20-08-2026, 12:03 AM
Efectivamente, la puerta no tenía seguro, precisamente a la espera de que la propia Tezca tuviera la libertad de entrar cuando quisiera. Si estuvieran ambos dentro, la historia sería distinta, pero no tenía nada ni nadie programado para ese día. Ella misma ya había dicho que “no iba a tardar demasiado” y, aunque el tiempo que se había tomado había sido generoso, para él era insuficiente con los nervios que todavía parecían golpearle. Al verla se quedó quieto, en silencio, parpadeando repetidamente. Tragó saliva, sus ojos descendiendo hasta los senos... No era la primera vez que veía a una mujer, ¿qué demonios? Tragó saliva una segunda vez, tratando de calmarse. Apartó la mirada, con un leve rubor en sus mejillas que trató de disimular dándole la espalda.
En serio, ¿qué era? ¿Un adolescente en plena pubertad? Quizás... Quizás solo estaba así porque ya hacía tiempo que no había estado con otra mujer. Tenía que controlarse... Por muy sexy y hermosa que se estuviera viendo, seguía siendo Tezca. No podía ser tan idiota. Carraspeó un par de veces, volviendo a voltearse, buscando enfocarse en los ojos tras sus gafas, peleando consigo mismo para no volver a descender la mirada, acercándose a la mujer.
Su pregunta, por irónico que parezca, estaba siendo genuina. En su cabeza no se estaba planteando que ese día recibiera la devolución de ningún tipo de préstamo, ni que tuviera que pensar en trabajo. Vio la mirada de la mujer hacia él, sintiendo el sudor frío correrle por un lado de su rostro. ¿Quizás no quedaba bien? ¿Había exagerado con su ropa? Abrió la boca para buscar alguna excusa, pero afortunadamente se adelantó ella. El comentario lo dejó sin palabras al punto de que bajó la mirada para verse a sí mismo, tocar la tela de su camisa abierta y volver la mirada hacia Tezca, arqueando las cejas.
Los tacones resonaban en el suelo de madera, y vio el saco que le extendía con sorpresa. Parpadeó, sin saber qué estaba haciendo con todo ese dinero. La tomó con la diestra, inicialmente creyendo que solo era para que le sujetara el objeto, hasta que habló. Volvió a elevar la mirada hacia Tezca, viendo el guiño dirigido a él, sintió sus brazos rodear su nuca y descendió la mirada, elevando su otra mano hasta la cintura ajena. —Tezca... te dije que no hacía falta mi amor. — Dejó, despacio, el saco en el suelo, para así usar ambas manos y abrazar la espalda baja de la mujer. Sentir su aliento tan cerca de sus labios le hizo desear besarlo. De hecho acercó ligeramente su rostro para ello, siendo interrumpido a medio camino por esa condenada mano. Un tic apareció por su ceja. No quería pensar en el trabajo, solo quería pasar tiempo con ella.
Dejó que se separara, y aceptó el tacto de sus manos, sosteniendo las suyas. Cierto, era todo un shock, todavía le estaba costando asimilar las cosas. Descendió la mirada, viéndose impedido por los senos... Y ahora apreciando mejor sus muslos. Tuvo que cerrar los ojos, centrarse en la conversación, era seria, tenía que verse calmado. Respiró profundamente, volviendo a alzar la mirada, buscando nuevamente los ojos. Quizás así sería más fácil, tenía que centrarse. Él también tenía cosas que explicar, como la adquisición de su Akuma. —Sí, todo ha sido una sorpresa... Pero para eso necesito hacer las cuentas. Ven, entra y siéntate. Ponte cómodo... Cómoda. — Dio algunos pasos en el interior, tomando de vuelta el saco y se sentó en una habitación con un escritorio. Le invitó, por supuesto, a sentarse, ya fuera frente a la mesa, o a su lado, eso era a gusto de la propia Tezca. Tomó una hoja y un bolígrafo, haciendo algunas anotaciones, revisando que todo estuviera correcto. Comenzó a escribir, con la tapa de la pluma entre sus labios, ahora concentrado.
Hizo una pausa, escribiendo y anotando, primero la cantidad a deber, que eran esos que le acababa de entregar. Al haber pasado apenas unos días, no había una penalización por estaciones, por lo que no iba a ascender tanto el precio. —En total... El pago sería de unos 18.375.000. Como me entregas esos 12.250.000, faltarían 6.125.000 Berries en total. — Le extendió el papel, pequeño, del tamaño de una hoja A5 y se lo mostró. —Con eso, tu deuda estaría saldada, y no deberías nada con Goldreich. — Reposó, suavemente, su brazo encima de la mesa de escritorio, mirando directamente a los ojos de Tezca. —Lo siento por haberte tenido que meter en esto... Por eso, déjame pagarte. — Elevó su diestra, apartando un flequillo hasta acomodarlo detrás de su oreja. —Si quieres quédate con ese dinero, o solo págame los diez millones y yo me encargo del resto. — Le dolía saber que poseía una cantidad tan grande de dinero y tener que hacerle pagar esas tasas. —¿De dónde has sacado tanto de todos modos? ¿Tan bien os ha ido a la tripulación? — Hizo una pausa, queriendo ver el rostro de Tezca. Por mucho que hubiera cambiado físicamente, se seguía viendo igual, los cambios habían resultado básicamente solo en su aspecto sexual, pero irradiaba la misma sensualidad, belleza y preciosidad que cuando era un hombre.
—También tengo cosas de que hablar. Puedes preguntarme lo que quieras. — El Akuma, su nueva katana, su trabajo... todo lo que quisiera saber. También tenía que explicarle sobre Hyákinthos, que parecía que también conocía. —¿Desde cuándo estabas pensando en cambiarte de sexo? Nunca... Nunca me lo habías dicho antes. No me molesta, no... es solo... Que como has dicho, ha sido sorpresivo, inesperado. ¿Tu tripulación lo sabía? — Podría usar Kenbun para saber si mentía, pero no quería hacerlo. Eso era algo que prefería que saliera de ella. —Eres preciosa también como estás ahora. Sigues siendo el mismo Tezca que conozco así que... No me importa si has cambiado o no de sexo, o si siempre te sentiste mujer u hombre. De quien me enamoré es de ti, no de tu físico. — Palabras que decía con toda la sinceridad porque, pese a su primer encuentro, no le mentía ahora. Las cosas habían cambiado mucho desde la primera vez que se conocieron.
En serio, ¿qué era? ¿Un adolescente en plena pubertad? Quizás... Quizás solo estaba así porque ya hacía tiempo que no había estado con otra mujer. Tenía que controlarse... Por muy sexy y hermosa que se estuviera viendo, seguía siendo Tezca. No podía ser tan idiota. Carraspeó un par de veces, volviendo a voltearse, buscando enfocarse en los ojos tras sus gafas, peleando consigo mismo para no volver a descender la mirada, acercándose a la mujer.
—¿Dinero al barco? ¿Para qué?
Su pregunta, por irónico que parezca, estaba siendo genuina. En su cabeza no se estaba planteando que ese día recibiera la devolución de ningún tipo de préstamo, ni que tuviera que pensar en trabajo. Vio la mirada de la mujer hacia él, sintiendo el sudor frío correrle por un lado de su rostro. ¿Quizás no quedaba bien? ¿Había exagerado con su ropa? Abrió la boca para buscar alguna excusa, pero afortunadamente se adelantó ella. El comentario lo dejó sin palabras al punto de que bajó la mirada para verse a sí mismo, tocar la tela de su camisa abierta y volver la mirada hacia Tezca, arqueando las cejas.

—Tampoco hace falta que quemes mi ropa... ¿Quieres que vaya por allí desnudo?
Los tacones resonaban en el suelo de madera, y vio el saco que le extendía con sorpresa. Parpadeó, sin saber qué estaba haciendo con todo ese dinero. La tomó con la diestra, inicialmente creyendo que solo era para que le sujetara el objeto, hasta que habló. Volvió a elevar la mirada hacia Tezca, viendo el guiño dirigido a él, sintió sus brazos rodear su nuca y descendió la mirada, elevando su otra mano hasta la cintura ajena. —Tezca... te dije que no hacía falta mi amor. — Dejó, despacio, el saco en el suelo, para así usar ambas manos y abrazar la espalda baja de la mujer. Sentir su aliento tan cerca de sus labios le hizo desear besarlo. De hecho acercó ligeramente su rostro para ello, siendo interrumpido a medio camino por esa condenada mano. Un tic apareció por su ceja. No quería pensar en el trabajo, solo quería pasar tiempo con ella.
Dejó que se separara, y aceptó el tacto de sus manos, sosteniendo las suyas. Cierto, era todo un shock, todavía le estaba costando asimilar las cosas. Descendió la mirada, viéndose impedido por los senos... Y ahora apreciando mejor sus muslos. Tuvo que cerrar los ojos, centrarse en la conversación, era seria, tenía que verse calmado. Respiró profundamente, volviendo a alzar la mirada, buscando nuevamente los ojos. Quizás así sería más fácil, tenía que centrarse. Él también tenía cosas que explicar, como la adquisición de su Akuma. —Sí, todo ha sido una sorpresa... Pero para eso necesito hacer las cuentas. Ven, entra y siéntate. Ponte cómodo... Cómoda. — Dio algunos pasos en el interior, tomando de vuelta el saco y se sentó en una habitación con un escritorio. Le invitó, por supuesto, a sentarse, ya fuera frente a la mesa, o a su lado, eso era a gusto de la propia Tezca. Tomó una hoja y un bolígrafo, haciendo algunas anotaciones, revisando que todo estuviera correcto. Comenzó a escribir, con la tapa de la pluma entre sus labios, ahora concentrado.

—Veamos, hay que agregarle el 50% al pago por los intereses...
Hizo una pausa, escribiendo y anotando, primero la cantidad a deber, que eran esos que le acababa de entregar. Al haber pasado apenas unos días, no había una penalización por estaciones, por lo que no iba a ascender tanto el precio. —En total... El pago sería de unos 18.375.000. Como me entregas esos 12.250.000, faltarían 6.125.000 Berries en total. — Le extendió el papel, pequeño, del tamaño de una hoja A5 y se lo mostró. —Con eso, tu deuda estaría saldada, y no deberías nada con Goldreich. — Reposó, suavemente, su brazo encima de la mesa de escritorio, mirando directamente a los ojos de Tezca. —Lo siento por haberte tenido que meter en esto... Por eso, déjame pagarte. — Elevó su diestra, apartando un flequillo hasta acomodarlo detrás de su oreja. —Si quieres quédate con ese dinero, o solo págame los diez millones y yo me encargo del resto. — Le dolía saber que poseía una cantidad tan grande de dinero y tener que hacerle pagar esas tasas. —¿De dónde has sacado tanto de todos modos? ¿Tan bien os ha ido a la tripulación? — Hizo una pausa, queriendo ver el rostro de Tezca. Por mucho que hubiera cambiado físicamente, se seguía viendo igual, los cambios habían resultado básicamente solo en su aspecto sexual, pero irradiaba la misma sensualidad, belleza y preciosidad que cuando era un hombre.
—También tengo cosas de que hablar. Puedes preguntarme lo que quieras. — El Akuma, su nueva katana, su trabajo... todo lo que quisiera saber. También tenía que explicarle sobre Hyákinthos, que parecía que también conocía. —¿Desde cuándo estabas pensando en cambiarte de sexo? Nunca... Nunca me lo habías dicho antes. No me molesta, no... es solo... Que como has dicho, ha sido sorpresivo, inesperado. ¿Tu tripulación lo sabía? — Podría usar Kenbun para saber si mentía, pero no quería hacerlo. Eso era algo que prefería que saliera de ella. —Eres preciosa también como estás ahora. Sigues siendo el mismo Tezca que conozco así que... No me importa si has cambiado o no de sexo, o si siempre te sentiste mujer u hombre. De quien me enamoré es de ti, no de tu físico. — Palabras que decía con toda la sinceridad porque, pese a su primer encuentro, no le mentía ahora. Las cosas habían cambiado mucho desde la primera vez que se conocieron.
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