21-08-2026, 04:44 AM
Esa mujer era, desde luego, una bomba de sorpresas. —Cierto, entonces tendrías que quedarte con la mayoría del porcentaje por ser el tesorero de tu tripulación. — Vio la firma, una letra que le pareció hermosa y maravillosa. Dejó entrever una risita, mientras separaba la copia exacta para entregársela a Tezca. —Con una firma así, al final serías perfecto para firmar autógrafos.
Sintió el peso de su cabeza en su propio hombro y observó a la mujer. Apretó un poco más su muslo, acariciándolo con cuidado y dulzura. No pasó por alto que evitó el tema de su pregunta pero, como siempre, prefirió no indagar demasiado. Tendría sus motivos, o quizás eran cosas de su tripulación en las que no podría inmiscuirse. Aún así, le alegraba ver que estaba tan cómoda todavía con él, pese a que sus deseos cada vez se le complicaba más mantener su autocontrol. Sus palabras, aunque eran ciertas, seguía creyéndoselas. Todavía era extraño llamarlo “novia”, ya que literalmente fue oficial durante el reencuentro. Cerró sus ojos unos segundos, descendiendo también su cabeza para que su mejilla estuviera sobre la cabeza que estaba sobre su hombro. Era tan cómodo estar con ella como siempre. Había extrañado muchísimo esta sensación.
¿Cómo era posible que se sintiera tan tontorrón? Esa actitud podría haberla considerado, antes de conocer a Tezca, como una actitud débil y sin necesidad. Ella había cambiado por completo su perspectiva de una forma que jamás creyó posible. Delineó, con sus dedos, la figura del muslo revelador que tenía frente a él, queriendo sentir más el contacto de su piel de forma sutil. —Sí, algo así. No quieres saber qué más tengo dentro de mí. — Esos millones quizás la sorprenderían, la katana, el vino que acababa de sacar... Y lo gracioso era que era capaz de guardar muchas más cosas.
Levantó su cabeza, mirándola al escucharla. Consejos que, muy probablemente, necesitaba para mejorar su control con el Akuma que ahora poseía. Claro que, viniendo de un hombre... O más bien mujer de arcilla, no era para nada malo. —Se nota que estás acostumbrado... acostumbrada. — Trató de centrarse en esas palabras, elevando su mano libre en dirección al centro de ambos, para que así Tezca pudiera verlo. La misma comenzó a tomar forma, lentamente, tan lento como lo fue en los Juegos. —Al principio, cuando lo consumí, me covertí en una masa de barro y ni siquiera podía tomar mi forma normal. Cuando me pasó, me pregunté cómo lo hiciste tú, siendo de arcilla, cómo se te dio y me di cuenta de lo difícil que resultaba. Pensaba que al consumirla automáticamente lo controlabas, pero está claro que no era así. — Ni siquiera había dejado que Kajimodo, siendo su timonel, le viera en ese dormitorio con ese aspecto. Volvió la mirada hacia la mujer, con una expresión calmada. Que estuviera orgullosa le llenaba el pecho de felicidad, siempre sabía exactamente qué decirle y en qué momento. —Muchas gracias, tendré en cuenta ese consejo. Estoy seguro de que me vendrá muy bien.
Sintió que levantaba su cabeza, y se volteó en su dirección para volver a mirarla, descendiendo su mirada a los labios que se acercaban a él, aceptando el beso que le brindaba, queriendo disfrutar un poco más de su tacto. Su mano, lentamente, volvió a retomar su forma normal, pasando del barro a la mano natural. La dejó acomodarse de nuevo, como si ahora él fuera su almohada, no le importaría serlo. Se sentía el hombre más afortunado del mundo. Dejó escapar una risita.
Hizo una pausa, buscando su mano con ello, queriendo disfrutar su cercanía y su calidez. —Piensa que así puedo pasar más desapercibido y acercarme más a algunos distritos importantes. Mi jefe es un poco... suyo, pero no es mal tipo y al menos no es como Raigo, pero sí que es bastante aburrido. A veces extraño mi trabajo en los Blues. — Paso a paso. Todo fuera para conseguir los debidos contactos. Había conseguido la confianza de Burndead, ahora solo quedaba un poco más. —Cuando consiga los contactos, prometo hablarte para que puedas quedarte una parte. — volvió la mirada. No sería del banco, pero quizás cualquier otra cosa que la acercara a esa zona sí podría serle de ayuda.
Un festival. Aparentemente había conocido a gente que ya no se encontraba con ella. —Bueno, los que estáis, por lo que vi, parecíais estar muy cómodos. Me alegra ver que estáis bien, y Barald me cae bastante bien. Parece que también te llevas muy bien con él. — Había sido, de entre todos, el más respetuoso con Tezca y además todavía tenía en cuenta que le había ayudado.
Sus cejas se fruncieron ligeramente al escuchar sobre Hyákinthos. No es que le molestara que se conocieran, pero los adjetivos, acompañado de una interrupción que, aunque intentó evitarlo, no fue un impedimento para saber exactamente lo que significaba. La mano se posicionó sobre la botella que Tezca intentaba alcanzar, frenándola en seco.
Celos. Celos muy serios. Volteó la mirada, buscando la mirada directa de la mujer, percatándose de que quizás había sido demasiado brusco. Respiró profundamente, inhalando y exhalando, para calmarse. No, no podía culparlo. Apartó lentamente la mano de la boca de la botella, acercándola hasta la mujer y buscando un abrebotellas para compartirlo. —Deja que lo abra yo. — Su voz sonó más brusca de lo que realmente deseaba y carraspeó, tratando de calmarse. No era el único. Cerró los ojos, tratando de calmarse una vez más, enfocándose en abrir la botella de vino y se la entregó, esta vez con más suavidad, a la mujer. —También me pasó. — Admitió, ahora con una voz más calmada y tranquila. —En mi caso, antes de conocerte a ti. Pero no miento, es mi socio de cuando trabajaba con el clan. Es un cirujano excelente, y sabe trabajar. Sabe conseguir buen material vivo y conservarlo, e incluso supo hacer un trasplante. Le mandé algunos de mis hombres para ello y parece que se apegó a uno de ellos que se llama Rafael. — Si iban a hablar, lo mejor era sincerarse, y hacerle entender que no planeaba esconderle nada.
Contempló de nuevo a Tezca, elevando su diestra, acercando un poco su cuerpo para tomar su mentón, forzarlo a mirarlo y besarlo. —Para mí eres el único al que le he dado toda mi absoluta confianza y me ha hecho sentir lo que siento, y eso no va a cambiar. — Descendió su rostro, buscando sus labios, moviendo suavemente la mano del muslo para acercarlo a su cadera, volteando la silla para mirarlo de cara y atraerlo, con cuidado, hasta él. Se separó del veso unos segundos, pegando su frente con la contraria, respirando cerca de sus labios, sin perderla de vista. —No tengas miedo en decirme esas cosas. Confía en mí.
Sintió el peso de su cabeza en su propio hombro y observó a la mujer. Apretó un poco más su muslo, acariciándolo con cuidado y dulzura. No pasó por alto que evitó el tema de su pregunta pero, como siempre, prefirió no indagar demasiado. Tendría sus motivos, o quizás eran cosas de su tripulación en las que no podría inmiscuirse. Aún así, le alegraba ver que estaba tan cómoda todavía con él, pese a que sus deseos cada vez se le complicaba más mantener su autocontrol. Sus palabras, aunque eran ciertas, seguía creyéndoselas. Todavía era extraño llamarlo “novia”, ya que literalmente fue oficial durante el reencuentro. Cerró sus ojos unos segundos, descendiendo también su cabeza para que su mejilla estuviera sobre la cabeza que estaba sobre su hombro. Era tan cómodo estar con ella como siempre. Había extrañado muchísimo esta sensación.

—Lo sé mi amor, lo sé.
¿Cómo era posible que se sintiera tan tontorrón? Esa actitud podría haberla considerado, antes de conocer a Tezca, como una actitud débil y sin necesidad. Ella había cambiado por completo su perspectiva de una forma que jamás creyó posible. Delineó, con sus dedos, la figura del muslo revelador que tenía frente a él, queriendo sentir más el contacto de su piel de forma sutil. —Sí, algo así. No quieres saber qué más tengo dentro de mí. — Esos millones quizás la sorprenderían, la katana, el vino que acababa de sacar... Y lo gracioso era que era capaz de guardar muchas más cosas.
Levantó su cabeza, mirándola al escucharla. Consejos que, muy probablemente, necesitaba para mejorar su control con el Akuma que ahora poseía. Claro que, viniendo de un hombre... O más bien mujer de arcilla, no era para nada malo. —Se nota que estás acostumbrado... acostumbrada. — Trató de centrarse en esas palabras, elevando su mano libre en dirección al centro de ambos, para que así Tezca pudiera verlo. La misma comenzó a tomar forma, lentamente, tan lento como lo fue en los Juegos. —Al principio, cuando lo consumí, me covertí en una masa de barro y ni siquiera podía tomar mi forma normal. Cuando me pasó, me pregunté cómo lo hiciste tú, siendo de arcilla, cómo se te dio y me di cuenta de lo difícil que resultaba. Pensaba que al consumirla automáticamente lo controlabas, pero está claro que no era así. — Ni siquiera había dejado que Kajimodo, siendo su timonel, le viera en ese dormitorio con ese aspecto. Volvió la mirada hacia la mujer, con una expresión calmada. Que estuviera orgullosa le llenaba el pecho de felicidad, siempre sabía exactamente qué decirle y en qué momento. —Muchas gracias, tendré en cuenta ese consejo. Estoy seguro de que me vendrá muy bien.
Sintió que levantaba su cabeza, y se volteó en su dirección para volver a mirarla, descendiendo su mirada a los labios que se acercaban a él, aceptando el beso que le brindaba, queriendo disfrutar un poco más de su tacto. Su mano, lentamente, volvió a retomar su forma normal, pasando del barro a la mano natural. La dejó acomodarse de nuevo, como si ahora él fuera su almohada, no le importaría serlo. Se sentía el hombre más afortunado del mundo. Dejó escapar una risita.

—Sí, yo tampoco me veía como banquero, pero hay pasos que tengo que seguir para llegar a lo más alto.
Hizo una pausa, buscando su mano con ello, queriendo disfrutar su cercanía y su calidez. —Piensa que así puedo pasar más desapercibido y acercarme más a algunos distritos importantes. Mi jefe es un poco... suyo, pero no es mal tipo y al menos no es como Raigo, pero sí que es bastante aburrido. A veces extraño mi trabajo en los Blues. — Paso a paso. Todo fuera para conseguir los debidos contactos. Había conseguido la confianza de Burndead, ahora solo quedaba un poco más. —Cuando consiga los contactos, prometo hablarte para que puedas quedarte una parte. — volvió la mirada. No sería del banco, pero quizás cualquier otra cosa que la acercara a esa zona sí podría serle de ayuda.
Un festival. Aparentemente había conocido a gente que ya no se encontraba con ella. —Bueno, los que estáis, por lo que vi, parecíais estar muy cómodos. Me alegra ver que estáis bien, y Barald me cae bastante bien. Parece que también te llevas muy bien con él. — Había sido, de entre todos, el más respetuoso con Tezca y además todavía tenía en cuenta que le había ayudado.
Sus cejas se fruncieron ligeramente al escuchar sobre Hyákinthos. No es que le molestara que se conocieran, pero los adjetivos, acompañado de una interrupción que, aunque intentó evitarlo, no fue un impedimento para saber exactamente lo que significaba. La mano se posicionó sobre la botella que Tezca intentaba alcanzar, frenándola en seco.

—¿Fue antes, durante o después de que me conocieras?
Celos. Celos muy serios. Volteó la mirada, buscando la mirada directa de la mujer, percatándose de que quizás había sido demasiado brusco. Respiró profundamente, inhalando y exhalando, para calmarse. No, no podía culparlo. Apartó lentamente la mano de la boca de la botella, acercándola hasta la mujer y buscando un abrebotellas para compartirlo. —Deja que lo abra yo. — Su voz sonó más brusca de lo que realmente deseaba y carraspeó, tratando de calmarse. No era el único. Cerró los ojos, tratando de calmarse una vez más, enfocándose en abrir la botella de vino y se la entregó, esta vez con más suavidad, a la mujer. —También me pasó. — Admitió, ahora con una voz más calmada y tranquila. —En mi caso, antes de conocerte a ti. Pero no miento, es mi socio de cuando trabajaba con el clan. Es un cirujano excelente, y sabe trabajar. Sabe conseguir buen material vivo y conservarlo, e incluso supo hacer un trasplante. Le mandé algunos de mis hombres para ello y parece que se apegó a uno de ellos que se llama Rafael. — Si iban a hablar, lo mejor era sincerarse, y hacerle entender que no planeaba esconderle nada.
Contempló de nuevo a Tezca, elevando su diestra, acercando un poco su cuerpo para tomar su mentón, forzarlo a mirarlo y besarlo. —Para mí eres el único al que le he dado toda mi absoluta confianza y me ha hecho sentir lo que siento, y eso no va a cambiar. — Descendió su rostro, buscando sus labios, moviendo suavemente la mano del muslo para acercarlo a su cadera, volteando la silla para mirarlo de cara y atraerlo, con cuidado, hasta él. Se separó del veso unos segundos, pegando su frente con la contraria, respirando cerca de sus labios, sin perderla de vista. —No tengas miedo en decirme esas cosas. Confía en mí.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
