Un mordido Heras hizo sus mejores arreglos posibles. Atarse el cabello de manera presentable, usar un poco de agua para arreglarse de manera correcta. Aún nos quedaba un poco de agua que usaría para limpiarme la cara, no se podía ver que recién despiertan, había que estar activo de cualquier manera ya que si vamos al comercio de seguro hay gente con mucha chispa para los negocios esperando sacarnos el dinero fácil. — Ciertamente no. Es parte de la aventura de hoy, aunque creo recordar que el desierto afuera no tiene mucho que ofrecer. Así que debemos ir avispados—
Se tomó la molestía de arreglar la cama, notó en ella que habían marcas de arañazos. Era una cama vieja que estaba algo desgastada por el tiempo. Sonreí. — Para cuando regresemo que nos reciba bien ordenada. — Haciendo un gesto tranquilo. Salir de aquella estructura de roca solida que fue nuestra morada y encontrarnos con un sol abrasador. Acompañado de una paleta de colores entre amarillas, entre brillantes y opacas, siendo aquellas impactadas por el sol las que se ven obligadas a resaltar y las sombras los pequeños puntos de alivio.
—Vamos — Indiqué extendiendo la mano hacia la revolucionaria sin temor alguno. Notaba que ella había cambiado su indumentaria, ocultándose, precavida, por mi parte, yo no lo era tanto. Aun cuando sé que el sol y el calor pueden hacer un daño a mi piel. No me oculto, dejo que mi torso hermoso sea visible por completo. A pesar de los tatuajes que son marcas que representan su servicio ya se ha cansado hace mucho tiempo de llevarlos con vergüenza y ahora no teme que sean vistos.
Agarrando la mano de la mujer avanzó con ella siendo un dúo opuesto, uno que no teme mostrar sus plumas y alguien que realmente no quiere ser vista y usa su capucha dejando un aura misteriosa. Con una sonrisa que deja ver unos dientes bien cuidados, una seguridad en sus pasos, sintiendo el calor natural y disfrutando cada segundo de ella. Sus alas abiertas que no son del todo necesarias pero lo hace para darle algo de sombra extra a Mizuki. No espera gracias por ello, ni tampoco que se note, lo hace con gusto. Se pueden ver las calles llenas de buhoneros, vendedores informales que se ponen en cualquier sombra. Montan cuatro palos y una tela arriba que les haga de techo. Me causan intriga pues ta ponen su negocio buscando una sombra y aun así ponen un techo.
Parece que todos aquí sufren con el calor que yo parezco disfrutar. Veo herramientas, artilugios de confección no demasiado elaborados. No armas, si no más bien como baratijas, moños para el cabello, una especie de elaborado asiento para montar dromedarios. Confecciones de cuero que llaman mi atención así mismo como las sandalias. Me llaman la atención pues tiene un estilo que sube hasta las pantorrillas y parecen ser para viajes sumamente largos. Yo no soy mucho de necesitar calzado pues el vuelo siempre me acorta las horas de camino. Estás llaman especialmente mi atención. — ¿Qué te parecen?— Consulte a mi compañera de manera genuina al momento de cerrar mis alas cuando nos encontramos en la sombra.
Conforme los toldos sobreponen sus techos unos sobre otros terminas pasando por una vía que tiene muchas telas y el sol para por las fisuras de lo desigual y poco organizado que están los techos. — Tu has visto la de cantidad de Berries que cobran y casi todo es de cuero muy resistente. — Aunque pareceía una queja y en parte lo es puesto que con este calor secar el cuero no cuesta tanto. —¿A quien se le ocurre? Estan bien de precio, pero no es como que la materia prima les costará mucho. — Intenta hacer este cuero bajo la lluvia para que tu veas. Igual y lo que se es por lo aprendido de la misma calle, cuando tienes que vivir por tu cuenta no quieres gastar en ropa que se te puede destruir en una o dos estaciones.
Más adelante avancé pues vi joyería, llamó por completo mi atención pues parecen ese tipo de imitaciones que te hacen reflexionar si son reales. Claro, como hombre de mala vida yo estoy al tanto que todas son baratijas hasta que se demuestre lo contrario. Vi con atención los collares y los brazaletes, parecidos a los que lleva Mizuki, me hizo reflexionar. Aquellos son unos grilletes de verdad y estos son un adorno. Ella los lleva a pesar de unos grilletes no es algo que le puedas cambiar el concepto a libre voluntad.
— No debería vender baratijas así, sin saber que significan. — Le reproché con un tono de voz que no es bajo, pero no es el mío habitual para conversar. Es más suave, como inseguro.
—EEEH que mierda hablas. — De detrás del mostrador salió un tipo que podría ser tres veces yo de lo macizo y a pesar de no estar musculado no necesita decir más nada para señalarme para revelarme que no le gusto lo que dije. — Por que no metes tu nariz en tus propios asuntos. Maldito negrata. — Enseñando una navaja y habilidades para hacer bailar el mismo entre sus dedos,estaba más que claro que iba a defender su postura como quien defiende una investigación, con sangre y filo.
— No, tampoco hay que ponerse así. —
— No tu, amigo, aqui tienes que aclarar cosas ahora. —
