28-08-2026, 08:18 AM
(Última modificación: 28-08-2026, 08:20 AM por Runin D. Kitay.)
Suerte. ¿Qué es la suerte? Un concepto plagado de coincidencias, circunstancias y probabilidades. Así como Runin pudo haber elegido ignorar una conversación incómoda con un vendedor de fruta, Ryota pudo haber continuado su camino de largo, sin que la oportunidad pudiera siquiera llegar a tocar a su puerta. Aun así, ya fuera por razones del azar, por curiosidad o por decisiones tomadas, el par de piratas ha terminado por aprender habilidades que, en su momento, no hacían más que obviar, presas de la más profunda ignorancia.
El maestro de Ryota suena a una persona complicada, incluso repara en el cuerpo del ajeno, en las magulladuras y moretones. Ella ha tenido un par de días de internalización, él parece haber logrado sobrevivir, sin más.
No tendrías que preocuparte de no percibir con los sentidos al contrincante.
Runin asiente. ¡Ryota lo comprende! Es básicamente lo que ha dicho Jalindra, aunque con más sencillez y yendo al punto en vez de darle vuelta tras vuelta, todas complejas.

—¿Molestarme? Tendré la oportunidad de ser tu maestra, y si no lo logras siempre puedo sacar una regla y castigarte hasta que lo entiendas, cariño, fufufu. —Bromea. ¿Sabe algo sobre educar? En lo absoluto. ¿Sabe por dónde comenzar? Quizá, de manera superflua. ¿Podrá hacerlo tan bien como Jalinda? Para nada, pero lo hará, a su manera lo logrará.
—Es porque aún debes aprender de mí, querido, pero tranquilo, tenemos todo el tiempo del mundo. —Acepta la mano del castaño, levantándose de la cama sin soltarlo. —Hoy me llamarás maestra Runin, prometo dar buenas recompensas si haces todos tus ejercicios bien. —Guiña acercándose al rostro del castaño, en realidad podrían divertirse un poco antes de comenzar con la primera lección. Su mano suelta la del ajeno tan sólo para recorrer su pecho, sobre la camisa, podría volver a quitársela, hace el ademán de bajar más y más hasta rozar el borde de las bermudas y…
¡¿Es que el mundo no quiere dejarlos disfrutar un momento?!

”Está bien, ¡Está bien! Maldita suerte…”

”Está bien, ¡Está bien! Maldita suerte…”
El corcel relincha en evidentes risas, la serpiente sisea en claras burlas hacia su persona. La morena les dedica una mirada que se podría interpretar como ”Los mataré tres veces antes de que toquen el piso.” Runin bufa soltando la ropa del castaño, busca algo en su short, una liga para el cabello. No demora en hacerse una cola alta, su cerquillo cae con gracilidad.
—Bueno, cariño, ya que la vida no tiene ganas de vernos jugar en la cama, me veo en la obligación de empezar con nuestro entrenamiento. Puedes llamarme maestra Runin. —Menciona, se acerca a la ventana antes de salir por ella, empujando al par de mascotas. —No hace falta estar en un lugar abierto, pero eso ayuda mucho a no fatigarse. ¡Ven! Este par de idiotas nos ayudarán! —Eso no parece gustarles a Tocho y a Cardan, pero ya se han burlado demasiado, tampoco hay que tentar a la madre muerte.
Percibe las presencias a su alrededor, no desea aislarlo por completo, necesita que esté en contacto con la realidad aún estando inmerso en el entrenamiento; es por ello que tan solo se sienta en el patio, con las piernas cruzadas, le hace un ademán para que se siente con él. —Primero quiero que dejes tu mente vacía, cariño, que te desprendas de tus sentidos; puedes verlo como una forma de meditación. Quiero que dejes de oír por muy bueno que seas con ello, que dejes de oler, de ver, de sentir o de degustar. —Runin cierra los ojos, respira profundo.

—Que te vuelvas más consciente de tí mismo y de quienes te rodean, que intentes percibir lo que está a tu alrededor sin usar tus sentidos. —Incluso ella trata de concentrarse. —¿Sabes que incluso Cardan y Tocho tienen su propia “voz”? Su aura, su color. Vamos a intentar identificarlos, cariño. Quiero que los veas sin ver.
BOLSA DE ESTRELLITAS
