La cortesía entre viajeros [Pasado Social - Bai]
#7
Kibai sonrió ampliamente mientras continuaba con la cuchara extendida, hasta que la birkaniana pareció comprender sus intenciones y se inclinó hacia delante, abriendo la boca para saborear el estofado de reno. El mink mantuvo su mirada fija en su rostro aguardando pacientemente a que el delicioso manjar hiciese su efecto. Por suerte, y para su orgullo interno como cocinero, este no se hizo esperar y Kibai notó como la mandíbula de Bai se tensaba ligeramente antes de tragar. Había visto antes aquellas reacciones y sin duda eran algo bueno, un indicio de que la comida había cumplido su misión y había acabado por derribar el recelo que al parecer aquella joven sentía por momentos hacia él, por razones que aún desconocía.

No obstante, mientras dejaba la cuchara de vuelta en la escudilla,, el mink volvió a observar a Bai, alzando levemente una ceja con interés genuino. Al parecer, la joven birkaniana estaba muy lejos de allí. Su mirada había quedado levemente perdida, enfocada en el infinito. Lo que para muchos hubiese sido un síntoma de preocupación, para Kibai no fue sino una razón más para que su pecho se hinchase con orgullo. Su plato había logrado mucho más que hacer un choque frontal contra los sentidos de Bai, había logrado despertar en ella algún recuerdo. Que este fuese alegre o triste, agradable o doloroso, era algo que el mink ignoraba, pero que tampoco le correspondía a él averiguar, se contentaba de sobra con ver que aquel suceso había ocurrido en parte gracias a su propia habilidad como chef.

— Dankon — dijo la birkaniana con hilo de voz mientras poco a poco abandonaba el lugar en el que fuese que sus pensamientos la habían llevado y volvía a fijar la mirada en Kibai. Poco a poco, alzó una mano hasta posarla con suavidad sobre su muñeca, mientras parecía luchar por elegir sus palabras.

— Pasis longa tempo, de kiam mi sentis ĉi tiun varmon...

A pesar de que el mink no comprendía ni una palabra de lo que Bai trataba de decirle, el tono de agradecimiento era inconfundible. 

— Hay cosas que, desde luego, superan totalmente cualquier barrera que el lenguaje pueda tratar de construir... — pensó para sí Kibai mientras correspondía a las palabras de Bai con una sonrisa y una leve inclinación de cabeza. Tras retirar la mano, la birkaniana le señaló la cuchara con un gesto del mentón. Ah, sin duda tenía hambre. Kiabi asintió y le alargó el cuenco con la cuchara dentro. Pensó que la joven empezaría a comer, pero se encontró de pronto con una cuchara colmada de estofado delante de su rostro. Bai había recogido la escudilla y había alzado  el cubeirto de madera hacia el rostro del mink, en una especie de movimiento espejo a lo que el propio Kibai había realizado.

Las manos del mink se crisparon levemente. Aquel le golpeó con mucha más fuerza de lo que seguramente su acompañante había supuesto, llevando su mente muy lejos de la isla de Drum, de vuelta a la isla Kárate en el South Blue, a una situación en la que otra mujer alada le había ofrecido una cuchara llena de estofado. Cerrando los ojos, el mink se permitió un par de segundos de nostalgia, antes de sacudir la cabeza y abrir la boca para recibir el guiso. En el momento en el que sus labios se cerraron sobre el cubierto, la carne de reno, de sabor intenso, potenciado aún más por el estofado y la 
grasa de cola de oveja que había empleado para el fondo de las vereduras y la harina tostada invadió cada papila de su lengua en una explosión de sabor cálida y reconfortante. No cabía duda de por qué había conseguido evocar recuerdos en Bai, era sin duda un plato excelente, aunque estuviese mal que él mismo lo dijese.

— Dankon — respondió una vez que hubo tragado, esperando que fuese una fórmula basica de agradecidmiento en el extraño idioma que hablaba la birkaniana. Esta permaneció en silencio, antes de señalar la roca cubierta de grabados, pronunciando otra frase indescifrable. Kibai observó los glifos. Aunque la primera vez que había visto aquellos dibujos no les había dado mayor importancia, tratándolos como un simple vestigio más del pasado de la isla, quizás fuese factible que de algún modo estuviesen relacionados con la presencia de la birkaniana en aquel lugar tan aislado.

— Kibai, kial vi estas ĉi tie? — le preguntó Bai señalando el suelo de la cueva.

— Genial otro acertijo, me estoy hinchando hoy... — pensó con un punto de amargura el mink mientras se frotaba la barbilla tratando de dilucidar qué quería decirle aquella joven. La frase era demasiado corta como para que fuese una pregunta muy compleja, así que podría ser que le preguntase el nombre de aquella cueva, el cual Kibai ignoraba completamente, ni siquiera era consciente de que tuviese uno. O tal vez, le preguntase algo relacionado con él mismo. No podía ser si podía comer más, ya que tenía la escudilla delante y aún quedaba bastante comida dentro, y más en la olla improvisada. Devanándose los sesos, el mink barajó varias posibilidades, hasta que finalmente se decidió por lo que era más probable. Obviamente Bai había llegado hasta aquella cueva no buscándole a él, sino a aquellos grabados. Así que era posible que la frase fuese para preguntarle si él estaba allí por la misma razón. Negando con la cabeza, el mink se frotó las ejas, tratando de averiguar como tranmitirle a su acompañante las razones por las que él estaba allí. Tras meditar unos segundos, decidió que la mejor forma era seguir como hasta ahora, combinando los dibujos con palabras simples y gestos que la birkaniana pudiese comprender.

Haciéndole una señal con la mano a Bai para que aguardase, Kibai recogió una piedra plana de las que rodeaban el estanque y, con cuidado de no quemarse, extrajo un tizón de la hoguera. Aunque la punta aún quemaba, con ayuda de sus garras desprendió un trozo más delgado cuya punta se había convertido en carbón. No era perfecto, ni mucho menos, pero le serviría como herramienta de escribir improvisada.

Regresando a dónde la birkaniana aguardaba, el mink dejó la piedra plana entre ambos, arrodillandose delante mientrasse mordía el labio inferior, recopilando todo lo ocurrido en el incidente con "El Dragón" Malkovich y su padre Tom. Con algo de indecisión al principio, y poco a poco agarrando algo de soltura a medida que se acostumbraba a utilizar aquel improvisado método de escritura, Kibai bosquejó unas cuantas casas rodeadas de arboles y varios monigotes representando a persoans junto a las casas. Los dibujos eran dignos del más avanzado alumno de una clase de tres años, pero esperaba que al menos fuesen suficientes para que Bia lo entendiese.

— Bighorn. — dijo señalando el dibujo y luego hacia la entrada de la cueva, en la dirección que se encontraba el pueblo. Acto seguido,borró con la mano el dibujo, antes de dibujar a los mismos monigotes en posición horizontal, procurando hacer que algunos miembros o la cabeza quedasen representado con un espacio de separación, indicando que habían muerto de manera violenta. Recordando las imágenes del cuerpo del aldeano que había encontrado junto al viejo Tom, Kibai apretó las mandíbulas, mientras un breve flashback de la imagen de la sangre sobre la nieve le asaltaba. Su mano se crispó, haciendo crujir la madera carbonizada. Con cuidado de no romper su herramienta de comunicación, el mink dibujó otros cuantos monigotes de pie, antes de poner a otro más grande al frente.

— Malkovich. — dijo poniendo la punta de su garra sobre la cabeza del monigote. Suspirando levemente, Kibai se preparó para tratar de transmitirle a Bai la parte más complicada. Con cuidado dibujó un segundo monigote frente a Malkovich, colocando un triángulo a su espalda que esperaba que representase bien una capa.

— Kibai. — susurró mientras el recuerdo del olor de su propia carne quemada por los disparos del Dragón volvía a sus fosas nasales, a la vez que miraba de reojo a los extremos aún por reparar de su abrigo y sus pantalones, los cuales se habían llevado la peor parte. Con dos severos trazos, Kibai dibujó una X sobre el monigote que representba a Malovich, antes de dibujar flechas en la dirección opuesta a la que se encontraban los monigotes que representaban a la banda de aquel malnacido.

— Ellos. Ahí fuera. — dijo el mink señalando el dibujo antes de indicar con la mano hacia el bosque. — Yo, debo acabar con ellos.

Dejando el carboncillo sobre la piedra, Kibai alzó los ojos hacia el rostro ahora despejado de la birkaniana, una vez que esta había recogido su cabello en un improvisado amarre, deseoso de saber si había sido lo suficientemente expresivo o si por el contrario Bai se pensaba que estaba loco.

 — Bai, por qué estás aqui?. — dijo el mink imitando el gesto que había hecho ella con los dedos sobre el suelo de la cueva, antes de echarse hacia atrás, cruzando las piernas para sentarse más comodamente a la vez que notaba, un poco a su pesar, como las ropas de la joven se adherían a su cuerpo por el calor del ambiente.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: La cortesía entre viajeros [Pasado Social - Bai] - por Kibai - 01-08-2026, 01:57 PM

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