27-08-2026, 03:57 PM
Los entrenamientos y encuentros con ciertos piratas tras alejarse de la parte céntrica de Shandora lo mantuvieron bastante ocupado, prácticamente fuera de la vivienda que en su buena voluntad, el Shichibukai Zarutsuki decidió concederles, por ello no fue hasta esa misma mañana que pudo vislumbrar tras apoyar el bolso con sus mudas de ropa en el suelo la pequeña citación reposando en el susodicho, prácticamente pegada a la puerta. Sus compañeros probablemente no supieron nada de él en ese lapso, aunque con la violencia vetada en Skypiea realmente no habían motivos para preocuparse de que estuviese resolviendo sus asuntos en el poblado Birka.
Leyendo a fondo las palabras escritas, y algo cansado por haber usado en reiteradas ocasiones su fruta del diablo en pos de reducir el tiempo de traslado entre zonas, finalmente entendió que iba a ser víctima de llegar tarde en contra de su voluntad, lo que podría alimentar la mala fama ganada entre los más rectos de la fuerza armada por su particular forma de ser, ya que, viendo la hora, prácticamente se había pasado de las diez de la mañana por quince minutos.
Uniformado, para su suerte, salió tan pronto como pudo de su vivienda, cerrándola adecuadamente y se disparó envuelto en su luminosidad en dirección al punto de reunión. Se aprovechó de sus habilidades, alzando un vuelo feroz y todavía más rápido que hace pocos días, cuando sucedieron los Juegos del Cielo, logrando no incrementar por mucho más la tardanza en aquel punto, donde prácticamente inició el día dentro de Shandora, el final de los cinco caminos de las antorchas.
Cuando llegó, sin perder el movimiento, fue reduciendo la velocidad hasta provocar un aterrizaje cuidado, sin restarse ni una sola gota de showman, pues eso estaba en su ADN. Envuelto en los destellos dorados de la pika, chocó su puño contra el suelo, como si fuese la caída de un super héroe, y se tomó unos segundos antes de levantarse y observar el panorama, su porte era magnífico, único, al menos hasta darse cuenta de que era el último en llegar, lo que arrugó ligeramente su expresión, recuperándola casi de inmediato en pos de mostrarse imperturbable ante semejante fracaso de puntualidad.
Si no le hacía caso, no le afectaba.
—¡Buenos días, habitantes de Shandora! —exclamó, abriendo los brazos. Aún usando la pika, se colocó frente a la familia y empezó a hablar, el movimiento fue prácticamente instantáneo —Así que ustedes son los que nos pidieron ayuda... —cuestionó, llevándose los dedos índice y pulgar de su diestra al mentón, analizándolos. Como se perdió todo el contexto que ellos dieron, no le quedó de otra más que improvisar, y así fue como esa misma mano se abrió en una palma a la altura de su rostro, esparciendo brillitos similares a estrellas saliendo de su propia expresión.
—¡Lo siento mucho! Aunque me gustaría... la marina no está disponible para la captura o asesinato de piratas. Nos encontramos fuera de jurisdicción. —explicó, en un tono melodramático muy notorio, prácticamente teatral. Fue entonces que les dio la espalda, girándose a sus compañeros de milicia —¡Bien! ¿Ahora qué hacemos? Ya me encargué de los violentos estos. —señaló a la familia con el pulgar a la par que le sonreía al grupo, como si hubiese sido el salvador del día.
Leyendo a fondo las palabras escritas, y algo cansado por haber usado en reiteradas ocasiones su fruta del diablo en pos de reducir el tiempo de traslado entre zonas, finalmente entendió que iba a ser víctima de llegar tarde en contra de su voluntad, lo que podría alimentar la mala fama ganada entre los más rectos de la fuerza armada por su particular forma de ser, ya que, viendo la hora, prácticamente se había pasado de las diez de la mañana por quince minutos.
Uniformado, para su suerte, salió tan pronto como pudo de su vivienda, cerrándola adecuadamente y se disparó envuelto en su luminosidad en dirección al punto de reunión. Se aprovechó de sus habilidades, alzando un vuelo feroz y todavía más rápido que hace pocos días, cuando sucedieron los Juegos del Cielo, logrando no incrementar por mucho más la tardanza en aquel punto, donde prácticamente inició el día dentro de Shandora, el final de los cinco caminos de las antorchas.
Cuando llegó, sin perder el movimiento, fue reduciendo la velocidad hasta provocar un aterrizaje cuidado, sin restarse ni una sola gota de showman, pues eso estaba en su ADN. Envuelto en los destellos dorados de la pika, chocó su puño contra el suelo, como si fuese la caída de un super héroe, y se tomó unos segundos antes de levantarse y observar el panorama, su porte era magnífico, único, al menos hasta darse cuenta de que era el último en llegar, lo que arrugó ligeramente su expresión, recuperándola casi de inmediato en pos de mostrarse imperturbable ante semejante fracaso de puntualidad.
Si no le hacía caso, no le afectaba.
—¡Buenos días, habitantes de Shandora! —exclamó, abriendo los brazos. Aún usando la pika, se colocó frente a la familia y empezó a hablar, el movimiento fue prácticamente instantáneo —Así que ustedes son los que nos pidieron ayuda... —cuestionó, llevándose los dedos índice y pulgar de su diestra al mentón, analizándolos. Como se perdió todo el contexto que ellos dieron, no le quedó de otra más que improvisar, y así fue como esa misma mano se abrió en una palma a la altura de su rostro, esparciendo brillitos similares a estrellas saliendo de su propia expresión.
—¡Lo siento mucho! Aunque me gustaría... la marina no está disponible para la captura o asesinato de piratas. Nos encontramos fuera de jurisdicción. —explicó, en un tono melodramático muy notorio, prácticamente teatral. Fue entonces que les dio la espalda, girándose a sus compañeros de milicia —¡Bien! ¿Ahora qué hacemos? Ya me encargué de los violentos estos. —señaló a la familia con el pulgar a la par que le sonreía al grupo, como si hubiese sido el salvador del día.
Let there be light
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
