26-08-2026, 05:17 AM
No cabía en su creencia... De la fortuna que le había sonreído al haberle entregado, como primer y único amor, o así lo deseaba él, a alguien como Tezca Norova. No habían celos, no había molestia... Por el contrario, existía una sinceridad y comprensión que solo ella sabía ofrecerle. Nadie, absolutamente nadie más en el mundo podía ser como ella, y él lo sabía. Maldita sea, cuanto más tiempo pasaba con ella, más la amaba... Una sola persona en el mundo era capaz de enternecer el corazón de alguien como él y comprenderlo como lo hacía ella. Descendió su rostro, buscando volver a besarla, satisfecho por una respuesta tan honesta. Claro que iba siempre a volver a ella. Nadie más se merecía su corazón, no había nadie más que hubiera hecho lo mismo que ella.
Su corazón le oprimía con la sola idea de pensar en una separación, en irse, dejarse de nuevo llevar por el mar y los sueños que ambos perseguían. Se acercó a ella, una vez regresó, para sentir su tacto de nuevo. —¿Pensaste mucho en mí...? — Se sentía estúpido, pero su corazón se aceleraba, su pecho lo oprimía, y más la felicidad que le inundaba saber que él sí había sido el único en poder disfrutarla. Esperaba sinceramente que siguiera así, más ahora que su cuerpo era distinto... Descendió su rostro una vez más, besando su nuca, sentándose en la cama ante el coqueteo que le entregaba la mujer una vez más.
Tomó la botella, dando un sorbo, aunque su erección seguía más viva que nunca, la pregunta casi le hace escupir el agua. Comenzó a toser, ascendiendo su mano hasta sus labios para limpiarse la comisura de sus labios. Eso sí fue de lo más inesperado. Hubiera preferido no hablar de algo así, menos en ese tipo de situación. ¿Qué diantres...? —Ese idiota de Eros... Primero miente y luego despotrica. — Cerró la botella de agua, ahora con molestia. Sus cejas se fruncieron y su rostro dibujó una mueca, maldiciendo internamente al capitán sepulturero por esa estupidez. Ya le quedaba claro que esa alianza parecía tomárselo de broma, y no le estaba haciendo gracia alguna.
Elevó su mano, dejando escapar un suspiro. Prefería no hablar de las derrotas, cómo lo odiaba... Y más cuando su partida era específicamente para mejorar él y ser más fuerte, pero no hacía más que demostrarle lo contrario. Primero en los Juegos, y ahora con esto... Maldición. —Sí, el idiota tiene un fetiche muy extraño con los pantalones. — Murmuró, casi como un gruñido, evitando la mirada directa de Tezca. Frotó su frente, incluída su cicatriz. —Ese estúpido... Hizo lo que le dio la real gana. Le dejé quedárselos por ese estúpido fetiche suyo con la ropa inferior. A saber qué habrá hecho con ellos. — Esta vez se frotó el rostro, con clara molestia. Ahora mismo solo deseaba estrangular a ese maldito topo. ¿Quizás podría usar su Akuma para matarlo hasta la asfixia? Eso sería buena opción, a ver si así aprendía a mantener la boca cerrada. Primero el Haki, y ahora esto. —¿Cuándo te encontraste con él?
Sus ojos descendieron ante las caricias de la mujer, viendo la virilidad todavía despierta, pero ahora con algo menos de firmeza dado el mal humor que acababa de inundarlo. Al menos su tacto era de lo más relajante, ayudándolo a calmarse para que los pensamientos homicidas se redujeran. Se acomodó de cara a ella, contemplando el cuerpo que tenía frente a él. Era tan distinto pero... su rostro era exactamente igual, solo que con facciones más femeninas. Aún le costaría un poco adaptarse, pero no era imposible, y lo sabía. Acercó su mano hasta su cadera, acariciándola, atrayendo a la mujer hacia sí, queriendo sentir de nuevo su piel, su calidez, disfrutar y aprovechar esos dos años en los que se habían tenido que quedar separados.
Volvió a acercar sus labios, esta vez hasta la frente de la mujer. ¿Estaría todavía cansada? ¿Debía dejarla descansar? Tenía tantas ganas de volver a poseerla... Pero su salud estaba por encima de sus propios caprichos. Descendió sus labios hasta los contrarios, acercándose más a ella, empujándola suavemente con su cuerpo, con ambas manos a los lados del rostro de Tezca, si así se dejaba, separando su rostro para contemplar su hermosa figura delante de él.
En todos los aspectos. Su pecho oprimía, cuestionándose si realmente debía dejarlo todo atrás y solo estar a su lado... Pero había cosas que el destino no les iba a permitir. Juntó su frente con la contraria, tomando la mano que había estado acariciando su abdomen. Quería bajarla, un poco más... que pudiera darle un poco más de alivio con su tacto, pero terminó elevándola, besándola cariñosamente. —Sé que lo sabes, sé que lo repito, pero nunca es suficiente: eres lo mejor que me ha pasado en mi vida, Tezca. Eres... lo mejor que existe en todos los mares. Si me necesitas, solo llámame, solo grita mi nombre, no dejes que nadie te haga daño, ni siquiera yo mismo. — Mierda, amaba demasiado a esta persona. Cerró los ojos, volviendo a besar sus labios una vez más, con el calor de su cuerpo, embriagándose de su olor, su calor, su cariño... Sus brazos descendieron, rodeando su espalda baja, apretándola contra sí mismo.

—Eso no quita que solo te desee a ti, mi amor. Ojalá... ojalá pronto terminara esta distancia.
Su corazón le oprimía con la sola idea de pensar en una separación, en irse, dejarse de nuevo llevar por el mar y los sueños que ambos perseguían. Se acercó a ella, una vez regresó, para sentir su tacto de nuevo. —¿Pensaste mucho en mí...? — Se sentía estúpido, pero su corazón se aceleraba, su pecho lo oprimía, y más la felicidad que le inundaba saber que él sí había sido el único en poder disfrutarla. Esperaba sinceramente que siguiera así, más ahora que su cuerpo era distinto... Descendió su rostro una vez más, besando su nuca, sentándose en la cama ante el coqueteo que le entregaba la mujer una vez más.
Tomó la botella, dando un sorbo, aunque su erección seguía más viva que nunca, la pregunta casi le hace escupir el agua. Comenzó a toser, ascendiendo su mano hasta sus labios para limpiarse la comisura de sus labios. Eso sí fue de lo más inesperado. Hubiera preferido no hablar de algo así, menos en ese tipo de situación. ¿Qué diantres...? —Ese idiota de Eros... Primero miente y luego despotrica. — Cerró la botella de agua, ahora con molestia. Sus cejas se fruncieron y su rostro dibujó una mueca, maldiciendo internamente al capitán sepulturero por esa estupidez. Ya le quedaba claro que esa alianza parecía tomárselo de broma, y no le estaba haciendo gracia alguna.
Elevó su mano, dejando escapar un suspiro. Prefería no hablar de las derrotas, cómo lo odiaba... Y más cuando su partida era específicamente para mejorar él y ser más fuerte, pero no hacía más que demostrarle lo contrario. Primero en los Juegos, y ahora con esto... Maldición. —Sí, el idiota tiene un fetiche muy extraño con los pantalones. — Murmuró, casi como un gruñido, evitando la mirada directa de Tezca. Frotó su frente, incluída su cicatriz. —Ese estúpido... Hizo lo que le dio la real gana. Le dejé quedárselos por ese estúpido fetiche suyo con la ropa inferior. A saber qué habrá hecho con ellos. — Esta vez se frotó el rostro, con clara molestia. Ahora mismo solo deseaba estrangular a ese maldito topo. ¿Quizás podría usar su Akuma para matarlo hasta la asfixia? Eso sería buena opción, a ver si así aprendía a mantener la boca cerrada. Primero el Haki, y ahora esto. —¿Cuándo te encontraste con él?
Sus ojos descendieron ante las caricias de la mujer, viendo la virilidad todavía despierta, pero ahora con algo menos de firmeza dado el mal humor que acababa de inundarlo. Al menos su tacto era de lo más relajante, ayudándolo a calmarse para que los pensamientos homicidas se redujeran. Se acomodó de cara a ella, contemplando el cuerpo que tenía frente a él. Era tan distinto pero... su rostro era exactamente igual, solo que con facciones más femeninas. Aún le costaría un poco adaptarse, pero no era imposible, y lo sabía. Acercó su mano hasta su cadera, acariciándola, atrayendo a la mujer hacia sí, queriendo sentir de nuevo su piel, su calidez, disfrutar y aprovechar esos dos años en los que se habían tenido que quedar separados.
Volvió a acercar sus labios, esta vez hasta la frente de la mujer. ¿Estaría todavía cansada? ¿Debía dejarla descansar? Tenía tantas ganas de volver a poseerla... Pero su salud estaba por encima de sus propios caprichos. Descendió sus labios hasta los contrarios, acercándose más a ella, empujándola suavemente con su cuerpo, con ambas manos a los lados del rostro de Tezca, si así se dejaba, separando su rostro para contemplar su hermosa figura delante de él.

—Eres... precioso.
En todos los aspectos. Su pecho oprimía, cuestionándose si realmente debía dejarlo todo atrás y solo estar a su lado... Pero había cosas que el destino no les iba a permitir. Juntó su frente con la contraria, tomando la mano que había estado acariciando su abdomen. Quería bajarla, un poco más... que pudiera darle un poco más de alivio con su tacto, pero terminó elevándola, besándola cariñosamente. —Sé que lo sabes, sé que lo repito, pero nunca es suficiente: eres lo mejor que me ha pasado en mi vida, Tezca. Eres... lo mejor que existe en todos los mares. Si me necesitas, solo llámame, solo grita mi nombre, no dejes que nadie te haga daño, ni siquiera yo mismo. — Mierda, amaba demasiado a esta persona. Cerró los ojos, volviendo a besar sus labios una vez más, con el calor de su cuerpo, embriagándose de su olor, su calor, su cariño... Sus brazos descendieron, rodeando su espalda baja, apretándola contra sí mismo.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
