03-08-2026, 05:03 PM
(Última modificación: 03-08-2026, 05:04 PM por Max D. Bambú.)
Los temblores del cuerpo del úrsido blanco y negro no fueron impedimento alguno para llevar a cabo su terrible contraataque con efectividad. Aunque efectividad debería estar entre comillas, ya que ninguno de los tres puñetazos fue realmente efectivo ni buscaba serlo, porque no hay honor ni gloria en herir de muerte a un discípulo y, aunque no fuera discípulo, tampoco la hay en terminar con la vida de una joven promesa cuando acaba de iniciar su trayectoria. A Shirohime le faltaba todavía mucho para resistir siquiera un puñetazo de Bambú sin sufrir terribles consecuencias que lastrarían toda su vida, por eso a ninguno de los puñetazos le acompañó la solidez espiritual que era capaz de invocar el panda. Se sentía temblar a pesar de ir entrando en calor poco a poco. Cada vez que hacía contacto con la muchacha, sus manos emitían un levísimo quejido, como si las estuviera sumergiendo en agua helada y se negase a sacarlas para entrar en calor. Uno no se imagina por qué tanta gente se murió de frío en la tragedia de El Titánico hasta que comprueba en sus carnes lo que es la hipotermia y lo fría que debía de estar esa agua.
A pesar de la lluvia de golpes, a Shirohime no parecía desanimarla la enorme diferencia que había entre ella y su mariscal. Incluso se permitía el lujo de alabar la fuerza del panda y la gran oportunidad que le parecía aquella para poder entrenar. Quería ser fuerte y romper todos sus límites, quería superarse a sí misma, pero Bambú no la dejaría parar ahí. La llevaría tan alto como fuera necesario para que pudiera superarles a todos, porque esa es la tarea de un maestro.
Su movimiento fue lento, y aunque no fuera precisamente predecible, era fácil de seguir con la mirada desnuda y sin la ayuda del poderoso haki de observación del que Bambú hacía gala ocasionalmente. Decidió que ya estaba bien de dejarse golpear y bloqueó el impacto de su puño con el brazo izquierdo. Una enorme masa muscular negra, infranqueable, que se enfrentó contra la tímida mano pálida de la princesa. Sin embargo, la tímida mano pálida empezó a emanar un hielo compacto que crecía y se expandía por su brazo, por su hombro y su torso hasta llegar a escarchar prácticamente la totalidad del cuerpo del mink. Después de su gélida ofensiva, la pequeña humana se alejó tres metros del mink dando pequeños pasos hacia atrás. La distancia no le servía de nada, por supuesto, pero estaba bien que practicase su retirada al ser ella una tiradora más que una luchadora. Bambú suspiró, liberando de su boca una bocanada de neblina provocada por la diferencia de temperatura entre su aliento y el frío que le rodeaba. Sacudió sus brazos y pasó toscamente sus manos por el torso, la cabeza y las piernas, lanzando escarcha en todas las direcciones y quitándose el hielo de encima. Sacó una caja de tabaco de su bolsillo trasero y extrajo de ella un maltrecho cigarrillo que se puso entre los labios. —Menuda m-m-monstruosidad d-de poder. Yo creo que podrías hacer alguna t-técnica p-p-para atrapar en un bloque de hielo a l-l-la gente. —Comentó tartamudeando por el frío que le invadía, tan profundo que casi pareciera que tenía los huesos congelados. De su bolsillo izquierdo extrajo un mechero medio congelado. Sacudió un par de veces la parte superior del mismo para poder abrirlo, ya que estaba sellado. Después de un par de intentos, logró prender el tabaco. Dio una breve calada y expulsó el aire por la nariz. El humo entraba caliente, pero salía frío como una niebla de otoño. —P-p-pero y-yo también t-tengo poderes, n-no lo olv-vides. —
A pesar de la lluvia de golpes, a Shirohime no parecía desanimarla la enorme diferencia que había entre ella y su mariscal. Incluso se permitía el lujo de alabar la fuerza del panda y la gran oportunidad que le parecía aquella para poder entrenar. Quería ser fuerte y romper todos sus límites, quería superarse a sí misma, pero Bambú no la dejaría parar ahí. La llevaría tan alto como fuera necesario para que pudiera superarles a todos, porque esa es la tarea de un maestro.
Su movimiento fue lento, y aunque no fuera precisamente predecible, era fácil de seguir con la mirada desnuda y sin la ayuda del poderoso haki de observación del que Bambú hacía gala ocasionalmente. Decidió que ya estaba bien de dejarse golpear y bloqueó el impacto de su puño con el brazo izquierdo. Una enorme masa muscular negra, infranqueable, que se enfrentó contra la tímida mano pálida de la princesa. Sin embargo, la tímida mano pálida empezó a emanar un hielo compacto que crecía y se expandía por su brazo, por su hombro y su torso hasta llegar a escarchar prácticamente la totalidad del cuerpo del mink. Después de su gélida ofensiva, la pequeña humana se alejó tres metros del mink dando pequeños pasos hacia atrás. La distancia no le servía de nada, por supuesto, pero estaba bien que practicase su retirada al ser ella una tiradora más que una luchadora. Bambú suspiró, liberando de su boca una bocanada de neblina provocada por la diferencia de temperatura entre su aliento y el frío que le rodeaba. Sacudió sus brazos y pasó toscamente sus manos por el torso, la cabeza y las piernas, lanzando escarcha en todas las direcciones y quitándose el hielo de encima. Sacó una caja de tabaco de su bolsillo trasero y extrajo de ella un maltrecho cigarrillo que se puso entre los labios. —Menuda m-m-monstruosidad d-de poder. Yo creo que podrías hacer alguna t-técnica p-p-para atrapar en un bloque de hielo a l-l-la gente. —Comentó tartamudeando por el frío que le invadía, tan profundo que casi pareciera que tenía los huesos congelados. De su bolsillo izquierdo extrajo un mechero medio congelado. Sacudió un par de veces la parte superior del mismo para poder abrirlo, ya que estaba sellado. Después de un par de intentos, logró prender el tabaco. Dio una breve calada y expulsó el aire por la nariz. El humo entraba caliente, pero salía frío como una niebla de otoño. —P-p-pero y-yo también t-tengo poderes, n-no lo olv-vides. —
![[Imagen: latest?cb=20201102145656&path-prefix=es]](https://static.wikia.nocookie.net/beastars/images/e/ea/Rostro_de_Gohin_%28Manga%29.jpg/revision/latest?cb=20201102145656&path-prefix=es)
Se encorvó ligeramente hacia delante y llevó ambos brazos semiflexionados hacia atrás, tensionando sus hombros y sus bíceps en el proceso. —¡Bear... —Hacía mucho que no usaba su fruta para pelear, y había estado entrenando para mejorar en su control. Pensó que no le vendría mal gritar el nombre de su técnica por una vez después de tanto tiempo. —...QUAKE! —Repentinamente, Bambú empezó a golpear con furia el suelo bajo sus pies, que estaba cubierto de escarcha y trozos de hielo derritiéndose. Pero el suelo no se agrietaba ni se agujereaba con los violentos impactos del panda, sino que se movía de formas extrañas, se bamboleaba y, finalmente, se agitaba con la misma violencia con la que Bambú lo estaba golpeando. A su alrededor, expandiéndose en un área cuadrada de 20x20 tomando al mink como epicentro, un millar de pequeños pilares de tierra y piedras surgían del suelo y se volvían a hundir en el mismo una y otra vez, como si fueran pequeños martillos neumáticos que están apuntando hacia arriba desde el suelo.
Por supuesto, Shirohime no recibiría daño alguno de este ataque, pero la sensación de que sus piernas se fracturasen y la inestabilidad del suelo le darían un buen susto. Después de todo, era la primera vez que veía su poder en una situación práctica.
Por supuesto, Shirohime no recibiría daño alguno de este ataque, pero la sensación de que sus piernas se fracturasen y la inestabilidad del suelo le darían un buen susto. Después de todo, era la primera vez que veía su poder en una situación práctica.
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