25-07-2026, 05:34 AM
⌈ Día 28 en Primavera del año 17
Mañana
con Don Bambú ⌋
El día soleado alumbra el escenario diurno de Mógaro. Hoy, la dama de cabellera rubia y mirada decidida se despertó temprano y sin olvidarse de su cuidado facial; el aplicado de cremas y los masajes diarios, se tomó el atrevimiento de hoy, hacer algo diferente y que sería el inicio de la nueva Shirohime. Por encima de los párpados de sus dos ojos decidió usar un sombreado claro, al más clásico estilo de una dama proveniente de Wano, el sombreado: De color celeste muy claro, casi blanco, era un recordatorio sutil de que ahora su compañero, Dean, era parte de sus ojos. Lo que significó para ella algo como la ahora ausencia de su compañero se convirtió en un recordatorio constante de que debería luchar y avanzar para cambiar el destino del mundo en pos de la gente en favor en su contra, tal y como seguramente, ese hombre haría. Lo que antes fue una ausencia, se convirtió en una compañía constante que a partir de hoy mostraría a sus compañeros: el hombre de la ceniza, Kisuke, el mink de gran fuerza, Don Bambú, la dama de rasgos vulpinos y pelaje negro, Berry, y el gigante de personalidad tan curiosa, Kelvin. Todos ellos ahora eran un equipo y Shirohime, debería evolucionar si deseaba ser parte de cada uno de ellos.
Por eso deseaba fortalecerse y sacar a relucir su verdadero potencial: Y para eso pensó en la figura de un zorro blanco. Algo que para ella representa el misterio y el punto máximo de la magia, la jerarquía, y era exactamente a lo que ella deseaba apuntar ahora: Quería ser sabia y fuerte. Convertirse en la dama de sus fantasías y dejar atrás cuentos acerca de sus proezas que un día bardos cantarán. Pero nada llegaría por sí solo: Todo conllevaba tiempo y esfuerzo, y para ello no podría hacerlo sin la ayuda de sus apreciados aliados. Hoy, el afortunado o desafortunado, era Don Bambú, ya que no estaba satisfecha con el nivel que aún tenía y por eso le pidió volver a entrenar: Para volver a pulir sus habilidades y algún día estar a la par con ellos.
Fue el día de ayer, justo antes de ir a dormir, pero sin embargo... la petición que le hizo distaba un poco de una convencional, ya que incluso sin tener el nivel suficiente, lejos aún de ser lo suficientemente capaz: Le pidió que le ayude a desarrollar un estilo de combate único. Quería algo que la diferencie de los demás, algo distintivo y clave que haga pensar en todos, que haga resonar en las calles y callejones que, Shirohime, la princesa del mundo de blanco, había abordado, pero no iba a ser sencillo ni mucho menos. Sería complicado. Aún estaba gateando pero quería comenzar a correr: Deseaba ponerse al nivel lo más pronto posible. Ansiaba, quería con todas sus fuerzas y esperanzas ser útil para el equipo y que ambos no estén cuidando los días y las noches de que algo malo no le suceda: Quería ser fuerte.
Hoy, en aquel campo abierto. Sobre el suelo y sin ningún elemento que valga la pena mencionar según ella es que esperaba de pie, a las nueve y cuarenta y cuatro minutos de la mañana la llegada de su maestro el día de hoy. No importaba realmente cuanto tardase ya que nunca le especificó un horario más allá de que iba a ser uno de los lugares que utilizaron con anterioridad para los entrenamientos que como Toros Negros comenzaron. Ella, vestida con un conjunto enteramente negro y esta vez, sin su compañera reptil que como siempre dejaba en las habitaciones para que no se viese afectada por los movimientos de la batalla: En su mano diestra no tenía nada pero en la zurda estaba su arma cargada con nada más y nada menos que municiones normales. Hoy quería luchar. Deseaba superar sus límites tal y como Kisuke, aquel hombre de gran fuerza, siempre deseó desde el primer momento para ellos: Aquel guerrero que no buscaba más que su bienestar era un muro que deseaba alcanzar y escalar, al igual que el gran mariscal. Ambos eran fuertes e imponentes. Ambos eran un modelo a seguir para ella.
Inhaló... tomó aire y exhaló. Cerró sus ojos y visualizó. Con fuerza cerró su puño diestro y ante ella estaba la imagen del hombre que aún permanecía a su lado. Dean.
Aquel hombre que deseaba le ofrezca su voluntad para luchar. El compañero que ahora no se encuentra a su lado.
Mañana
con Don Bambú ⌋
El día soleado alumbra el escenario diurno de Mógaro. Hoy, la dama de cabellera rubia y mirada decidida se despertó temprano y sin olvidarse de su cuidado facial; el aplicado de cremas y los masajes diarios, se tomó el atrevimiento de hoy, hacer algo diferente y que sería el inicio de la nueva Shirohime. Por encima de los párpados de sus dos ojos decidió usar un sombreado claro, al más clásico estilo de una dama proveniente de Wano, el sombreado: De color celeste muy claro, casi blanco, era un recordatorio sutil de que ahora su compañero, Dean, era parte de sus ojos. Lo que significó para ella algo como la ahora ausencia de su compañero se convirtió en un recordatorio constante de que debería luchar y avanzar para cambiar el destino del mundo en pos de la gente en favor en su contra, tal y como seguramente, ese hombre haría. Lo que antes fue una ausencia, se convirtió en una compañía constante que a partir de hoy mostraría a sus compañeros: el hombre de la ceniza, Kisuke, el mink de gran fuerza, Don Bambú, la dama de rasgos vulpinos y pelaje negro, Berry, y el gigante de personalidad tan curiosa, Kelvin. Todos ellos ahora eran un equipo y Shirohime, debería evolucionar si deseaba ser parte de cada uno de ellos.
Por eso deseaba fortalecerse y sacar a relucir su verdadero potencial: Y para eso pensó en la figura de un zorro blanco. Algo que para ella representa el misterio y el punto máximo de la magia, la jerarquía, y era exactamente a lo que ella deseaba apuntar ahora: Quería ser sabia y fuerte. Convertirse en la dama de sus fantasías y dejar atrás cuentos acerca de sus proezas que un día bardos cantarán. Pero nada llegaría por sí solo: Todo conllevaba tiempo y esfuerzo, y para ello no podría hacerlo sin la ayuda de sus apreciados aliados. Hoy, el afortunado o desafortunado, era Don Bambú, ya que no estaba satisfecha con el nivel que aún tenía y por eso le pidió volver a entrenar: Para volver a pulir sus habilidades y algún día estar a la par con ellos.
Fue el día de ayer, justo antes de ir a dormir, pero sin embargo... la petición que le hizo distaba un poco de una convencional, ya que incluso sin tener el nivel suficiente, lejos aún de ser lo suficientemente capaz: Le pidió que le ayude a desarrollar un estilo de combate único. Quería algo que la diferencie de los demás, algo distintivo y clave que haga pensar en todos, que haga resonar en las calles y callejones que, Shirohime, la princesa del mundo de blanco, había abordado, pero no iba a ser sencillo ni mucho menos. Sería complicado. Aún estaba gateando pero quería comenzar a correr: Deseaba ponerse al nivel lo más pronto posible. Ansiaba, quería con todas sus fuerzas y esperanzas ser útil para el equipo y que ambos no estén cuidando los días y las noches de que algo malo no le suceda: Quería ser fuerte.
Hoy, en aquel campo abierto. Sobre el suelo y sin ningún elemento que valga la pena mencionar según ella es que esperaba de pie, a las nueve y cuarenta y cuatro minutos de la mañana la llegada de su maestro el día de hoy. No importaba realmente cuanto tardase ya que nunca le especificó un horario más allá de que iba a ser uno de los lugares que utilizaron con anterioridad para los entrenamientos que como Toros Negros comenzaron. Ella, vestida con un conjunto enteramente negro y esta vez, sin su compañera reptil que como siempre dejaba en las habitaciones para que no se viese afectada por los movimientos de la batalla: En su mano diestra no tenía nada pero en la zurda estaba su arma cargada con nada más y nada menos que municiones normales. Hoy quería luchar. Deseaba superar sus límites tal y como Kisuke, aquel hombre de gran fuerza, siempre deseó desde el primer momento para ellos: Aquel guerrero que no buscaba más que su bienestar era un muro que deseaba alcanzar y escalar, al igual que el gran mariscal. Ambos eran fuertes e imponentes. Ambos eran un modelo a seguir para ella.
Inhaló... tomó aire y exhaló. Cerró sus ojos y visualizó. Con fuerza cerró su puño diestro y ante ella estaba la imagen del hombre que aún permanecía a su lado. Dean.
Aquel hombre que deseaba le ofrezca su voluntad para luchar. El compañero que ahora no se encuentra a su lado.
Información
⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋
Baúl de los recuerdos
