23-08-2026, 04:09 PM
Compensarlos... O y tanto... y tanto si los iba a compensar. Separó sus manos, esta vez tomando uno de sus muslos, elevando su pierna hasta acomodarla sobre su hombro, penetrando a la mujer con más ímpetu y agresividad. No podía dejar de pronunciar su nombre una y otra vez, las agitadas respiraciones y el calor embriagaban todos sus sentidos y, lo mejor, escucharla pronunciar su el suyo propio solo hacía que sus movimientos fueran más profundos y el cuidado que se había esforzado por mantener se desvaneciera de un momento a otro. Aferró con firmeza ese muslo, descendiendo la mirada y viendo la humedad que se deslizaba y manchaba toda la extensión de su erección y su propia pelvis. El sonido obsceno se hacía más y más sonoro, el choque de su piel contra la de ella entremezclándose con el sonido húmedo. Mordió su labio inferior, en un último intento de soportar el intenso placer y controlarse un poco, solo un poco... Hasta que elevó su rostro, viendo sus lágrimas, en conjunto con el rojo que se formaba en su piel...
No con esa belleza delante de él, no con esos ojos azules suplicándole con esa mirada, no con su cuerpo demandándolo como si fuera suyo... Sí... Tezca era suyo, nadie, absolutamente nadie más tenía el derecho de tocarla como lo estaba haciendo él. NADIE. Cortaría las manos del que le pusiera las manos encima.
Con la atención hacia sus senos no se percató del movimiento astuto de Tezca, quien comenzó a apretar su cuello. Mierda... Mierda... MIERDA... Su respiración comenzó a fallar, pero lejos de frenar solo hizo que sus caderas la golpearan más bruscamente, sus ojos elevándose, perdiéndose en el blanco de sus ojos. Todo esto era...
No podía soportarlo, solo ella sabía como satisfacerlo de la forma que él tanto adoraba. Sabía exactamente cómo hacerle perder la cordura. Las venas de su cuello se marcaron ante la explosión de emociones acompañadas de la falta de respiración, haciendo que sus propios gemidos sonaran más ahogados. Sus sentidos se dispararon como ninguno, pudiendo escuchar sus palabras, la petición y dejándose llevar hasta que su rostro estaba completamente frente al suyo. Los ojos de Jin se estaban perdiendo en el placer, el rojo del calor, la excitación y las sensaciones que estaba sintiendo no hicieron más que acentuar más su rostro, su cuerpo convulsionaba en grandes oleadas de placer. Se esforzó por enfocar la mirada como le era posible, poder ver las lágrimas de Tezca, esa deliciosa expresión que lo estaba enloqueciendo, haciendo perder la cordura lo suficiente solo para satisfacer sus propios placeres y los deseos que le indicaba Tezca.
No podía soportarlo más, lo necesitaba. Su vista se volvía borrosa, sus propios músculos se tensaban y la mano que apretaba el botón inferior solo se aceleraba, apretándolo, rozándolo con su pulgar. Fue cuando lo sintió, cómo de repente apretaba con tanta firmeza que parecía succionarlo hacia ella. No podía soportarlo más, su nuca descendió, más por la fuerza de Tezca para besarla, cerrando sus ojos para sentirla mejor, estallando en su interior sin poder controlarse. La eyaculación lo hizo estremecerse, todavía con el rojo en sus mejillas, empujando toda la extensión hasta lo más profundo de ella, manteniéndolo en el interior. Pudo sentir su propia descarga, una tras otra, liberarse como nunca antes lo había hecho.
Su voz sonaba ronca, casi inentendible entre un beso y otro. Sus dos brazos rodearon la cadera de la mujer, no queriendo separarse, no todavía. Estaba lejos, muy lejos de terminar. Disfrutó del sabor de su lengua, las piernas que lo apresaban solo le daban más pie a no querer alejarse. La lengua de la mujer era quien se había adelantado al suyo propio, dejándose llevar, con el calor del momento, disfrutando del sabor de su boca, lo mucho que había extrañado su momento con ella, y lo nuevo que resultaba ser esa sensación. Sus músculos siguieron tensos, apretándola en un abrazo, elevando su mano libre para acomodarla tras la nuca de la mujer, sin dejar que se separase de él. Solo un poco más... Un poco más... Se encargaría de que no olvidara esa noche y por supuesto iba a compensar esos dos largos años como nunca lo había hecho con ningún hombre ni ninguna mujer.

Ah mierda. No podía...
No con esa belleza delante de él, no con esos ojos azules suplicándole con esa mirada, no con su cuerpo demandándolo como si fuera suyo... Sí... Tezca era suyo, nadie, absolutamente nadie más tenía el derecho de tocarla como lo estaba haciendo él. NADIE. Cortaría las manos del que le pusiera las manos encima.
Con la atención hacia sus senos no se percató del movimiento astuto de Tezca, quien comenzó a apretar su cuello. Mierda... Mierda... MIERDA... Su respiración comenzó a fallar, pero lejos de frenar solo hizo que sus caderas la golpearan más bruscamente, sus ojos elevándose, perdiéndose en el blanco de sus ojos. Todo esto era...

“Se siente... tan bien...”
No podía soportarlo, solo ella sabía como satisfacerlo de la forma que él tanto adoraba. Sabía exactamente cómo hacerle perder la cordura. Las venas de su cuello se marcaron ante la explosión de emociones acompañadas de la falta de respiración, haciendo que sus propios gemidos sonaran más ahogados. Sus sentidos se dispararon como ninguno, pudiendo escuchar sus palabras, la petición y dejándose llevar hasta que su rostro estaba completamente frente al suyo. Los ojos de Jin se estaban perdiendo en el placer, el rojo del calor, la excitación y las sensaciones que estaba sintiendo no hicieron más que acentuar más su rostro, su cuerpo convulsionaba en grandes oleadas de placer. Se esforzó por enfocar la mirada como le era posible, poder ver las lágrimas de Tezca, esa deliciosa expresión que lo estaba enloqueciendo, haciendo perder la cordura lo suficiente solo para satisfacer sus propios placeres y los deseos que le indicaba Tezca.

—Tez-...ca... Haahhh... No puedo...
No podía soportarlo más, lo necesitaba. Su vista se volvía borrosa, sus propios músculos se tensaban y la mano que apretaba el botón inferior solo se aceleraba, apretándolo, rozándolo con su pulgar. Fue cuando lo sintió, cómo de repente apretaba con tanta firmeza que parecía succionarlo hacia ella. No podía soportarlo más, su nuca descendió, más por la fuerza de Tezca para besarla, cerrando sus ojos para sentirla mejor, estallando en su interior sin poder controlarse. La eyaculación lo hizo estremecerse, todavía con el rojo en sus mejillas, empujando toda la extensión hasta lo más profundo de ella, manteniéndolo en el interior. Pudo sentir su propia descarga, una tras otra, liberarse como nunca antes lo había hecho.

—Tezca... Tezca... Mi Tezca...
Su voz sonaba ronca, casi inentendible entre un beso y otro. Sus dos brazos rodearon la cadera de la mujer, no queriendo separarse, no todavía. Estaba lejos, muy lejos de terminar. Disfrutó del sabor de su lengua, las piernas que lo apresaban solo le daban más pie a no querer alejarse. La lengua de la mujer era quien se había adelantado al suyo propio, dejándose llevar, con el calor del momento, disfrutando del sabor de su boca, lo mucho que había extrañado su momento con ella, y lo nuevo que resultaba ser esa sensación. Sus músculos siguieron tensos, apretándola en un abrazo, elevando su mano libre para acomodarla tras la nuca de la mujer, sin dejar que se separase de él. Solo un poco más... Un poco más... Se encargaría de que no olvidara esa noche y por supuesto iba a compensar esos dos largos años como nunca lo había hecho con ningún hombre ni ninguna mujer.
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