24-08-2026, 06:13 PM
El enorme cuerpo de Baldur reaccionó exactamente igual que lo había hecho durante toda su vida: golpeando más fuerte.
Sus músculos ya estaban tensos desde el instante en que el ancla terminó el primer recorrido, preparados para descargar un segundo golpe antes siquiera de que Alex pudiera recuperarse, así que el Wotan giró las manos sobre el mango y comenzó a impulsar nuevamente el arma hacia delante, decidido a aplastar a aquel monstruo de la Marina que se negaba a caer.
Sin embargo, algo no fue como esperaba.
Las enormes manos de Alex se cerraron sobre el ancla.
Baldur respondió de inmediato, tirando de ella con toda la fuerza de sus doce metros de altura. Durante un instante ambos gigantes quedaron enfrentados en una brutal demostración de fuerza, como si ninguno estuviera dispuesto a ceder un solo centímetro. Fue entonces cuando lo vio: El metal comenzó a deformarse. Al principio creyó que se trataba de alguna ilusión provocada por los golpes recibidos. El humo, el dolor y la sangre que le corría por la frente podían explicar muchas cosas.
Pero aquello no era una ilusión, l ancla estaba creciendo.
- ¿Eh...?
Los ojos del Wotan se abrieron ligeramente, el mango se hinchaba, las cadenas se hinchaban, las enormes púas del ancla aumentaban de tamaño como si estuvieran siendo infladas desde dentro, y entonces vio algo todavía peor; Alex también estaba creciendo.
- ¿Qué demonios...? - La incredulidad sustituyó por primera vez a la rabia - ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!
Baldur tiró nuevamente del arma, intentando liberarla de aquel agarre imposible, pero ya era demasiado tarde.
La distancia que separaba a los siete supervivientes del combate desapareció de golpe bajo la grotesca expansión de ambos cuerpos. Algunos de los hombres intentaron retroceder, otros alzaron los brazos para protegerse, pero ninguno tuvo tiempo suficiente para escapar, y entonces llegó la explosión.
BOOOOOOOOOOOM
La playa desapareció bajo una gigantesca esfera de fuego. La onda expansiva arrasó la arena, levantó columnas de agua junto a la orilla y lanzó barriles, tablones y restos de mercancías en todas direcciones. Las llamas engulleron el lugar donde instantes antes se encontraban Baldur, sus hombres y el propio Alex, envolviendo todo en una tormenta de humo negro y fragmentos incandescentes, y durante unos segundos únicamente se escuchó el rugido del fuego, después llegó el silencio.
Un silencio extraño, pesado, inquietante.
Poco a poco el humo comenzó a disiparse, arrastrado por la brisa marina.
Donde antes se alzaba el gigantesco cuerpo de Baldur Puertas ahora solo quedaba una figura inmóvil tendida sobre la arena ennegrecida; el enorme ancla había vuelto a su estado normal, y alrededor de ella yacían los cuerpos de los hombres que habían seguido al Wotan hasta Baterilla.
No hubo ningún movimiento, ninguna carcajada, ningún último desafío.
La voz que durante días había sembrado el miedo entre los pescadores de Baquella se había apagado para siempre.
Baldur Puertas había caído.
Sin embargo, el combate había dejado algo más tras de sí.
A pesar de los daños sufridos durante el enfrentamiento, la embarcación del Wotan seguía parcialmente intacta junto a la orilla. Varias cajas habían salido despedidas durante la explosión y ahora descansaban abiertas sobre la arena, dejando a la vista redes de pesca, herramientas de trabajo, barriles marcados con sellos de distintos pueblos costeros e incluso algunas pertenencias personales que difícilmente podían haber llegado allí de forma legítima.
Entre los restos también podían distinguirse compartimentos aún cerrados y buena parte de la carga permanecía en el interior del barco, protegida tras las gruesas tablas de la cubierta.
Si Baldur había estado extorsionando y saqueando a las poblaciones de la zona durante días, era muy probable que aquella embarcación guardase más respuestas de las que cualquiera habría imaginado en un primer momento.
Sus músculos ya estaban tensos desde el instante en que el ancla terminó el primer recorrido, preparados para descargar un segundo golpe antes siquiera de que Alex pudiera recuperarse, así que el Wotan giró las manos sobre el mango y comenzó a impulsar nuevamente el arma hacia delante, decidido a aplastar a aquel monstruo de la Marina que se negaba a caer.
Sin embargo, algo no fue como esperaba.
Las enormes manos de Alex se cerraron sobre el ancla.
Baldur respondió de inmediato, tirando de ella con toda la fuerza de sus doce metros de altura. Durante un instante ambos gigantes quedaron enfrentados en una brutal demostración de fuerza, como si ninguno estuviera dispuesto a ceder un solo centímetro. Fue entonces cuando lo vio: El metal comenzó a deformarse. Al principio creyó que se trataba de alguna ilusión provocada por los golpes recibidos. El humo, el dolor y la sangre que le corría por la frente podían explicar muchas cosas.
Pero aquello no era una ilusión, l ancla estaba creciendo.
- ¿Eh...?
Los ojos del Wotan se abrieron ligeramente, el mango se hinchaba, las cadenas se hinchaban, las enormes púas del ancla aumentaban de tamaño como si estuvieran siendo infladas desde dentro, y entonces vio algo todavía peor; Alex también estaba creciendo.
- ¿Qué demonios...? - La incredulidad sustituyó por primera vez a la rabia - ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!
Baldur tiró nuevamente del arma, intentando liberarla de aquel agarre imposible, pero ya era demasiado tarde.
La distancia que separaba a los siete supervivientes del combate desapareció de golpe bajo la grotesca expansión de ambos cuerpos. Algunos de los hombres intentaron retroceder, otros alzaron los brazos para protegerse, pero ninguno tuvo tiempo suficiente para escapar, y entonces llegó la explosión.
BOOOOOOOOOOOM
La playa desapareció bajo una gigantesca esfera de fuego. La onda expansiva arrasó la arena, levantó columnas de agua junto a la orilla y lanzó barriles, tablones y restos de mercancías en todas direcciones. Las llamas engulleron el lugar donde instantes antes se encontraban Baldur, sus hombres y el propio Alex, envolviendo todo en una tormenta de humo negro y fragmentos incandescentes, y durante unos segundos únicamente se escuchó el rugido del fuego, después llegó el silencio.
Un silencio extraño, pesado, inquietante.
Poco a poco el humo comenzó a disiparse, arrastrado por la brisa marina.
Donde antes se alzaba el gigantesco cuerpo de Baldur Puertas ahora solo quedaba una figura inmóvil tendida sobre la arena ennegrecida; el enorme ancla había vuelto a su estado normal, y alrededor de ella yacían los cuerpos de los hombres que habían seguido al Wotan hasta Baterilla.
No hubo ningún movimiento, ninguna carcajada, ningún último desafío.
La voz que durante días había sembrado el miedo entre los pescadores de Baquella se había apagado para siempre.
Baldur Puertas había caído.
Sin embargo, el combate había dejado algo más tras de sí.
A pesar de los daños sufridos durante el enfrentamiento, la embarcación del Wotan seguía parcialmente intacta junto a la orilla. Varias cajas habían salido despedidas durante la explosión y ahora descansaban abiertas sobre la arena, dejando a la vista redes de pesca, herramientas de trabajo, barriles marcados con sellos de distintos pueblos costeros e incluso algunas pertenencias personales que difícilmente podían haber llegado allí de forma legítima.
Entre los restos también podían distinguirse compartimentos aún cerrados y buena parte de la carga permanecía en el interior del barco, protegida tras las gruesas tablas de la cubierta.
Si Baldur había estado extorsionando y saqueando a las poblaciones de la zona durante días, era muy probable que aquella embarcación guardase más respuestas de las que cualquiera habría imaginado en un primer momento.
INFO
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