23-07-2026, 01:56 AM
El incesante ir y venir de los pescadores mantenía el puerto de Baquella sumido en una actividad constante. Redes que se extendían sobre los muelles para ser reparadas, cajas de madera repletas de pescado recién capturado y pequeñas embarcaciones entrando y saliendo del embarcadero componían una escena que, a simple vista, parecía la de cualquier otro pueblo costero del South Blue. Sin embargo, bastaba observar los rostros de quienes allí trabajaban para comprender que la calma era tan solo una fachada. Había tensión en cada mirada, como si todos esperasen que algo ocurriera en cualquier momento.
La llegada del gigantesco marine tampoco pasó desapercibida. Muchos de los presentes se quedaron inmóviles al verlo recorrer el puerto, incapaces de evitar comparar su imponente silueta con la del hombre que llevaba días atormentándolos. Algunos cuchicheaban entre ellos mientras otros preferían mantener las distancias, limitándose a seguir cada uno de sus movimientos con evidente cautela.
La incertidumbre terminó de golpe.
Un joven pescador, situado al final del muelle, dejó caer la cesta que llevaba entre las manos y comenzó a señalar desesperadamente hacia la costa occidental de la isla. Sus gritos hicieron que el resto de vecinos levantaran la vista casi al mismo tiempo y, en cuestión de segundos, buena parte del puerto se encontraba mirando en la misma dirección. Algunos comenzaron a recoger apresuradamente sus pertenencias, otros tiraban de familiares para alejarlos del embarcadero y no faltaron quienes señalaban insistentemente hacia el horizonte mientras trataban de llamar la atención del marine con grandes aspavientos. Sus palabras se perdían entre el bullicio del momento, incomprensibles para Alex, pero el miedo reflejado en sus rostros resultaba un lenguaje mucho más universal.
Siguiendo la dirección de todos aquellos brazos alzados, la causa de semejante revuelo no tardó en hacerse visible.
A cierta distancia del puerto, sobre una pequeña playa de arena dorada parcialmente oculta por un grupo de palmeras, descansaba una embarcación de aspecto tosco y descuidado. Su casco mostraba incontables remiendos, las velas oscuras colgaban desgastadas por el paso del tiempo y varios barriles descansaban ya sobre la orilla, como si hubieran sido descargados hacía escasos minutos. No enarbolaba ningún estandarte conocido, pero cualquiera con un mínimo de experiencia reconocería el aspecto de un barco acostumbrado a vivir al margen de la ley.
Fue entonces cuando una enorme figura emergió del barco.
El Wotan caminaba sin prisa, apartando las palmeras a su paso como si no fueran más que simples arbustos. Sus doce metros de altura hacían imposible confundirlo con cualquier otra persona, mientras que su piel de un intenso tono verde turquesa destacaba incluso desde aquella distancia. Sobre uno de sus hombros descansaba una gigantesca ancla modificada, utilizada como si fuese una simple maza, y tras él avanzaban una decena de hombres cargando sacos y cajas con absoluta tranquilidad.
Baldur Puertas no mostraba el menor interés por ocultarse. Todo lo contrario. Reía con estruendo mientras descendía desde la playa hacia el puerto, convencido de que aquella sería una visita más, otro día en el que los habitantes del pueblo agacharían la cabeza y entregarían parte del fruto de su trabajo sin oponer resistencia.
El puerto entero contuvo la respiración al verlo aproximarse.
La cacería acababa de comenzar.
La llegada del gigantesco marine tampoco pasó desapercibida. Muchos de los presentes se quedaron inmóviles al verlo recorrer el puerto, incapaces de evitar comparar su imponente silueta con la del hombre que llevaba días atormentándolos. Algunos cuchicheaban entre ellos mientras otros preferían mantener las distancias, limitándose a seguir cada uno de sus movimientos con evidente cautela.
La incertidumbre terminó de golpe.
Un joven pescador, situado al final del muelle, dejó caer la cesta que llevaba entre las manos y comenzó a señalar desesperadamente hacia la costa occidental de la isla. Sus gritos hicieron que el resto de vecinos levantaran la vista casi al mismo tiempo y, en cuestión de segundos, buena parte del puerto se encontraba mirando en la misma dirección. Algunos comenzaron a recoger apresuradamente sus pertenencias, otros tiraban de familiares para alejarlos del embarcadero y no faltaron quienes señalaban insistentemente hacia el horizonte mientras trataban de llamar la atención del marine con grandes aspavientos. Sus palabras se perdían entre el bullicio del momento, incomprensibles para Alex, pero el miedo reflejado en sus rostros resultaba un lenguaje mucho más universal.
Siguiendo la dirección de todos aquellos brazos alzados, la causa de semejante revuelo no tardó en hacerse visible.
A cierta distancia del puerto, sobre una pequeña playa de arena dorada parcialmente oculta por un grupo de palmeras, descansaba una embarcación de aspecto tosco y descuidado. Su casco mostraba incontables remiendos, las velas oscuras colgaban desgastadas por el paso del tiempo y varios barriles descansaban ya sobre la orilla, como si hubieran sido descargados hacía escasos minutos. No enarbolaba ningún estandarte conocido, pero cualquiera con un mínimo de experiencia reconocería el aspecto de un barco acostumbrado a vivir al margen de la ley.
Fue entonces cuando una enorme figura emergió del barco.
El Wotan caminaba sin prisa, apartando las palmeras a su paso como si no fueran más que simples arbustos. Sus doce metros de altura hacían imposible confundirlo con cualquier otra persona, mientras que su piel de un intenso tono verde turquesa destacaba incluso desde aquella distancia. Sobre uno de sus hombros descansaba una gigantesca ancla modificada, utilizada como si fuese una simple maza, y tras él avanzaban una decena de hombres cargando sacos y cajas con absoluta tranquilidad.
Baldur Puertas no mostraba el menor interés por ocultarse. Todo lo contrario. Reía con estruendo mientras descendía desde la playa hacia el puerto, convencido de que aquella sería una visita más, otro día en el que los habitantes del pueblo agacharían la cabeza y entregarían parte del fruto de su trabajo sin oponer resistencia.
El puerto entero contuvo la respiración al verlo aproximarse.
La cacería acababa de comenzar.
INFO
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)

![[Imagen: YZt2UI7.jpeg]](https://i.imgur.com/YZt2UI7.jpeg)