Música y Libertad | Aventura Tier 2 | P.A.
#10
Tras la retirada de la señorita Okky, el silencio se hizo presente nuevamente en la habitación, un silencio que duró varios minutos hasta que finalmente en medio de aquella tranquilidad, las pobres mucamas, visiblemente nerviosas, terminaron sus labores tan pronto como pudieron, sin embargo, se detuvieron justo cuando estaban a punto de retirarse puesto que ambos okamas de la diversión, intentaron disuadir la fúnebre expresión que había quedado plasmada en los rostros de las dos jovencitas. Ellas se miraron mutuamente, parecía que compartían el mismo pensamiento, un hilo de entendimiento silencioso que no necesitaba palabras, finalmente, ambas coordinaron una mirada y, al mismo tiempo, negaron con la cabeza.

— Debemos irnos, con su permiso… — diría una de las damas de yukatas jade mientras se marchaban con la cabeza gacha en el suelo, procedieron a salir de la sala dejando a ambos artistas para pensar y tomar decisiones.

¿Qué harían con la información que ahora conocían sobre El Canto de la Sirena?, gracias a sus sentidos aumentados habían logrado escuchar con claridad la conversación de ciertas señoritas tras los cubículos, lo que al principio podían haber considerado simples rumores terminó revelándose como algo mucho más grave, aquel establecimiento era la fachada perfecta para una red clandestina dedicada a la venta de mujeres esclavizadas, lo peor de todo, que al brindar sus servicios gratuitamente a cierta unidad de la Marina, habían conseguido “protección” desviar las investigaciones, era perfecto para mover toda clase de negocios ilícitos bajo la apariencia de un establecimiento respetable, hasta el momento nadie parecía haber conseguido ponerles un alto. Hoy tenían la visita de un pez gordo, el señor Gouki, un señor despiadado que frecuenta el local con tal de conseguir mujeres hermosas para vender en los suburbios lejanos de isla Kárate, ni siquiera el dueño de ese bar conocía el paradero de todas esas muchachas que contrata, engaña, y vende.



Al cabo de unos cuarenta minutos, la puerta de la sala se abrió de par en par. Era la señorita Okky quien regresaba acompañada por una hilera de quince bellas damas, todas lucían impecables con sus rostros cuidadosamente maquillados, y vestían elegantes con kimonos de seda adornados con distintos estampados florales, sin embargo, bajo aquella apariencia serena se percibían una tristeza cuidadosamente disimulada. Todas ingresaron en fila, con una marcha grácial y silenciosa, hasta llegar a un lateral de la sala donde una a una fueron sentándose sobre sus propias piernas, permaneciendo quietas y en silencio.

—- ¿Dónde está Himari? — preguntó la semi-oni mientras dirigía su mirada hacia una de las jovencitas, la voz de Okky continuaba siendo amable y encantadora, sin dejar entrever la más mínima señal de maldad en sus intenciones — Akane, ¿sabes algo de esto?, chun chun…

— No, señorita Okky… — expresó la doncella de kimono azul mientras sus manos parecían tener un tic de nerviosismo, o quizás era temor.

— Ya veo, iré a buscarla, chun chun… — Ahora la semi oni dirigía su atención a los artistas que parecían estar listos para la presentación —- Pueden comenzar a tocar música mis queridos tesoros, el escenario es suyo, en cuanto el señor Gouki comience con el banquete pueden hacer su maravilloso espectáculo, chun chun

Y nuevamente, el silencio en la sala perduró, pero ahora nuestros artistas podrían darle rostro a aquellas voces y sollozos que habían escuchado en el pasillo.



Y tal como había indicado la cortesana de cabello celeste, los minutos fueron contados uno a uno en la mente de nuestras muchachas vendidas hasta que finalmente por el umbral de aquella puerta corrediza hicieron su aparición dos figuras tan esperadas como indeseadas, esperadas por nuestros artistas pero temidas por nuestras doncellas de labios rojos.

— Espero que sea de su agrado la sala del Sol Naciente, mi lord… – dijo un hombre ataviado con una yukata azul y un cinturón gris, mientras sostenía un abanico dorado entre sus manos, era un humano de piel clara aunque varias cicatrices podían distinguirse sobre su torso, su estatura era aproximadamente dos metros y llevaba el cabello semilargo recogido en una coleta alta. — Hemos preparado para usted y su gente, un banquete, acompañado de un entretenimiento digno de su presencia.

— hmp. — bufó con grave voz el protagonista de aquel nombre que tanto habían mencionado durante toda la noche, el señor Gouki.

Un ogro en todo su esplendor, su piel era oscura y sus ojos, de un carmesí brillante que destacaba bajo la luz de la sala, su cabello era albino, contrastaba con los dos enormes cuernos negros que se alzaban sobre su cabeza, por todo su cuerpo se extendían tatuajes tribales dibujados con tinta blanca. Vestían una yukata roja adornada con patrones de hojas otoñales y calzaba sandalias de madera rojiza, y sujetado a su cinturón portaba un enorme kanabo de madera aparentemente tan resistente como pesado. Su estatura era sencillamente descomunal, ocho metros de altura, incluso sus enormes cuernos se aproximaban peligrosamente al techo de madera de aquella sala.

La expresión del señor Oni cambió por completo al ver a Madame Trompalarga, lo que antes parecía serenidad se transformó en una evidente molestia — ¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Dónde están los artistas fabulosos que mencionó Okky?! — cuestionó con evidente enojo, dirigiéndose a las cortesanas quienes no supieron cómo responder ante su jefe. — E-esto no es lo que teníamos planeado para usted… d-d-disculpe… — balbuceó el señor Oni, completamente temeroso por la reacción del ogro, sabiendo muy bien que aquella raza es de mecha corta.

— Eso me da igual… — Dijo Gouki mientras avanzaba por la sala, caminando hacia donde estaban las novias vestidas de seda, incluso tomando a una por el cuello hasta suspenderla en el aire frente a sus ojos  — Solo espero que por esta insolencia… — viendo con asco a ambos artistas, más a quien tenía un físico completamente mutado para después descansar su mirada sobre el dueño de ese establecimiento —- Reciba un buen descuento.

— P-p-pero mi lord… el precio que le he dado es el más bajo que puedo ofrecerle… no pued — No alcanzó a terminar, de pronto aquel gigante de ocho metros descargó con furia su kanabo contra la mesa del banquete, haciendo que la madera se hiciera añicos junto con los platos y alimentos, toda la sala quedó estropeada con rastros de manchas y comida.

— No te estoy preguntando, te pagaré la mitad de lo acordado.

Y acto seguido, y sin dejar de sostener del cuello a la joven de kimono azul, Akane, lanzó una bolsa llena de berries, quizás el Oni ya tenía contemplado exigir una reducción del pago puesto que dentro de esa bolsa estaba la cantidad que esperaba pagar por las dieciséis mujeres.


La Cajita Pandora
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RE: Música y Libertad | Aventura Tier 2 | P.A. - por Miyori Hoshino - 27-08-2026, 02:10 AM

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