22-08-2026, 09:48 AM
(Última modificación: 22-08-2026, 09:50 AM por Akira Raito.)
Por suerte o por desgracia (para Kael), el chico de pelo negro había recibido el balón (la piedra) con el aguante suficiente no abrirse la cabeza y tener que irse corriendo a la enfermería a que le dieran algún que otro punto. Pero no me la había devuelto. Pues que miedoso, ¿no se supone que él era el más resistente de la 75? Aunque no le diera con fuerza y no la rompiera, el pase tenía que devolverlo. ¿Qué era eso de que te de la piedra en la cabeza, y ya?
—Pero tu no eres cualquier otro, ¿a que no? Fuiste de tu equipo el que aguantó aquel chorro de aire, ¡venga Kael! ¡Que a mí eso me hubiera mandado a volar! —expresé con entusiasmo y una amplia sonrisa, mientras me recogía el largo cabello dorado y brillante, tan característico en mi, y que MENOS MAL no había perdido en aquel cambio de sexo, en una coleta.
Y al tiempo en que me sujetaba el pelo con la goma que tenía en la muñeca (porque sí, se lo había visto a otras chicas, sobre todo a quienes se dedican a deportes de contacto, que el pelo tenía que ir recogido (a veces) para no molestar), noté como Masami se acercaba con curiosidad gracias al grito con el que momentos atrás la había llamado.
Por mi parte, y mientras mi compañera de división se acercaba, yo estaba buscando otra piedra del tamaño de una sandía para volver a intentar el juego—. Pero esta no es una pelota cualquiera, es un pedrolo del tamaño de tu cabeza, ¡mira! —grité de nuevo con alegría al encontrar una nueva piedra más o menos redonda y bien grande y cogerla para levantarla por encima de mi cabeza, a la altura de mis compañeros. Que eran un poquito más altos que yo, pero tampoco nos pasemos—. Quiero enseñaros una técnica y creo que de entre todos los marines, sois los que mejor partido le vais a sacar —les miré, esta vez con seriedad, para acto seguido, y ante las palabras de Masami, caerme de espaldas y dejar las piernas tiesas y mirando al cielo, mientras me encontraba tirada en el suelo (figurativamente, como pasaba en Shinchan cuando la liaba de alguna manera).
—Pues mira, se nota bastante el cambio, pero me gusta —dije mientras me levantaba de nuevo y me quitaba el polvo (las nubes) del pantalón y me empezaba a amasar las tetas como si estuviera haciendo pan—. No me siento menos rápido, ¡digo rápida! Aunque sí que es verdad que el que te claven unas uñas más largas que las de la Rosalía en las costillas me ha dejado algo entumeci… da. Pero yo creo que se me pasará. Lo que quiero decir es que sí, me pesan las tetas, ¡pero oye, no por eso soy menos rápida! —seguía con las manos en los pechos, mis pechos, hasta que me di cuenta porque la piedra estaba en el suelo. ¡Y me agaché de nuevo con velocidad para recogerla!
—¡No me líes Masato! Bueno, lo que os quería decir, ¿queréis aprender está técnica? ¡¡BUTO!! —y le pegué tremendo cabezazo a la piedra después de dar un pequeño salto en el aire para coger impulso—. La aprendí en Isla del Karate y fue algo durillo, así que venga, seguiré los pasos de mi maestra, la señorita Matcha, Sira Matcha, para que la podáis dominar… Creo que me acuerdo de todo, ¡vamos, venga! —y esta vez sin buscar ninguna piedra nueva, lo que les hice fue seguirme hasta una zona en la que no hubiera muchas nubes, sino más piedras, pero de superficie lisa, en las que poder subirnos para empezar el entrenamiento.
—Primera parte del entrenamiento del Buto: acondicionamiento craneal. Quiero que hagáis el pino, pero no con las manos, sino con la cabeza, con esta parte de aquí —les expliqué mientras me señalaba a la coronilla—. A mi me tuvieron así como unas seis horas, pero también era mucho más débil, yo creo que con que aguantéis un par de horas será suficiente. Tenéis que ser capaces de aguantar vuestro propio peso corporal con el cuello, ya os explicaré más adelante como funciona eso de que la velocidad es clave en la caída y por eso el salto. ¡Ahora a hacer el pino, vamos, vamos, vamos! —les expliqué con una sonrisa que se me veían los dientes y mientras daba aplausos a cada “vamos” que decía para animar a mis compañeros.
—Pero tu no eres cualquier otro, ¿a que no? Fuiste de tu equipo el que aguantó aquel chorro de aire, ¡venga Kael! ¡Que a mí eso me hubiera mandado a volar! —expresé con entusiasmo y una amplia sonrisa, mientras me recogía el largo cabello dorado y brillante, tan característico en mi, y que MENOS MAL no había perdido en aquel cambio de sexo, en una coleta.
Y al tiempo en que me sujetaba el pelo con la goma que tenía en la muñeca (porque sí, se lo había visto a otras chicas, sobre todo a quienes se dedican a deportes de contacto, que el pelo tenía que ir recogido (a veces) para no molestar), noté como Masami se acercaba con curiosidad gracias al grito con el que momentos atrás la había llamado.
Por mi parte, y mientras mi compañera de división se acercaba, yo estaba buscando otra piedra del tamaño de una sandía para volver a intentar el juego—. Pero esta no es una pelota cualquiera, es un pedrolo del tamaño de tu cabeza, ¡mira! —grité de nuevo con alegría al encontrar una nueva piedra más o menos redonda y bien grande y cogerla para levantarla por encima de mi cabeza, a la altura de mis compañeros. Que eran un poquito más altos que yo, pero tampoco nos pasemos—. Quiero enseñaros una técnica y creo que de entre todos los marines, sois los que mejor partido le vais a sacar —les miré, esta vez con seriedad, para acto seguido, y ante las palabras de Masami, caerme de espaldas y dejar las piernas tiesas y mirando al cielo, mientras me encontraba tirada en el suelo (figurativamente, como pasaba en Shinchan cuando la liaba de alguna manera).
—Pues mira, se nota bastante el cambio, pero me gusta —dije mientras me levantaba de nuevo y me quitaba el polvo (las nubes) del pantalón y me empezaba a amasar las tetas como si estuviera haciendo pan—. No me siento menos rápido, ¡digo rápida! Aunque sí que es verdad que el que te claven unas uñas más largas que las de la Rosalía en las costillas me ha dejado algo entumeci… da. Pero yo creo que se me pasará. Lo que quiero decir es que sí, me pesan las tetas, ¡pero oye, no por eso soy menos rápida! —seguía con las manos en los pechos, mis pechos, hasta que me di cuenta porque la piedra estaba en el suelo. ¡Y me agaché de nuevo con velocidad para recogerla!
—¡No me líes Masato! Bueno, lo que os quería decir, ¿queréis aprender está técnica? ¡¡BUTO!! —y le pegué tremendo cabezazo a la piedra después de dar un pequeño salto en el aire para coger impulso—. La aprendí en Isla del Karate y fue algo durillo, así que venga, seguiré los pasos de mi maestra, la señorita Matcha, Sira Matcha, para que la podáis dominar… Creo que me acuerdo de todo, ¡vamos, venga! —y esta vez sin buscar ninguna piedra nueva, lo que les hice fue seguirme hasta una zona en la que no hubiera muchas nubes, sino más piedras, pero de superficie lisa, en las que poder subirnos para empezar el entrenamiento.
—Primera parte del entrenamiento del Buto: acondicionamiento craneal. Quiero que hagáis el pino, pero no con las manos, sino con la cabeza, con esta parte de aquí —les expliqué mientras me señalaba a la coronilla—. A mi me tuvieron así como unas seis horas, pero también era mucho más débil, yo creo que con que aguantéis un par de horas será suficiente. Tenéis que ser capaces de aguantar vuestro propio peso corporal con el cuello, ya os explicaré más adelante como funciona eso de que la velocidad es clave en la caída y por eso el salto. ¡Ahora a hacer el pino, vamos, vamos, vamos! —les expliqué con una sonrisa que se me veían los dientes y mientras daba aplausos a cada “vamos” que decía para animar a mis compañeros.
Resumen

