28-08-2026, 01:54 AM
Si Ryota continúa consintiendo a alguien tan egocéntrica como Runin, terminará por hacer que la fémina se sienta en el cielo, más de forma metafórica que literal, ya están ahí. “Como la princesa que eres” ¿Quién no caería rendida en medio de sonrisas con tal declaración? Ha de admitir que de tratarse de cualquier otra persona la morena ya estaría riendo con evidente sorna, exclamando sarcasmo e ironías, burlándose ante conceptos superfluos y terribles intentos de coqueteo.
En vez de ello, se dedica a observar con calidez poco disimulada a su capitán, aquel que ha logrado redefinir su erróneo concepto del amor, del sentir, de dejarse llevar por esa emoción a la que siempre había mirado con aversión. Ahora Runin no puede hacer más que sonreír, dejándose malcriar un poco. La respuesta su última cuestión no demora en ser respondida mientras ella se dedica a acariciar a Tocho Morocho, de vez en cuando rebusca en los bolsos que carga a ver si encuentra algo más interesante.
¿Usuarios de fruta del diablo? ¿Como ellos? Arquea una de sus cejas hasta que la explicación termina por suceder. Lo recuerda. El hombre buccaneer tuvo que hacer esfuerzos inconmensurables para poder contener al novio de Tezca entre sus brazos, ninguno podría haberle hecho daño por métodos convencionales, no sin el haki que Ryota aprendió con su propio maestro.

—Lo recuerdo, cariño. De haber sabido sobre ese haki incluso yo habría podido golpearlo…
Y podría hacerlo de aprenderlo ahora porque después de enterarse del dineral que le prestó a su amiga rubia (¡CON INTERESES DE POR MEDIO!) es lo mínimo que perece. Hacer un préstamos a su pareja, un terrible escenario al que Runin jamás podría acceder, al fin y al cabo es una princesa, no, una reina. Al menos a ojos del castaño.
—Me parece bien, cariño. Si encuentras algo del tesoro me compartes. —Menciona en una sonrisa, permite que le ayude a bajar, sujetándose de los brazos de él. El tocar de los tacones contra la superficie se siente extraño luego de estar sobre Tocho Morocho, rápido se acostumbra.
¿El espíritu fluyendo a través a través de su piel? —A “ver” —El kenbun se activa notando la energía recubriendo la mano del castaño. —¿Hm? ¿Al final si tenía utilidad el traje, cariño? Fufufu —La mirada chocolate brilla ante el desafío.

—Tranquilo, vé por ese tesoro, yo me hago cargo.
Orgullosa, testaruda y confiada como ella sola lo despide lanzándole un beso volado. Una vez sola regresa la mirada hacia Tocho. —Bueno, cariño, somos tú y yo contra el mundo.
El caballo relincha como si se burlara de ella antes de ponerse a pastar por ahí. Ella refunfuña antes de respirar a profundidad. Nuevamente el tema de concentrarse ¿Es que acaso todo en la vida se reduce a ello? Las miradas fijas en su mano, los ojos cerrados, el color verde de su propia aura hace acto de presencia mas no existe cambio relevante, no fluye a través de sí.
Los minutos pasan, trata de visualizar la idea en su mente, un mosquito trata de picarle el rostro, se desconcentra. Vuelve a cerrar los ojos pensando en la energía fluyendo por su cuerpo, siente incomodidad en su pecho, se arregla el traje. Por tercera vez intenta concentrarse. Una hoja del árbol cae sobre su nariz, provocando cosquillas. No sabe si el tiempo transcurrido es largo o corto, solo sabe que empieza a fastidiarse. ¡Por eso con el kenbun casi me quedaba dormida! Esta vez es peor, al menos antes contaba con la comodidad.

Cuando quiere darse cuenta ha terminado sentada con las piernas estiradas sobre una de las grandes ramas del árbol. Ahora sí parece concentrada, intentando internalizar primero lo que ya conoce para tratar de externalizarlo como le ha enseñado el castaño. No lo está logrando, aunque siente una sensación diferente transcurrir por su cuerpo.
BOLSA DE ESTRELLITAS
