19-07-2026, 02:43 PM
De repente, lo que a priori se había planteado como un simple entrenamiento mutó en un escenario completamente hostil. Lo supo en el preciso instante en que la piel de la muchacha adquirió un cariz verdusco y húmedo mientras se abalanzaba sobre ella. Y, a decir verdad, por mucho que hubiera deseado reaccionar, Bai fue incapaz de articular una respuesta inmediata. Ya no solo era que sus reflejos, infinitamente inferiores, se lo impidieran físicamente sino que además, su vista, había quedado absurdamente fascinada y horrorizada por la velocidad con la que aquellas escamas reptilianas brotaban y colonizaban la carne de su oponente.
Por un segundo, su respiración se colapsó por completo. De sus labios entreabiertos escapó un sutil hilo de espesa saliva que pronto el viento de la embestida desintegraría en decenas de partículas invisibles. A este fallo orgánico se le sumó un tropiezo involuntario, obligándola a encadenar varios pasos torpes hacia atrás para restablecer su centro de gravedad, y la fatídica sensación de que la garganta se le cerraba.
Su sistema nervioso había quedado severamente afectado, vibrando por el shock e impidiéndole a su raciocinio imponerse sobre los primitivos gritos de advertencia de su propio cuerpo. El abdomen le palpitaba. Sin embargo, encontrándose gobernada por el más puro instinto de supervivencia, la birkiniana afianzó ambas manos a la empuñadura de su arma. De esta forma, tan pronto como el retroceso de su propio peso cesó, encajó la espada a la altura de la cadera, con el filo apuntando directamente a la yugular de Maki y retrasando el pie izquierdo para consolidar su postura de media guardia.
La piel estaba enrojecida con la marca del boken grabada, así que antes de hacer nada, tratando de apagar el dolor, se inclinó ligeramente hacia adelante. Después, sin articular palabra, Bai batió sus pequeñas alas con violencia para devorar el espacio que las separaba. Y, a continuación, proyectando todo su cuerpo hacia el frente, trazó un arco descendente que rasgó el aire con un siseo mientras buscaba el torso de la contraria.
Una ve, hecho esto, sin concederle la más mínima tregua, reajustó la posición de sus muñecas y lanzó una estocada rectilínea con el objetivo de sepultar la hoja en el hombro de la iguana. De esta forma, en cuanto sintió el acero morder y desgarrar la carne, ejecutó un violento aleteo, utilizando el impulso neumático necesario para enterrar el filo hasta el hueso. Entonces, inclinando la cabeza para sostenerle la mirada, se le escuchó decir: —Peróname, Maki...
A lo que acto seguido, estampó la suela de su bota contra el abdomen de la joven, descargando un golpe en el estómago a fin de proyectarla lejos de su arma.
Por un segundo, su respiración se colapsó por completo. De sus labios entreabiertos escapó un sutil hilo de espesa saliva que pronto el viento de la embestida desintegraría en decenas de partículas invisibles. A este fallo orgánico se le sumó un tropiezo involuntario, obligándola a encadenar varios pasos torpes hacia atrás para restablecer su centro de gravedad, y la fatídica sensación de que la garganta se le cerraba.
Su sistema nervioso había quedado severamente afectado, vibrando por el shock e impidiéndole a su raciocinio imponerse sobre los primitivos gritos de advertencia de su propio cuerpo. El abdomen le palpitaba. Sin embargo, encontrándose gobernada por el más puro instinto de supervivencia, la birkiniana afianzó ambas manos a la empuñadura de su arma. De esta forma, tan pronto como el retroceso de su propio peso cesó, encajó la espada a la altura de la cadera, con el filo apuntando directamente a la yugular de Maki y retrasando el pie izquierdo para consolidar su postura de media guardia.
La piel estaba enrojecida con la marca del boken grabada, así que antes de hacer nada, tratando de apagar el dolor, se inclinó ligeramente hacia adelante. Después, sin articular palabra, Bai batió sus pequeñas alas con violencia para devorar el espacio que las separaba. Y, a continuación, proyectando todo su cuerpo hacia el frente, trazó un arco descendente que rasgó el aire con un siseo mientras buscaba el torso de la contraria.
Una ve, hecho esto, sin concederle la más mínima tregua, reajustó la posición de sus muñecas y lanzó una estocada rectilínea con el objetivo de sepultar la hoja en el hombro de la iguana. De esta forma, en cuanto sintió el acero morder y desgarrar la carne, ejecutó un violento aleteo, utilizando el impulso neumático necesario para enterrar el filo hasta el hueso. Entonces, inclinando la cabeza para sostenerle la mirada, se le escuchó decir: —Peróname, Maki...
A lo que acto seguido, estampó la suela de su bota contra el abdomen de la joven, descargando un golpe en el estómago a fin de proyectarla lejos de su arma.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
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