21-08-2026, 09:38 PM
(Última modificación: 22-08-2026, 09:12 AM por Akira Raito.
Razón: Se me olvidó meter en el spoiler la reducción de atributos por cambio de sexo
)
Día 4 de Primavera, Año 18
A primera hora de la mañana, con los primeros rayos del sol
A primera hora de la mañana, con los primeros rayos del sol
—Si le pego un cabezazo a una piedra la parto. Tengo un cabezón de melón. Un cráneo más duro que el diamante. Una frente sin cicatrices que te parte en dos. Reviento barcos, reviento edificios, menuda cabeza más dura. Sí señor. ¿Quiero recolectar pedruscos? Cabezazo. ¿Atravesar una montaña? Cabezazo. ¿Te metes conmigo? Cabezazo. Cabezazo. CABEZAZO.
Repetía una y otra vez en una de esas sesiones de entrenamiento bajo la luz del sol que se asomaba por el horizonte, a primera hora de la mañana, mientras le daba como una cabra a cualquier piedra que encontraba por el camino, dándome igual el tamaño que tuviera. Menuda frente más dura había conseguido gracias al entrenamiento de la magnífica Sira Matcha, menuda marcha, frente pa’ aquí, frente pa’ allá. Un ligero gesto y ¡PAM!—. ¡Chúpate esa, piedra flotante! ¿Quieres más? ¡Ven a por mi!
Cualquiera que me viera hablando sola y pegando cabezazos a las rocas saladas y envueltas en nubes se pensaría que era una esquizofrénica perdida. Y eso que había dormido mis ocho horitas y estaba lechuga como una fresca. No, no, fuera bromas, estaba bien descansada, pero es que tenía una frente a prueba de balas, y todo gracias al hasshoken. Tenía que enseñárselo a mis nakamas… Ya me habían avisado de que no todo el mundo era capaz de sacarle el mayor partido posible a este estilo de lucha, pero sin duda eran unas técnicas que venían bastante bien… Eso de ser capaz de hacer daño directo, ignorando las resistencias pasivas, era un plus muy plus extra, muy mega híper plus extra max pro.
¿Quién había por ahí con quien poder darle cabezazos a las cosas como una cabra? ¿Cuál de todos estos era el que más se parecía a una cabra? ¿Kael? Era muy formal para ser una cabra… Víctima perfecta para empezar a marearlo. ¿Estaba cerca? Sí lo estaba.
—¡Kael, al toque con la cabeza, que no se caiga al suelo la pelota! —y con un fuerte grito y de un cabezazo con fuerza controlada, le lancé una piedra del tamaño de un balón de fútbol en dirección a su cabeza. ¿Sería capaz de devolverme el pase dándole un cabezazo? ¿Estaría tan loco como yo?
Estando donde estaban, ya en el Grand Line, y en concreto, en Skypiea, debería de tener la suficiente fuerza como para ser capaz de darle un golpe con la frente sin que se cayera al suelo del madrazo. Y mientras yo le esperaba con los ojos abiertos como platos esperando que fuera capaz de seguirme el juego. Solo esperaba que aguantara esos cabezazos, y si no le enseñaba, no tenía que preocuparse. ¿No sería genial poder darse un cabezazo contra alguien y jugar como juegan las cabras? Estaba deseando poder batirme con alguien golpeándome frente con frente, solo de imaginarlo ya sonaba divertido. Y entonces me acordé de Masami, ¿no eran que sus técnicas tenían nombres de animales? Me quiere sonar que a una la llamó Leo… Y eso es un león.
—¡Masami, acércate, ven a jugar con nosotros al fútbol! —le grité desde lo lejos, ya que también había madrugado tanto como yo y conseguí diferenciarlo en la distancia, saliendo de una de las casas que nos facilitó Zarutsuki para nuestra estancia en la isla.
Kael era un tipo resistente, bastante mucho más que yo, pero no me ganaba en fuerza, y un tanque también tenía que ser capaz de hacer daño, así que enseñarle el hasshoken justo a él era algo que le podría ser bastante útil. Al fin y al cabo, si no tenía una fuerza equiparable a la mía, el hecho de conseguir que sus ataques ignoraran resistencias le haría no tener que depender tanto de ese atributo. Y por otra parte, Masami era una persona que lejos de usar su pistolita para marear y distraer, también se centraba en el combate cuerpo a cuerpo, y de entre todos los compañeros, era la que tenía un estilo más parecido al mío.
Era un win-win, por un lado, yo ganaba compañeros con los que poder romper piedras a cabezazos, y por otro, ellos aprenderían una pedazo de técnica que no les requeriría una fuerza abismal para reventarle los umbrales a sus adversarios. Y todo quedaba en casa, entre marines, entre los buenos.
Repetía una y otra vez en una de esas sesiones de entrenamiento bajo la luz del sol que se asomaba por el horizonte, a primera hora de la mañana, mientras le daba como una cabra a cualquier piedra que encontraba por el camino, dándome igual el tamaño que tuviera. Menuda frente más dura había conseguido gracias al entrenamiento de la magnífica Sira Matcha, menuda marcha, frente pa’ aquí, frente pa’ allá. Un ligero gesto y ¡PAM!—. ¡Chúpate esa, piedra flotante! ¿Quieres más? ¡Ven a por mi!
Cualquiera que me viera hablando sola y pegando cabezazos a las rocas saladas y envueltas en nubes se pensaría que era una esquizofrénica perdida. Y eso que había dormido mis ocho horitas y estaba lechuga como una fresca. No, no, fuera bromas, estaba bien descansada, pero es que tenía una frente a prueba de balas, y todo gracias al hasshoken. Tenía que enseñárselo a mis nakamas… Ya me habían avisado de que no todo el mundo era capaz de sacarle el mayor partido posible a este estilo de lucha, pero sin duda eran unas técnicas que venían bastante bien… Eso de ser capaz de hacer daño directo, ignorando las resistencias pasivas, era un plus muy plus extra, muy mega híper plus extra max pro.
¿Quién había por ahí con quien poder darle cabezazos a las cosas como una cabra? ¿Cuál de todos estos era el que más se parecía a una cabra? ¿Kael? Era muy formal para ser una cabra… Víctima perfecta para empezar a marearlo. ¿Estaba cerca? Sí lo estaba.
—¡Kael, al toque con la cabeza, que no se caiga al suelo la pelota! —y con un fuerte grito y de un cabezazo con fuerza controlada, le lancé una piedra del tamaño de un balón de fútbol en dirección a su cabeza. ¿Sería capaz de devolverme el pase dándole un cabezazo? ¿Estaría tan loco como yo?
Estando donde estaban, ya en el Grand Line, y en concreto, en Skypiea, debería de tener la suficiente fuerza como para ser capaz de darle un golpe con la frente sin que se cayera al suelo del madrazo. Y mientras yo le esperaba con los ojos abiertos como platos esperando que fuera capaz de seguirme el juego. Solo esperaba que aguantara esos cabezazos, y si no le enseñaba, no tenía que preocuparse. ¿No sería genial poder darse un cabezazo contra alguien y jugar como juegan las cabras? Estaba deseando poder batirme con alguien golpeándome frente con frente, solo de imaginarlo ya sonaba divertido. Y entonces me acordé de Masami, ¿no eran que sus técnicas tenían nombres de animales? Me quiere sonar que a una la llamó Leo… Y eso es un león.
—¡Masami, acércate, ven a jugar con nosotros al fútbol! —le grité desde lo lejos, ya que también había madrugado tanto como yo y conseguí diferenciarlo en la distancia, saliendo de una de las casas que nos facilitó Zarutsuki para nuestra estancia en la isla.
Kael era un tipo resistente, bastante mucho más que yo, pero no me ganaba en fuerza, y un tanque también tenía que ser capaz de hacer daño, así que enseñarle el hasshoken justo a él era algo que le podría ser bastante útil. Al fin y al cabo, si no tenía una fuerza equiparable a la mía, el hecho de conseguir que sus ataques ignoraran resistencias le haría no tener que depender tanto de ese atributo. Y por otra parte, Masami era una persona que lejos de usar su pistolita para marear y distraer, también se centraba en el combate cuerpo a cuerpo, y de entre todos los compañeros, era la que tenía un estilo más parecido al mío.
Era un win-win, por un lado, yo ganaba compañeros con los que poder romper piedras a cabezazos, y por otro, ellos aprenderían una pedazo de técnica que no les requeriría una fuerza abismal para reventarle los umbrales a sus adversarios. Y todo quedaba en casa, entre marines, entre los buenos.
Resumen

