23-08-2026, 11:05 PM
(Última modificación: 23-08-2026, 11:21 PM por Miyori Hoshino.)
Para suerte de nuestra anfitriona de cabellos celestes, la solución a sus aflicciones finalmente había llegado, sus ojos ambarinos se desviaron hacia el origen de aquellas dos voces de timbres seductores, cuya apariencia hacía imposible determinar con claridad su género. El asombro se apoderó de ella cuando, poco a poco, sus labios se entreabrieron ante la visión de aquel ser cuya naturaleza y especie resultaban imposibles de identificar a simple vista.
Madame Trompalarga era el nombre de aquella abominación, y la doncella del cabaret la recorrió de pies a cabeza con evidente incredulidad, tratando de asimilar la peculiar apariencia de quien se hacía llamar Madame, seguidamente, la presentación continuó con su acompañante, quien, al parecer también era una okama que vestía de prendas verdes, este segundo personaje poseía una apariencia mucho más femenina, y a simple vista, considerablemente más “normal” que del otro que tenía una trompa por nariz. Nerina supo desenvolverse con naturalidad al entablar conversación con quien parecía ser la coordinadora del establecimiento, y la semi-oni sonrió complacida al escuchar que llamaban “bella” y “buena moza”, inflando ligeramente el pecho con orgullo mientras recibía cada uno de aquellos halagos provenientes del okama de piel morena.
— Ohz Ohz Ohz.. — rió de manera cantarina mientras sus serpientes se deslizaban cariñosamente por sus mejillas, como si compartieran el afecto de su dueña, acto seguido, sus manos adornadas con largas uñas esmaltadas de negro, acariciaban con delicadeza las cabezas de sus mascotas sin perder de vista a las dos debutantes al trabajo — ¡Qué magnífica presentación, chun chun! — exclamó con una voz aterciopelada y melodiosa, acompañando sus palabras con un elegante además que hacía la gracia y el aura distinguida que la caracterizaban como una cortesana de gran renombre en toda la Isla de Karate, o al menos con eso aspiraba ser.
— ¡Son perfectas!, Si de verdad tienen la capacidad de cantar, tocar música y bailar… — especificó con entusiasmo, girándose hacia el interior del bar y extendiendo uno de sus brazos con teatral elegancia – ¡Síganme! La gran Okky les da la bienvenida a la joya de Isla Kárate… ¡El Canto de la Sirena! ¡Chun, chun!
Dentro del bar, pronto notarían que el establecimiento se distribuía en tres niveles claramente diferenciados, el primero correspondía al área de recepción con una amplía zona del bar, un lugar grande con ambiente fiestero y animado, todo característico de un bar cualquiera. En el segundo piso se encontraba el área de entretenimiento privado, reservado para aquellos clientes que buscaban un ambiente más exclusivo y tranquilo, y el último nivel del edificio de madera se hallaba un espacio aún más selecto, al que normalmente sólo tenían acceso los grandes magnates y personas cuyos negocios resultaban especialmente convenientes para el dueño, en ese tercer nivel se resguardaba las ganancias financieras del negocio de entrenamientos nocturnos.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-1.jpg]](https://i.ibb.co/cqKww3t/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-1.jpg)
La señorita Okky avanzaba con elegancia y absoluto dominio del lugar, a su paso la servidumbre inclinaba respetuosamente la cabeza o se apartaba de inmediato como si su presencia bastara para despejarle el camino, parecía una auténtica celebridad recorriendo su propio escenario, nadie era capaz de interrumpir su marcha, por los momentos su travesía era el primer piso donde tuvieron que hacerse camino entre mesas, camareros y algunos clientes ya bastante ebrios, nuestros artistas no tardarían demasiado en percatarse del ambiente festivo que reinaba alrededor, las mesas estaban ocupados por clientes que conversaban, reían y brindaban entre ellos, mientras las meseras cortesanas recorrían el salón con sus elegantes kimonos de sedas con estampados florales, y su rostros era evidente el uso de maquillajes elaborados, procurando mantener una apariencia impecable ante quienes solicitaban su compañía, sin embargo, detrás de aquellas sonrisas cuidadosamente ensayadas podía percibirse el cansancio propio de quienes llevaban horas trabajando, atendiendo a clientes que acudían al establecimiento en busca de bebidas junto la oportunidad de meter mano bajo la tela de una bella dama como aquellas jovencitas de piel porcelana y juventud eterna.
El Canto de la Sirena era perfecto para tal deseos mundanos de cualquier pirata, navegante, comerciante, obrero, y porque no… soldados marines perdidos en la corrupción de su mismo poder, siempre sentados a la ala del fondo del bar para no ser descubiertos por algún otro colega.
— Esta es la zona del bar, normalmente encontrarán que es bastante ruidosa, aquí suelen venir clientes de recursos más modestos que buscan disfrutar de nuestros licores importados de alta calidad proveniente de las mejores islas de west blues, además, cada cliente tiene a su disposición una cortesana que se encarga de acompañarlos y procurar su estancia más agradable, ¿no les parece una idea exquisita?, ¿divina?, chun chun… — preguntó la dama de cuatro metros mientras continuaba avanzando hacia el extremo de las escaleras, ella comenzó a subir los escalones con paso pausado, esperando que sus dos nuevas adquisiciones la siguieran. — Aunque, las cortesanas de mayor categoría, como yo, jamás tuvimos que comenzar en un lugar como este, chun chun.
Al llegar al segundo piso pronto aquella algarabía de risas y festividad quedó atrás, puesto un extenso pasillo de puertas corredizas tradicionales se extendían ante ellos, todas cerradas a excepción de la última de al fondo, mientras tras cada una de aquellas puertas cerradas se filtraban murmullos apagados y conversaciones imposibles de comprender con claridad, salvo para alguien dotado de un oído excepcional.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-2.jpg]](https://i.ibb.co/Qv3npQ80/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-2.jpg)
— Este es el segundo piso de este lugar, reservado para aquellos clientes capaces de permitirse un entretenimiento mucho más exclusivo, chun chun… — explicó Okky sin molestarse en voltear a verles, continuaba caminando delante de ellos con absoluta seguridad, dando por hecho que sus nuevos acompañantes la seguían obedientemente. — Hoy tenemos un invitado especial, el señor Gouki, un respetable señor de los mares que visita nuestro establecimiento de vez en cuando, para disfrutar del mejor entretenimiento de toda la Isla Kárate, chun chun… — La semi-oni hablaba con evidente orgullo mientras sus serpientes se deslizaban lentamente, ascendiendo y descendiendo alrededor de sus hombros, cada tanto tiempo las serpientes dirigían sus miradas de reojo hacia los dos okamas detrás de su dueña. — El señor Gouki es un hombre poderoso y algo gruñón, quizás por su naturaleza de ogro… pero aprecia la buena música y, sobre todo, a los artistas capaces de ofrecer un espectáculo digno de su categoría.
La joven de cabellos celestes se detuvo ahora frente a la última sala, en el interior se extendía una tarima de tamaño moderado, claramente destinada al músico de la velada, rodeada por distintos accesorios para el espectáculo, aros, abanicos, listones, campanillas y otros objetos de danza. En el centro de la sala había una amplia mesa tradicional, de patas bajas y casi pegadas al suelo, rodeada por pequeñas almohadillas que servían como asientos. Dos mujeres vestidas con yukatas de tonalidades verde jade terminaban de disponer sobre la mesa una variedad de platillos extravagantes, ambas jovencitas mantenían expresiones sombrías, nostálgicas, contrastando con el cuidado y elegancia con la belleza del local.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-3.jpg]](https://i.ibb.co/35s7PDCX/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-3.jpg)
— Pueden esperar aquí, por favor, pónganse cómodos en la tarima mientras voy a buscar acompañantes para la ocasión, en unos minutos llegará el señor Gouki junto al dueño y señor de este lugar, el señor Ozu, chun chun… — expresó la dama con una sonrisa dirigida a ambos, una sonrisa encantadora — no tardaré demasiado, no salgan de la sala por ningún motivo.
Eso último lo dijo con voz de advertencia mientras cerraba la puerta corrediza, ¿Que harán ahora nuestros artistas piratas?
Madame Trompalarga era el nombre de aquella abominación, y la doncella del cabaret la recorrió de pies a cabeza con evidente incredulidad, tratando de asimilar la peculiar apariencia de quien se hacía llamar Madame, seguidamente, la presentación continuó con su acompañante, quien, al parecer también era una okama que vestía de prendas verdes, este segundo personaje poseía una apariencia mucho más femenina, y a simple vista, considerablemente más “normal” que del otro que tenía una trompa por nariz. Nerina supo desenvolverse con naturalidad al entablar conversación con quien parecía ser la coordinadora del establecimiento, y la semi-oni sonrió complacida al escuchar que llamaban “bella” y “buena moza”, inflando ligeramente el pecho con orgullo mientras recibía cada uno de aquellos halagos provenientes del okama de piel morena.
— Ohz Ohz Ohz.. — rió de manera cantarina mientras sus serpientes se deslizaban cariñosamente por sus mejillas, como si compartieran el afecto de su dueña, acto seguido, sus manos adornadas con largas uñas esmaltadas de negro, acariciaban con delicadeza las cabezas de sus mascotas sin perder de vista a las dos debutantes al trabajo — ¡Qué magnífica presentación, chun chun! — exclamó con una voz aterciopelada y melodiosa, acompañando sus palabras con un elegante además que hacía la gracia y el aura distinguida que la caracterizaban como una cortesana de gran renombre en toda la Isla de Karate, o al menos con eso aspiraba ser.
— ¡Son perfectas!, Si de verdad tienen la capacidad de cantar, tocar música y bailar… — especificó con entusiasmo, girándose hacia el interior del bar y extendiendo uno de sus brazos con teatral elegancia – ¡Síganme! La gran Okky les da la bienvenida a la joya de Isla Kárate… ¡El Canto de la Sirena! ¡Chun, chun!
Dentro del bar, pronto notarían que el establecimiento se distribuía en tres niveles claramente diferenciados, el primero correspondía al área de recepción con una amplía zona del bar, un lugar grande con ambiente fiestero y animado, todo característico de un bar cualquiera. En el segundo piso se encontraba el área de entretenimiento privado, reservado para aquellos clientes que buscaban un ambiente más exclusivo y tranquilo, y el último nivel del edificio de madera se hallaba un espacio aún más selecto, al que normalmente sólo tenían acceso los grandes magnates y personas cuyos negocios resultaban especialmente convenientes para el dueño, en ese tercer nivel se resguardaba las ganancias financieras del negocio de entrenamientos nocturnos.
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La señorita Okky avanzaba con elegancia y absoluto dominio del lugar, a su paso la servidumbre inclinaba respetuosamente la cabeza o se apartaba de inmediato como si su presencia bastara para despejarle el camino, parecía una auténtica celebridad recorriendo su propio escenario, nadie era capaz de interrumpir su marcha, por los momentos su travesía era el primer piso donde tuvieron que hacerse camino entre mesas, camareros y algunos clientes ya bastante ebrios, nuestros artistas no tardarían demasiado en percatarse del ambiente festivo que reinaba alrededor, las mesas estaban ocupados por clientes que conversaban, reían y brindaban entre ellos, mientras las meseras cortesanas recorrían el salón con sus elegantes kimonos de sedas con estampados florales, y su rostros era evidente el uso de maquillajes elaborados, procurando mantener una apariencia impecable ante quienes solicitaban su compañía, sin embargo, detrás de aquellas sonrisas cuidadosamente ensayadas podía percibirse el cansancio propio de quienes llevaban horas trabajando, atendiendo a clientes que acudían al establecimiento en busca de bebidas junto la oportunidad de meter mano bajo la tela de una bella dama como aquellas jovencitas de piel porcelana y juventud eterna.
El Canto de la Sirena era perfecto para tal deseos mundanos de cualquier pirata, navegante, comerciante, obrero, y porque no… soldados marines perdidos en la corrupción de su mismo poder, siempre sentados a la ala del fondo del bar para no ser descubiertos por algún otro colega.
— Esta es la zona del bar, normalmente encontrarán que es bastante ruidosa, aquí suelen venir clientes de recursos más modestos que buscan disfrutar de nuestros licores importados de alta calidad proveniente de las mejores islas de west blues, además, cada cliente tiene a su disposición una cortesana que se encarga de acompañarlos y procurar su estancia más agradable, ¿no les parece una idea exquisita?, ¿divina?, chun chun… — preguntó la dama de cuatro metros mientras continuaba avanzando hacia el extremo de las escaleras, ella comenzó a subir los escalones con paso pausado, esperando que sus dos nuevas adquisiciones la siguieran. — Aunque, las cortesanas de mayor categoría, como yo, jamás tuvimos que comenzar en un lugar como este, chun chun.
Al llegar al segundo piso pronto aquella algarabía de risas y festividad quedó atrás, puesto un extenso pasillo de puertas corredizas tradicionales se extendían ante ellos, todas cerradas a excepción de la última de al fondo, mientras tras cada una de aquellas puertas cerradas se filtraban murmullos apagados y conversaciones imposibles de comprender con claridad, salvo para alguien dotado de un oído excepcional.
Contenido Oculto
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— Este es el segundo piso de este lugar, reservado para aquellos clientes capaces de permitirse un entretenimiento mucho más exclusivo, chun chun… — explicó Okky sin molestarse en voltear a verles, continuaba caminando delante de ellos con absoluta seguridad, dando por hecho que sus nuevos acompañantes la seguían obedientemente. — Hoy tenemos un invitado especial, el señor Gouki, un respetable señor de los mares que visita nuestro establecimiento de vez en cuando, para disfrutar del mejor entretenimiento de toda la Isla Kárate, chun chun… — La semi-oni hablaba con evidente orgullo mientras sus serpientes se deslizaban lentamente, ascendiendo y descendiendo alrededor de sus hombros, cada tanto tiempo las serpientes dirigían sus miradas de reojo hacia los dos okamas detrás de su dueña. — El señor Gouki es un hombre poderoso y algo gruñón, quizás por su naturaleza de ogro… pero aprecia la buena música y, sobre todo, a los artistas capaces de ofrecer un espectáculo digno de su categoría.
La joven de cabellos celestes se detuvo ahora frente a la última sala, en el interior se extendía una tarima de tamaño moderado, claramente destinada al músico de la velada, rodeada por distintos accesorios para el espectáculo, aros, abanicos, listones, campanillas y otros objetos de danza. En el centro de la sala había una amplia mesa tradicional, de patas bajas y casi pegadas al suelo, rodeada por pequeñas almohadillas que servían como asientos. Dos mujeres vestidas con yukatas de tonalidades verde jade terminaban de disponer sobre la mesa una variedad de platillos extravagantes, ambas jovencitas mantenían expresiones sombrías, nostálgicas, contrastando con el cuidado y elegancia con la belleza del local.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-3.jpg]](https://i.ibb.co/35s7PDCX/Chat-GPT-Image-23-ago-2026-12-59-30-p-m-3.jpg)
— Pueden esperar aquí, por favor, pónganse cómodos en la tarima mientras voy a buscar acompañantes para la ocasión, en unos minutos llegará el señor Gouki junto al dueño y señor de este lugar, el señor Ozu, chun chun… — expresó la dama con una sonrisa dirigida a ambos, una sonrisa encantadora — no tardaré demasiado, no salgan de la sala por ningún motivo.
Eso último lo dijo con voz de advertencia mientras cerraba la puerta corrediza, ¿Que harán ahora nuestros artistas piratas?
La Cajita Pandora

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