27-08-2026, 12:14 AM
Los soleados días en el interior de cualquier isla tropical tienden a ser húmedos, exhaustivos, sofocantes; lugares donde el sol parece no tener intención alguna de dar tregua o esconderse durante unos pocos segundos tras las nubes. ¿Qué hace uno ante ese tipo de clima? Buscar refugio o afrontarlo hasta que replegarse se convierta en una necesidad, hasta que un vaso de agua helada consiga refrescar la situación o un baño se convierta en la solución por defecto.
Ahora bien, ¿qué sucede cuando ese mismo sol no solo parece, sino que ESTÁ más cerca que nunca de sus cabezas? Como si un niño pequeño decidiera utilizar una lupa contra un grupo de hormigas, con el infortunio que representa ser dichas hormigas. Por fortuna para el trío de aventureros, la espesa vegetación tiende a cubrir buena parte de los rayos solares, regalando segundos e incluso valiosos minutos de sombras.
Aun así, el calor no sucumbe. Se filtra entre los árboles, se siente bajo el apretado latex que delinea hasta la última curva de la fémina, adhiriéndose a su piel como las gotas de sudor que resbalan entre sus pechos y muslos. El aire se siente pesado, el ligero galope de Tocho Morocho la menea de lado a lado, aún cuando intenta ser cuidadoso en su caminar. Así que bien… ¿Cómo? ¡¿Cómo ha acabado en una situación de ese calibre?!
Cuando aquella mañana Ryota se presentó ante su puerta, apremiándola para iniciar el entrenamiento, nunca imaginó el apretado traje de látex rosa que aparecería frente a sus narices. Recuerda la soltura con la que el castaño proclamó la importancia de utilizar ropa ceñida para obtener mejores resultados; algo que, según él, incluso había tenido que usar durante su propio aprendizaje del Busoshoku Haki, aquel que Jalindra no había alcanzado a enseñar a la morena. Runin dudó. Incluso frunció el entrecejo antes de arquear una ceja. ¿Se estaba volviendo un experto mentiroso? ¿Había aprendido a superar a la amazona en aquello de los engaños? ¿O, para su desgracia, estaba siendo completamente honesto?

“Si, claro.”
Fue el pensamiento más franco y sarcástico que se le pudo ocurrir, aún así le arrancó la prenda de las manos al castaño. ¿Qué de mal hacía cumplir uno que otro deseo de su nuevo “maestro”? Hey… ¿Cómo que sin nada abajo? Donde ese entrenamiento no valiera la pena alguien tendría que hacerse cargo de las consecuencias, lo que nos lleva al ansiado presente.

—¿Tú qué crees, cariño?
Sentada sobre Tocho Morocho, con las piernas cruzadas desde un costado de él, observa al castaño con enfado. Nota la mirada del hombre, la misma que no deja de perderse sobre la figura de la amazona, por lo que ella decide sonreír con malicia. Con deliberada lentitud, descruza las piernas y las separa apenas durante un instante, solo el suficiente para alimentar aquella mirada, antes de volver a cruzarlas con toda naturalidad, una sobre la otra. Relame sus abultados labios. —A este paso terminaré quitándome toda la ropa aquí mismo, querido. —Finge afectación, suspira mirándolo con súplica; la escena no le dura mucho antes de volver a sonreír con sorna.

—Pero antes de hacerlo te golpearé tan fuerte que perderás el conocimiento y no podrás verme después de quitarme el traje. —Amenaza, no hay verdadera intención en ello, claro, en realidad le gusta que le mire con tanta atención, es su gusto culposo. —¿A qué hora llegamos? ¿Y para qué es esa pala? ¿No piensas enterrar a alguien tan bonita, no es así, cariño? No te lo perdonarías. —Tocho Morocho relincha como si estuviera riéndose, Runin frunce el entrecejo, pegándole al casco que tiene sobre la cabeza, sin fuerza. Ryota si que lo ha protegido bien.

—Dime que al menos me trajiste vino, querido.
BOLSA DE ESTRELLITAS
