22-08-2026, 07:10 AM
Después del cúmulo de emociones vividas durante el torneo, de la inminente despedida, la derrota en combate, las heridas obtenidas, los cuidados del castaño y su serpiente, y la sorpresa inherente a la osada decisión de Tezca, la llegada a las habitaciones ofrecidas por el emperador se siente como el respiro que todos y cada uno de ellos necesitaban. Lo primero que hace es llenar la bañera y meterse en ella, un largo baño le espera, relajante, suave, delicado para no lastimar sus heridas que luego cubre con gasas. Cardan irrumpe en la habitación para unirse a ella, Runin incluso le lava, está demasiado sucio, es inaudito.
Al salir hacia la habitación, envuelta en una toalla blanca, la morena de mirada chocolate rememora desde la llegada a la isla hasta el momento en que su magullado cuerpo choca contra una de las suaves camas de la estancia. El rostro se desvía hacia una gran ventana que da a la parte posterior de la casa; algunas plantas cuidadosamente atendidas ofrecen aire fresco, mientras una ligera brisa la obliga a entrecerrar los ojos, como si estuviera a punto de caer rendida ante el dios del sueño, cualquiera de los tantos conocidos por el mundo mitológico.
¿Cuántos minutos han pasado? El tiempo parece superfluo cuando el sonido apresurado de la puerta la despierta de golpe. Acelerada busca sentarse hasta que lo ve, no, la ve. ¡Qué confuso! Menea el rostro de un costado a otro, algo mareada por el sueño. ¡Tezca! La pregunta le roba una sonrisa de medio lado. No tiene por qué estar a la ofensiva, está segura con sus compañeros. Cardan, por otra parte, sigue bien dormido sobre la cama, en algún momento se ha echado junto a su dueña, muerto por el largo día de aventuras.

—Cariño, ¿a ver una vuelta? Estás precioso, no, preciosa. Veamos qué podemos hacer con esas curvas, fufufu.
Una risa cómplice aflora entre ellas. El hecho de sentirse confundida debido a la costumbre no quiere decir que no se sienta feliz por las decisiones de la rubia, al contrario. ¡Está hermosa! Tanto que ya puede imaginar nuevos escenarios dentro del barco. Incluso podrían bañarse juntas e ir de compras. ¡Ropa! Van a necesitar más ropa, de por sí Yuuki tiende a robarle los pantalones, si Tezca se une al saqueo terminará vistiendo harapos. No, no, hay que programar días de chicas.
El confiable morral se abre para extraer la única prenda que ha llevado consigo durante el camino hacia el lugar, aguantando peripecias. El vestido rojo se ve apretado, ayuda a la fémina a ponérselo. ¿Runin? Ya pensará qué usar luego del baño, le emociona más pensar en ver a la rubia sentirse cómoda con su nuevo cuerpo, con su nuevo “yo”. —Bienvenida al club de las bubis, cariño, fufufu.
La despide con un gesto de un beso volado antes de buscar entre los cajones del complejo. Las vestimentas encontradas son sencillas, nada que logre realzar su figura como le gustaría, algunas prendas son menudas. Elige una que puede parecer suelta aunque le quede corta de abajo. Se peina con parsimonia hasta que el ruido de voces en el exterior le hace intuir lo obvio, es momento de socializar un poco con sus amigos. ¿También se habrán bañado? El aroma a carne relaja sus sentidos, el estómago ruge.

—Bien cocida, cariño.
Es lo primero que dice al salir, escuchando como bienvenida a Uker. ¿Oh? ¿Y ese barril? Curiosa se acerca, lo abre, lo huele. —¡Un verdadero regalo de los dioses, fufufu! —Bromea buscando dos copas y un cucharón para servir, es ahí cuando lo ve, sentándose en el costado más alejado de la mesa, conversando sobre pantalones y el novio de Tezca.
—¿Oh? ¿Pero qué tenemos aquí? —Una sonrisa extensa, casi fastidiosa asoma en su rostro. —Alguien que tiene tan presente a su capitán quitándole los pantalones a otro es porque debe ser o muy fetichista o muy celoso. ¿No lo crees, cariño? Fufufu. —Levanta ambas copas de vino llenas. Bebe un sorbo de la suya antes de pasar junto a Kiyoshi, le hace el ademán de estar a punto de regarle vino encima mas ninguna gota cae sobre él, solo quiere molestarlo. Se retira riendo estruendo para sentarse al costado derecho de su capitán.
—Qué visitas tan agradables tenemos hoy, querido. —Pronuncia con suavidad, entregándole la otra copa de vino. No demora en regresar la atención hacia Tezca. —¿Tu novio te debe más de una explicación, Tezca? Tranquila, si quieres vengarte siempre te quedará Barald… ¿A dónde está él, a todo esto? —Mira a su alrededor.
—Ahora que lo pienso este lugar está reluciente, qué buen trabajo han hecho con estas casas. —Menciona, haciendo conversación, relame ligeramente sus labios. —Incluso ustedes se bañaron, qué novedad, fufufu. —Es mentira, pero le encanta picar a las personas. Regresa la oscura mirada un momento hacia Ryota, huele bien. ¿Cómo es capaz de hacer amigos allá por donde va? Es una habilidad de lo más extraordinaria. Ella prefiere seguir riéndose un poco a costa de otros, es por ello que vuelve a sonreír a Kiyoshi.

—¿Por qué te sientas tan lejos de nosotros? Acércate, no mordemos.
Es ahí cuando Cardan aparece en escena, bien despierto, con su pequeño gorrito y una corbata improvisada que Runin le ha puesto mientras dormía. La serpiente busca el aroma de la comida, acercándose a Uker, curioso lo rodea un poco. —¡Cuidado te quemas, Cardy!
Al salir hacia la habitación, envuelta en una toalla blanca, la morena de mirada chocolate rememora desde la llegada a la isla hasta el momento en que su magullado cuerpo choca contra una de las suaves camas de la estancia. El rostro se desvía hacia una gran ventana que da a la parte posterior de la casa; algunas plantas cuidadosamente atendidas ofrecen aire fresco, mientras una ligera brisa la obliga a entrecerrar los ojos, como si estuviera a punto de caer rendida ante el dios del sueño, cualquiera de los tantos conocidos por el mundo mitológico.
¿Cuántos minutos han pasado? El tiempo parece superfluo cuando el sonido apresurado de la puerta la despierta de golpe. Acelerada busca sentarse hasta que lo ve, no, la ve. ¡Qué confuso! Menea el rostro de un costado a otro, algo mareada por el sueño. ¡Tezca! La pregunta le roba una sonrisa de medio lado. No tiene por qué estar a la ofensiva, está segura con sus compañeros. Cardan, por otra parte, sigue bien dormido sobre la cama, en algún momento se ha echado junto a su dueña, muerto por el largo día de aventuras.

—Cariño, ¿a ver una vuelta? Estás precioso, no, preciosa. Veamos qué podemos hacer con esas curvas, fufufu.
Una risa cómplice aflora entre ellas. El hecho de sentirse confundida debido a la costumbre no quiere decir que no se sienta feliz por las decisiones de la rubia, al contrario. ¡Está hermosa! Tanto que ya puede imaginar nuevos escenarios dentro del barco. Incluso podrían bañarse juntas e ir de compras. ¡Ropa! Van a necesitar más ropa, de por sí Yuuki tiende a robarle los pantalones, si Tezca se une al saqueo terminará vistiendo harapos. No, no, hay que programar días de chicas.
El confiable morral se abre para extraer la única prenda que ha llevado consigo durante el camino hacia el lugar, aguantando peripecias. El vestido rojo se ve apretado, ayuda a la fémina a ponérselo. ¿Runin? Ya pensará qué usar luego del baño, le emociona más pensar en ver a la rubia sentirse cómoda con su nuevo cuerpo, con su nuevo “yo”. —Bienvenida al club de las bubis, cariño, fufufu.
La despide con un gesto de un beso volado antes de buscar entre los cajones del complejo. Las vestimentas encontradas son sencillas, nada que logre realzar su figura como le gustaría, algunas prendas son menudas. Elige una que puede parecer suelta aunque le quede corta de abajo. Se peina con parsimonia hasta que el ruido de voces en el exterior le hace intuir lo obvio, es momento de socializar un poco con sus amigos. ¿También se habrán bañado? El aroma a carne relaja sus sentidos, el estómago ruge.

—Bien cocida, cariño.
Es lo primero que dice al salir, escuchando como bienvenida a Uker. ¿Oh? ¿Y ese barril? Curiosa se acerca, lo abre, lo huele. —¡Un verdadero regalo de los dioses, fufufu! —Bromea buscando dos copas y un cucharón para servir, es ahí cuando lo ve, sentándose en el costado más alejado de la mesa, conversando sobre pantalones y el novio de Tezca.
—¿Oh? ¿Pero qué tenemos aquí? —Una sonrisa extensa, casi fastidiosa asoma en su rostro. —Alguien que tiene tan presente a su capitán quitándole los pantalones a otro es porque debe ser o muy fetichista o muy celoso. ¿No lo crees, cariño? Fufufu. —Levanta ambas copas de vino llenas. Bebe un sorbo de la suya antes de pasar junto a Kiyoshi, le hace el ademán de estar a punto de regarle vino encima mas ninguna gota cae sobre él, solo quiere molestarlo. Se retira riendo estruendo para sentarse al costado derecho de su capitán.

—Qué visitas tan agradables tenemos hoy, querido. —Pronuncia con suavidad, entregándole la otra copa de vino. No demora en regresar la atención hacia Tezca. —¿Tu novio te debe más de una explicación, Tezca? Tranquila, si quieres vengarte siempre te quedará Barald… ¿A dónde está él, a todo esto? —Mira a su alrededor.
—Ahora que lo pienso este lugar está reluciente, qué buen trabajo han hecho con estas casas. —Menciona, haciendo conversación, relame ligeramente sus labios. —Incluso ustedes se bañaron, qué novedad, fufufu. —Es mentira, pero le encanta picar a las personas. Regresa la oscura mirada un momento hacia Ryota, huele bien. ¿Cómo es capaz de hacer amigos allá por donde va? Es una habilidad de lo más extraordinaria. Ella prefiere seguir riéndose un poco a costa de otros, es por ello que vuelve a sonreír a Kiyoshi.

—¿Por qué te sientas tan lejos de nosotros? Acércate, no mordemos.
Es ahí cuando Cardan aparece en escena, bien despierto, con su pequeño gorrito y una corbata improvisada que Runin le ha puesto mientras dormía. La serpiente busca el aroma de la comida, acercándose a Uker, curioso lo rodea un poco. —¡Cuidado te quemas, Cardy!
Karmas de estrellitas
