19-08-2026, 06:34 PM
El viaje de regreso al archipiélago que me hubiese gustado no pisar nunca fue breve. O Redentor no era tan rápido como el Eidfrost de Viktor, pero la distancia entre los manglares resinosos y la base de Marineford era corta. Me encontraba manejando el timón desde mi sala de navegación, maniobrando el buque para acercarlo a los muelles de la decena de manglares número sesenta, donde el cuartel de la Marina se encontraba. Mientras tanto, a través de las comunicaciones del navío, procedí a avisar a Fuguwu para que comenzase el protocolo de atraque que siempre llevábamos a cabo, con él echándome una mano desde la cubierta. Una vez que O Redentor ya se encontraba atracado y amarrado en el muelle, engullí una enorme jarra de zumo de piña que se encontraba sobre mi mesa, como si hubiese salido de días de travesía errática por un desierto. Me sequé la boca con el dorso del guante de mi mano derecha y eché mano a mi capa de vicealmirante que dejé, como de costumbre, sobre el respaldo de una silla. Con un movimiento acrobático la hice ondear para que cayese sobre mis hombros, al mismo tiempo que recogía con mi zurda mi mochila con mis bártulos para salir a la cubierta de nuestro buque.
— ¡Cowabunga! — dije una vez en el exterior, gesticulando un hang loose con mi mano diestra extendiendo mis dedos pulgares e índice, al ver que mi compañero se encontraba observando el mar. El Gyojin, tan cordial y protocolario como siempre, me agradeció el hecho de haberle traído de vuelta. Agradecimiento al que respondí con un ademán con mi diestra para quitarle importancia al asunto. Ser el navegante del grupo tenía estas responsabilidades y siempre estaba dispuesto a echarle un cable a un amigo. Fuguwu procedió a indicarme por dónde podía encontrar a la contraalmirante Shiroka, una Marine que, según él, conocía los secretos del haki y podría ser de ayuda. — Cualquier cosa estaré pendiente del den den mushi... — afirmé tras escucharle. — pero si por lo que sea, digamos que algo aleatorio como un yonko barrigudo se le da por atacar el archipiélago, mi den den mushi estará apagado o fuerta de cobertura, ¿me sigues?. — Y acto seguido, tras reírme, di un enorme salto hacia el interior del manglar desde la cubierta de O Redentor para ponerme en marcha.
Permanecí estático a la vez que suspiraba y cerraba mi ojo tras tocar tierra. No recordaba que el terreno del archipiélago estaba lleno de una resina pegajosa. Separé mi bota derecha del suelo al mismo tiempo que miraba la suela de mi pie, mientras percibía constantes estallidos de burbujas que sonaban a mi alrededor. Pocas cosas me importaban en la vida y pocas conseguían sacarme de quicio, pero esa isla me irritaba. No la soportaba. No sólo no tenía playas sino que el terreno era incómodo... por no mencionar que me recordaba al momento en el que no me morí de milagro. — Creo que paso. — Con un estallido sordo mis piernas se convirtieron en una nube de arena. Salí propulsado por el aire para evitar tocar el terreno al mismo tiempo que esquivaba burbujas en mi vuelo. — Contraalmirante Shiroka... sí, bueno. ¿Dónde estaba el parque de atracciones? — Intentando recordar mi estancia años atrás para no perderme, desaparecí en la lejanía. Ya trabajaría otro día.
— ¡Cowabunga! — dije una vez en el exterior, gesticulando un hang loose con mi mano diestra extendiendo mis dedos pulgares e índice, al ver que mi compañero se encontraba observando el mar. El Gyojin, tan cordial y protocolario como siempre, me agradeció el hecho de haberle traído de vuelta. Agradecimiento al que respondí con un ademán con mi diestra para quitarle importancia al asunto. Ser el navegante del grupo tenía estas responsabilidades y siempre estaba dispuesto a echarle un cable a un amigo. Fuguwu procedió a indicarme por dónde podía encontrar a la contraalmirante Shiroka, una Marine que, según él, conocía los secretos del haki y podría ser de ayuda. — Cualquier cosa estaré pendiente del den den mushi... — afirmé tras escucharle. — pero si por lo que sea, digamos que algo aleatorio como un yonko barrigudo se le da por atacar el archipiélago, mi den den mushi estará apagado o fuerta de cobertura, ¿me sigues?. — Y acto seguido, tras reírme, di un enorme salto hacia el interior del manglar desde la cubierta de O Redentor para ponerme en marcha.
Permanecí estático a la vez que suspiraba y cerraba mi ojo tras tocar tierra. No recordaba que el terreno del archipiélago estaba lleno de una resina pegajosa. Separé mi bota derecha del suelo al mismo tiempo que miraba la suela de mi pie, mientras percibía constantes estallidos de burbujas que sonaban a mi alrededor. Pocas cosas me importaban en la vida y pocas conseguían sacarme de quicio, pero esa isla me irritaba. No la soportaba. No sólo no tenía playas sino que el terreno era incómodo... por no mencionar que me recordaba al momento en el que no me morí de milagro. — Creo que paso. — Con un estallido sordo mis piernas se convirtieron en una nube de arena. Salí propulsado por el aire para evitar tocar el terreno al mismo tiempo que esquivaba burbujas en mi vuelo. — Contraalmirante Shiroka... sí, bueno. ¿Dónde estaba el parque de atracciones? — Intentando recordar mi estancia años atrás para no perderme, desaparecí en la lejanía. Ya trabajaría otro día.
Resumen
Akuma no Mi
