27-08-2026, 06:18 AM

¿Arrugarse? ¿Está empezando a arrugarse?
¡Inaudito! ¡Su juventud está intacta!
No piensa darle el gusto al castaño tocándose el rostro para constatar las líneas de expresión formadas por los constantes enfados y fruncimientos del entrecejo. Claro que no. Aun si las manos le pican por querer llevarlas hacia la frente... O puede que sea culpa de la delicada tela que las recubre, incómoda producto del calor húmedo. No importa, no es nada con lo que no puede lidiar. Ignora las palabras del ajeno sobre su tan aclamada personalidad violenta. ¡Es solo una manera directa de mostrar su punto de vista!
Las respuestas a sus cuestiones no demoran en llegar, incluso generan sonrisas honestas que, por momentos, provocan que olvide mantener la molestia causada por el escenario en cuestión. —Fufufu, no estoy segura de si todos los tesoros funcionen de la misma forma, cariño. —Asevera con una negación de cabeza. Es más que obvio que jamás lo dejaría caer por ningún acantilado, ya sea uno normal o uno suspendido a metros y metros sobre el nivel del mar. —Oh, ¿de verdad? —Algo sorprendida observa las bolsas. Se apresura a buscar algo en particular.

—¿Una cita?
Ha dicho la palabra.
¿Ese podría considerarse un momento romántico? ¿Buscando la dirección de un tesoro? ¿Siendo llevada por un corcel negro? ¿Vistiendo ropa de látex que solo usaría para saciar más que la imaginación del castaño? ¿Con su apuesto caballero cargando una pala y dirigiendo el paso?

—Claro que es una cita, querido.
Convencida permite que una sonrisa más complacida aparezca en la faz de su rostro, en especial cuando una de sus manos roza la botella de vino que el castaño ha traído consigo, esta vez la apertura es sencilla para que ella no tenga que hacer esfuerzos innecesarios. Ella bebe un poco y lo vuelve a guardar, no quiere tomar tanto del contenido, quiere ver todo, escuchar todo, disfrutar de su cita y, claro, en el fondo espera que el castaño encuentre el tesoro y puedan ir a comer juntos a algún restaurante de la isla y ¡el entrenamiento!
—Fufufu, no se qué tan sencillo sea cavar en medio de ramas que deben llevar aquí cientos de años, cariño. ¿Te ayudo? —Cuestiona sin bajar del corcel, sintiendo su ligero trote. Relame los labios con soltura antes de hablar.
—En realidad no sé mucho, cariño. Jalindra solo mencionó que conoce dos tipos de hakis, pero al final solo me enseñó el kenbunshoku; según ella era la mejor opción para alguien como yo; para que empiece a ver lo que sucede a mi alrededor. —Asiente recordando las palabras de su maestra. —¿Es igual al kenbun o tiene algo más en particular? —Pregunta, curiosa. Ahora que lo nota, mientras más se acercan más grande se ve el árbol.

—Podríamos hacer un picnic romántico ahí, cariño.
Luego del entrenamiento, claro, y de obtener el famoso tesoro.
BOLSA DE ESTRELLITAS
