ya volvían a salir al bosque sin peligro como para asegurarse que ningún rezagado de aquellos malnacidos que cazaban a la gente por sus pieles hubiese eludido la captura por parte de las tropas del sargento Strongheimer.

Tras hacer acopio de provisiones en el pueblo, en el cual fue recibido con gratas sonrisas por sus habitantes, Kibai había iniciado su marcha hacia el bosque. La idea era recorrer los bosques circundantes al pueblo, para después tomar el camino del norte y pasar la noche en una caverna que habian descubierto sus insectos en una ocasión, una gruta natural que le serviría como refugio para pasar la noche.

A medida que caminaba por los caminos que habían abierto los propios leñadores, Kibai se mantenía al acecho, pues aunque llevaba las suficientes provisiones consigo para un par de noches, de ser preferible optaría siempre por comer carne, pescado o vegetales frescos, reservando así sus provisiones más duraderas para que, en caso de una tormenta que bloquease su ruta de regreso y tener que dar un rodeo, no quedarse nunca sin alimentos.

No tardó en llegar a una zona de abedules, de dónde, mediante un firme tajo de Raimei, pudo extraer un un pequeño frasco de savia, que a buen seguro sería un condimento excelente para sus platos. Asimismo, se hizo con un manojo de caléndula y otro de diente de león, lo cual sería ideal para complimentar la harina que traía del pueblo. Ante la total falta de aceites vegetales, Kibai cargaba también en su morral con un tarro de grasa de cola de oveja, un sorprendente producto que los lugareños obtenían de su ganado y que el mink había aprendido a apreciar por su curioso pero rico sabor.

Una vez se hubo distanciado de las zonas de tala y los senderos de caza más recorridos, la nieve comenzó a acumulársele por encima de los tobillos, momento en el cual el mink decidió que ya era hora de abandonar el suelo. Con un potente salto, se encaramó a una rama del árbol más cercano, prosiguiendo su camino saltando de uno a otro. Aquella forma de desplazarse, aunque le exigía mucha más energía que el simple caminar, le permitía no solo no dejar un rastro que se pudiese seguir, sino también permanecer en un punto desde el cual abalanzarse sobre cualquier presa o enemigo que se encontrase bajo sus pies, los cuales al tener que batallar con la nieve verían sin duda su movilidad reducida.

Para aumentar su nivel de visión, el mink extendió sus palmas hacia el cielo, emitiendo un enjambre de avispas que se desplegar diecinueve metros a la redonda de Kibai, manteniendo un campo visual oportuno para poder detectar cualquier criatura o persona que anduviese cerca. Por suerte, el flanco derecho de las avisoas no tardó en localizar a un reno, que de acuerdo con la información transmitida a Kibai, estaba comiendose las bayas de un enebro cercano. Relamiéndose incosncientemente a la vez que dejaba salir las garras de sus manos y pies, el mink se colocó de cara al viento, y se dirigió hacia la posición marcada.

El reno era un ejemplar adulto excelente, tanto que casi apenó al mink leopardo acabar con su vida. Tratando de ser lo más limpio posible, Kibai se abalanzó contra el animal de un potente salto, seccionando su columna con un preciso corte de espada. a continuación, extrayendo un cuchillo de su morral, se apresuró a abrir la zona lumbar, recolectando varios pedazos de solomillo, así como la sección colgante de su cuello. Apenas estaba terminando cuando varios aullidos llegaron en su dirección. A bien seguro la sangre derramada había llamado la anteción de los depredadores locales. Sin deseos de provocar una matanza, Kibai envolvió los trozos de carne en una tela, los guardó en el morral y se dirigió hacia el lugar dónde planeaba pasar la noche.

La caverna estaba horadada en la pared de uno de los Drum Rookies, a unos cuatro o cinco metros del suelo, lo que impedía que la mayoría de bestias pudiesen acceder, pero lo increíble que había hecho a Kibai hacer de aquel lugar uno de sus puntos de referencia en las expediciones era que poseía un manantial de agua termal, una fuente natural rodeada de piedras cubiertas de limo a unos pocos metros de la entrada. Aquello convertía la caverna en un lugar calido y acogedor, ideal para pernoctar sin temor a asaltos nocturnos o al frío mortal de la isla.

Tras acceder al interior haciendo un breve ejercicio de escalada, Kibai cruzó al otro lado de la caverna, donde comenzó a apilar leña que había ido recogiendo en su camino hacia allí. Valiendose de un pedernal y la hoja de Raimei, no tardó en tener un alegre fuego a sus pies. El mink se sacó la capa de marine, dejandola colgada de un saliente rocoso para que se secase, y se sentó con la espalda contra la pared, observando con curiosidad los grabados en piedra que había tallados enlas rocas del manantial. Nunca había sabido averiguar qué significaban, pero sin duda eran curiosos, un conjunto de formas circulares, huellas de manos y dibujos de personas y animales dispuestos aparentemente sin demasiado orden lógico.

Observando como el sol se ocultaba en el horizonte, Kibai mandó a sus avispas a colocarse por fuera de la caverna, camuflandose contra la piedra, antes de mojarse las manos y la cara con el agua candente y humenate del manantial, y disponerse a prepararse la cena.

Imagen de la cueva

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
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La cortesía entre viajeros [Pasado Social - Bai] - por Kibai - 08-07-2026, 11:36 PM

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