03-08-2026, 01:47 PM
Durante un breve instante, un escalofrío le recorrió la espalda al ser consciente de que había empleado más fuerza de la estrictamente necesaria. Sin embargo, aquel pequeño espasmo solo fue perceptible a través de su piel erizada pues, tan pronto como el acero se desprendió de la carne, Bai ejecutó un gesto seco y brusco, trazando una diagonal en el aire que salpicó de rojo la arena.
La punta de su espada quedó apuntando a la nada que se extendía bajo sus pies.
—Maki, yo... —murmuró, dando un par de pasos al frente con la intención de socorrerla.
Pero, en lugar de eso, se quedó de piedra al descubrir que la otra se estaba riendo de lo que acababa de ocurrir. ¿Acaso aquello tenía el más mínimo sentido? Bai observó a la joven sin saber muy bien qué pensar, saltando con la mirada de uno a otro: Maki, Jing Ping, Maki, Jing Ping, el bokken... ¿Acaso tendría que pagárselo? Aquel no era el momento para tener semejantes pensamientos. ¡Daba igual si debía pagarlo o no!. Y acto seguido sacudió la cabeza para despejar la mente y contempló a la iguana arrojar el arma de madera con rabia.
—¿Eh?
Perpleja, escuchó cuanto la otra tenía que decir y, solo cuando su mente logró emerger de aquel trance, Bai echó a reír. Rió porque en el tono de Maki se adivinaba una suerte de devoción, algo así como una admiración profunda y sin tapujos; y lo peor de todo era que le gustaba. Le fascinaba ser vista, lo anhelaba con fiereza. Prácticamente desde que había emprendido su viaje, había mantenido adormecida esa actitud viciosa y perversa de buscar en sus propias acciones la autocomplacencia. Por ello, mientras la otra mujer le sostuvo las manos mientras le hablaba, Bai no solo no deshizo el contacto, sino que dejó que sus dedos acariciaran con delicadeza la tersa piel de Maki.
Cuando su risa se extinguió, Bai le dedicó una sonrisa genuina a la iguana: —Eres una persona muy especial, Maki. No creo que pueda olvidarte.
Le habría encantado añadir algo más, pero, mientras buscaba las palabras idóneas para expresarse —mismas que trataría de imitar con gestos—, el vendedor de armas Jing Ping intervino para separarlas.
Y, tras ello, con la misma fugacidad con la que esa mujer había irrumpido en su vida, se esfumó.
—Qué mujer tan curiosa... —murmuró en la soledad de su espacio, recogiendo el bokken destrozado y conservando una pequeña astilla a modo de recuerdo—. Maki... Espero que la próxima vez que nos crucemos ya seamos capaces de entendernos.
Por un rato, la alada permaneció en medio de la húmeda sala contemblando el bokken entre sus manos mientras el frío las besaba con delicadeza. Después, tras respirar hondo, miró hacia donde había dejado su chaqueta. Negó con la cabeza ante la imprudencia que había llevado a cabo y se acercó a recogerla antes de decidirse a salir de la arena y pagar por lo que ambas habían roto durante el entrenamiento.
La punta de su espada quedó apuntando a la nada que se extendía bajo sus pies.
—Maki, yo... —murmuró, dando un par de pasos al frente con la intención de socorrerla.
Pero, en lugar de eso, se quedó de piedra al descubrir que la otra se estaba riendo de lo que acababa de ocurrir. ¿Acaso aquello tenía el más mínimo sentido? Bai observó a la joven sin saber muy bien qué pensar, saltando con la mirada de uno a otro: Maki, Jing Ping, Maki, Jing Ping, el bokken... ¿Acaso tendría que pagárselo? Aquel no era el momento para tener semejantes pensamientos. ¡Daba igual si debía pagarlo o no!. Y acto seguido sacudió la cabeza para despejar la mente y contempló a la iguana arrojar el arma de madera con rabia.
—¿Eh?
Perpleja, escuchó cuanto la otra tenía que decir y, solo cuando su mente logró emerger de aquel trance, Bai echó a reír. Rió porque en el tono de Maki se adivinaba una suerte de devoción, algo así como una admiración profunda y sin tapujos; y lo peor de todo era que le gustaba. Le fascinaba ser vista, lo anhelaba con fiereza. Prácticamente desde que había emprendido su viaje, había mantenido adormecida esa actitud viciosa y perversa de buscar en sus propias acciones la autocomplacencia. Por ello, mientras la otra mujer le sostuvo las manos mientras le hablaba, Bai no solo no deshizo el contacto, sino que dejó que sus dedos acariciaran con delicadeza la tersa piel de Maki.
Cuando su risa se extinguió, Bai le dedicó una sonrisa genuina a la iguana: —Eres una persona muy especial, Maki. No creo que pueda olvidarte.
Le habría encantado añadir algo más, pero, mientras buscaba las palabras idóneas para expresarse —mismas que trataría de imitar con gestos—, el vendedor de armas Jing Ping intervino para separarlas.
Y, tras ello, con la misma fugacidad con la que esa mujer había irrumpido en su vida, se esfumó.
—Qué mujer tan curiosa... —murmuró en la soledad de su espacio, recogiendo el bokken destrozado y conservando una pequeña astilla a modo de recuerdo—. Maki... Espero que la próxima vez que nos crucemos ya seamos capaces de entendernos.
Por un rato, la alada permaneció en medio de la húmeda sala contemblando el bokken entre sus manos mientras el frío las besaba con delicadeza. Después, tras respirar hondo, miró hacia donde había dejado su chaqueta. Negó con la cabeza ante la imprudencia que había llevado a cabo y se acercó a recogerla antes de decidirse a salir de la arena y pagar por lo que ambas habían roto durante el entrenamiento.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
