27-07-2026, 05:00 AM
Estaba lista. Preparada para comenzar el entrenamiento con su compañero de combate por más difícil o dura que pueda ser la experiencia. Sabía que iba a tener las posibilidades de vencer entre cero, pero incluso ese cero con esfuerzo deseaba volverlo uno. Y de uno a dos, de dos a tres, y las posibilidades de victoria, de obtener la tan ansiada gloria crecerían más y más. Estaba esperando.
Imaginó y visualizó. Quería ver, quería intentar usar todas las cartas a su favor para crear una victoria y de repente oyó la voz de su compañero de combate de hoy. Estaba frente a ella. Cerca. Eso hizo que sus ojos, se abrieran en sorpresa y su corazón, se acelere. Estaba ansiosa por dentro, al mismo tiempo estaba nerviosa y por el otro lado con un poco de incertidumbre por lo que pasaría después: Pero era terca. Demasiado terca como para rendirse y tirar atrás la toalla, no importaba quién fuese su oponente y por más que todas y cada una de las cartas se inclinasen en su contra no estaba dispuesta a ceder. Por eso deseó buscar una estrategia. Rápido.
No podía usar sus brazos por que con tan poca distancia seguramente su oponente podría forzarla a un agarre. Y no deseaba ponerse en esa situación aún: No deseaba estar en desventaja tan pronto. Por eso se cruzó de brazos, ambos brazos debajo de su pecho y bajó ligeramente la mirada mientras mantenía sus ojos cerrados. Sin decir nada aún.
— Balle Glace. —, desde la planta de sus pies logró crear algo de hielo con el fin de tomar algo de distancia en unos 5 metros con su ahora oponente y mover lentamente su pie derecho con el fin de apuntar al pie derecho de su oponente. De la punta del dedo pulgar de su pie buscó disparar la escarcha compactada con el único fin de obligarle a tomar distancia, o inclusive saltar, lo necesario para alejarse tanto como pudiese de él y poder tener la posibilidad de usar su arma. Pero incluso si eso no era posible, deseaba aprovechar todo lo que tenía a su disposición y por eso además de la distancia que su técnica le ayudó buscó alejarse unos dos metros más para realizar un movimiento con su brazo zurdo y apuntar con Le Reinès sin disparar hacia la cabeza de su oponente no como una declaración cargada de hostilidad o como una falta de respeto hacia su figura, sino que como una entrega al deseo de sobrevivir y progresar incluso si la situación para ella no es ventajosa: Con sus ojos azulados, ofrecía seriedad y la ferocidad suficiente de un espíritu que quería ser más fuerte cada vez más. No importaba cómo podría lograrlo, pero la dama de blanco, la heroína del nuevo mundo quería escalar paso a paso, peldaño a peldaño aquel gran muro lleno de espinas que se presentaba hoy ante ella: Uno de los primeros, porque era consciente de que no sería el último, tenía la suerte de que él era un compañero pero no quería que se sienta como un hombre mayor cuidando a un bebé que no podía alzar y andar por su cuenta en una jauria llena de animales salvajes. El Nuevo Mundo, una tierra, un rincón del mar en el que en todas y cada una de sus islas la gente es capaz de desempeñar el arte capaz de acabar con su vida sin ningún esfuerzo: el Haki. Por eso y no solamente por ella, debía estar lista para el futuro.
— Gracias por haber venido a este entrenamiento, ru-ha. Quiero luchar y hacerme fuerte, mariscal, hoy no quiero jugar y por eso quiero que el entrenamiento sea estricto... incluso si acabo con los huesos rotos, mi espíritu no va a temblar, ru-ha. —, anunció sus intenciones, su espíritu y su gran deseo por convertirse en la nueva Shirohime, no como una chica de los Blues, sino como una dama adaptada y preparada, convertirse en una más de la jauria: Dejar de ser un tierno y blando mamífero lanudo y volverse tan depredadora como los demás, — ¡¡¡LUCHARÉ HASTA QUE NO QUEDE ALIENTO!!! ¡¡¡¡ADELANTE, MARISCAL!!!! —, era hora.
Imaginó y visualizó. Quería ver, quería intentar usar todas las cartas a su favor para crear una victoria y de repente oyó la voz de su compañero de combate de hoy. Estaba frente a ella. Cerca. Eso hizo que sus ojos, se abrieran en sorpresa y su corazón, se acelere. Estaba ansiosa por dentro, al mismo tiempo estaba nerviosa y por el otro lado con un poco de incertidumbre por lo que pasaría después: Pero era terca. Demasiado terca como para rendirse y tirar atrás la toalla, no importaba quién fuese su oponente y por más que todas y cada una de las cartas se inclinasen en su contra no estaba dispuesta a ceder. Por eso deseó buscar una estrategia. Rápido.
No podía usar sus brazos por que con tan poca distancia seguramente su oponente podría forzarla a un agarre. Y no deseaba ponerse en esa situación aún: No deseaba estar en desventaja tan pronto. Por eso se cruzó de brazos, ambos brazos debajo de su pecho y bajó ligeramente la mirada mientras mantenía sus ojos cerrados. Sin decir nada aún.
— Balle Glace. —, desde la planta de sus pies logró crear algo de hielo con el fin de tomar algo de distancia en unos 5 metros con su ahora oponente y mover lentamente su pie derecho con el fin de apuntar al pie derecho de su oponente. De la punta del dedo pulgar de su pie buscó disparar la escarcha compactada con el único fin de obligarle a tomar distancia, o inclusive saltar, lo necesario para alejarse tanto como pudiese de él y poder tener la posibilidad de usar su arma. Pero incluso si eso no era posible, deseaba aprovechar todo lo que tenía a su disposición y por eso además de la distancia que su técnica le ayudó buscó alejarse unos dos metros más para realizar un movimiento con su brazo zurdo y apuntar con Le Reinès sin disparar hacia la cabeza de su oponente no como una declaración cargada de hostilidad o como una falta de respeto hacia su figura, sino que como una entrega al deseo de sobrevivir y progresar incluso si la situación para ella no es ventajosa: Con sus ojos azulados, ofrecía seriedad y la ferocidad suficiente de un espíritu que quería ser más fuerte cada vez más. No importaba cómo podría lograrlo, pero la dama de blanco, la heroína del nuevo mundo quería escalar paso a paso, peldaño a peldaño aquel gran muro lleno de espinas que se presentaba hoy ante ella: Uno de los primeros, porque era consciente de que no sería el último, tenía la suerte de que él era un compañero pero no quería que se sienta como un hombre mayor cuidando a un bebé que no podía alzar y andar por su cuenta en una jauria llena de animales salvajes. El Nuevo Mundo, una tierra, un rincón del mar en el que en todas y cada una de sus islas la gente es capaz de desempeñar el arte capaz de acabar con su vida sin ningún esfuerzo: el Haki. Por eso y no solamente por ella, debía estar lista para el futuro.
— Gracias por haber venido a este entrenamiento, ru-ha. Quiero luchar y hacerme fuerte, mariscal, hoy no quiero jugar y por eso quiero que el entrenamiento sea estricto... incluso si acabo con los huesos rotos, mi espíritu no va a temblar, ru-ha. —, anunció sus intenciones, su espíritu y su gran deseo por convertirse en la nueva Shirohime, no como una chica de los Blues, sino como una dama adaptada y preparada, convertirse en una más de la jauria: Dejar de ser un tierno y blando mamífero lanudo y volverse tan depredadora como los demás, — ¡¡¡LUCHARÉ HASTA QUE NO QUEDE ALIENTO!!! ¡¡¡¡ADELANTE, MARISCAL!!!! —, era hora.
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Baúl de los recuerdos
