22-08-2026, 07:26 PM
No juegues conmigo, la situación no necesita escalar en absoluto. Las amenazas con navajas era una muy clara amenaza directa a mi y a una persona que valora mucho la paz. Hasta que quieren acabar con mi paz. Estar con mi Gyojin, comprar cosas bonitas, comer algo, son las cosas que me darían felicidad, pero ese arma punzante me cortaba el mojo. No me atrevía a decirle nada al momento ya que me parecía que cualquier cosa podía desencadenar una situación que no resolveré con palabras.
Mis ojos seguían el movimiento de la navaja con total agilidad, aun cuando él hizo diversos movimientos de prestidigitación para engañar a mis reflejos. El pleito aún no había dado inicio pero la tensión comenzó a acumularse conforme el baile de la hoja iba acelerando. Mis dedos bailaban como lo hacen los de un pistolero que ve inminente un duelo de velocidad. Miradas sostenidas y palabras que eran claramente ofensivas.
Un fuerte coletazo rompió la tensión que los dos hicieron ese movimiento felino en modo espejo al ser tomados por sorpresa. miradas que soslayan sobre la mujer de escamas ocre y diseño atigrado. Utilizando sus cualidades poner las cartas sobre la mesa. Parece que la posibilidad de atender clientes con actitud es suficiente para resolver este asunto. La navaja bailó en giros entre sus dedos hasta que fue enfundada. Como quien hace trucos para engañar, que no vean venir su siguiente movimiento.
Su bemba hace gestos y son gestos que no me encantan. Lo observó con total cautela. Está esperando a que yo acceda y soy muy orgulloso para hacerlo de buena manera, mi mirada se mantiene desafiante. Luego me muestra su sonrisa con dientes dorados pero de joyería que ha puesto en ellos y es de aquellas que usaría un harlequin para prestar burla.
Una voz en mi cabeza, me recuerda que estas acciones no tienen que derribar mi manera de actuar hay maneras. Es una voz que nunca se rompe, melodiosa, tranquila, me susurra al oído como una consejera. Lo pensé y alce mi mirada, aunque me supera en altura, mi esto es tranquilo y mi mirada es similar a la que ella daba a otros.
— Le explicaba, que esos brazaletes no son los que se quieren llevar, son unos grilletes. Le decía que no los tuviera a la vista, es mejor reservarlos para una cliente más peculiar, es todo.— No iba a dejar que me pudiera sentir erosionado, no era un debate sobre la razón, era yo educando a un vendedor de poca monta. — Lamento que malentendido tuviste. — No lo desafiaba, no frontal, pero era claro que no era la disculpa que él buscaba. No retracté mis palabras, no lo estaba ofendiendo pero si lo ponía en una línea clara.
Cambié de su cara malhumorada, que arruga su nariz para señalar que mis disculpas no le encantaron. De hecho eran una victoria como un dulce de limón, es lo que quieres pero no sabes cómo esperas por la acidez del fondo. Mi atención cambiada a la Gyojin a la cual veo con una sonrisa y me acerco para tomar su mano cómo mi pareja. — Gracias, casi se prende un problema. ¿Hay alguna que te guste? — Mi mirada puesta con atención, a la bisutería y entre los adornos veo una tiara, no es una corona o un cintillo, me gustó porque tenía ese aspecto como si colgara y dejaba una piedra brillante en forma de rombo en el medio de la frente.
La tomé y de inmediato la puse en su frente. Para ello tuve que mostrarle ligeramente su rostro sobre la capucha, tenía que ver- — Toda una preciosura. — Yo se que ella no necesita que yo le compre que si me lo permitía lo haría sin dudar. Medí mis palabras pues recordaba que ella no es de lo que les gusten los reyes o esos sistemas de gobernantes.
Mis ojos seguían el movimiento de la navaja con total agilidad, aun cuando él hizo diversos movimientos de prestidigitación para engañar a mis reflejos. El pleito aún no había dado inicio pero la tensión comenzó a acumularse conforme el baile de la hoja iba acelerando. Mis dedos bailaban como lo hacen los de un pistolero que ve inminente un duelo de velocidad. Miradas sostenidas y palabras que eran claramente ofensivas.
Un fuerte coletazo rompió la tensión que los dos hicieron ese movimiento felino en modo espejo al ser tomados por sorpresa. miradas que soslayan sobre la mujer de escamas ocre y diseño atigrado. Utilizando sus cualidades poner las cartas sobre la mesa. Parece que la posibilidad de atender clientes con actitud es suficiente para resolver este asunto. La navaja bailó en giros entre sus dedos hasta que fue enfundada. Como quien hace trucos para engañar, que no vean venir su siguiente movimiento.
Su bemba hace gestos y son gestos que no me encantan. Lo observó con total cautela. Está esperando a que yo acceda y soy muy orgulloso para hacerlo de buena manera, mi mirada se mantiene desafiante. Luego me muestra su sonrisa con dientes dorados pero de joyería que ha puesto en ellos y es de aquellas que usaría un harlequin para prestar burla.
Una voz en mi cabeza, me recuerda que estas acciones no tienen que derribar mi manera de actuar hay maneras. Es una voz que nunca se rompe, melodiosa, tranquila, me susurra al oído como una consejera. Lo pensé y alce mi mirada, aunque me supera en altura, mi esto es tranquilo y mi mirada es similar a la que ella daba a otros.
— Le explicaba, que esos brazaletes no son los que se quieren llevar, son unos grilletes. Le decía que no los tuviera a la vista, es mejor reservarlos para una cliente más peculiar, es todo.— No iba a dejar que me pudiera sentir erosionado, no era un debate sobre la razón, era yo educando a un vendedor de poca monta. — Lamento que malentendido tuviste. — No lo desafiaba, no frontal, pero era claro que no era la disculpa que él buscaba. No retracté mis palabras, no lo estaba ofendiendo pero si lo ponía en una línea clara.
Cambié de su cara malhumorada, que arruga su nariz para señalar que mis disculpas no le encantaron. De hecho eran una victoria como un dulce de limón, es lo que quieres pero no sabes cómo esperas por la acidez del fondo. Mi atención cambiada a la Gyojin a la cual veo con una sonrisa y me acerco para tomar su mano cómo mi pareja. — Gracias, casi se prende un problema. ¿Hay alguna que te guste? — Mi mirada puesta con atención, a la bisutería y entre los adornos veo una tiara, no es una corona o un cintillo, me gustó porque tenía ese aspecto como si colgara y dejaba una piedra brillante en forma de rombo en el medio de la frente.
La tomé y de inmediato la puse en su frente. Para ello tuve que mostrarle ligeramente su rostro sobre la capucha, tenía que ver- — Toda una preciosura. — Yo se que ella no necesita que yo le compre que si me lo permitía lo haría sin dudar. Medí mis palabras pues recordaba que ella no es de lo que les gusten los reyes o esos sistemas de gobernantes.
