28-08-2026, 09:09 AM
Prestar atención abiertamente o ignorar deliberadamente, he ahí la cuestión. Para suerte del castaño, ninguna de las dos opciones se hace evidente, pues la fémina se encuentra demasiado concentrada. No ha expandido su Kenbun más allá de sí misma, sumida en un intento por condensar su espíritu, hacerlo florecer desde el interior y permitir que fluya hacia las palmas de sus manos, tal como el castaño le había mostrado momentos atrás. El tiempo se diluye entre sus dedos, mas ella ha dejado de prestar atención incluso a los conceptos de la física que atan la existencia misma del universo.
Siente algo. Es ligero, apenas una fluctuación que no se debe a su poder, a sus emociones ni a su mera presencia. No, es… diferente. Su espíritu bulle en alguna parte de su ser; el color de su alma se intensifica por un instante, un ligero calor acaricia su piel y…
“Volví.”


¿Qué le haría si no tuviera una expresión malditamente adorable en su rostro? La fémina frunce el entrecejo como si le hubieran arrebatado el dulce por el que ha estado ahorrando durante todo un día de trabajo, de las manos. —Si no estuviéramos en una cita utilizaría esa pala para más que cavar raíces, cariño. —Bufa, suspira pesado. —¡Creía sentir algo! Y luego se esfumó. —Es evidente que le echa la culpa, al menos durante un segundo, después solo se levanta, limpiándose un poco la ropa.
—Es una mierda, cariño. ¡Este traje me hace sudar mucho! Me siento pegajosa, es difícil respirar aquí, así que concentrarse es peor. —Se queja, asintiendo. —Aunque mi trasero se ve enorme y la colita es adorable. —Admite meneándose un poco. —¿Hm? ¿Por qué siento que es mala idea? Ni siquiera me hace falta utilizar kenbun para saberlo. —Cruza los brazos, sabe que esperar una pista es innecesario, así que solo le sigue, con esos tacos se ve más alta que él, podría acostumbrarse.
—Se siente diferente al kenbun y, al mismo tiempo, es bastante familiar. Por momentos sentía algo de calidez, como una fluctuación en mi espíritu, como cuando intentaba “expulsarla” ¡pum! solo desaparecía, cariño. —Piensa en una forma de hacerlo más claro. —Como si tuviera nervios, ya sabes, vergonzosa de salir. —Peculiar manera de verlo. —¿Cómo lo lograste tú? —Cuestiona, de vez en cuando se sujeta de Tocho Morocho, quien va a su izquierda, cuando hay demasiadas piedras en el camino.

—Sin nociones del espíritu, desde cero. ¿Cómo hiciste para externalizar tu energía?
Curiosa lleva una mano hacia su mentón, lástima que la maraña de pensamientos no le dura mucho cuando una picazón empieza a molestarla. —¡Ráscame! ¡Atrás! La espalda. —Pide, no sabe si podrá hacerlo por la tela del traje, eso no importa. —Espero que tu lugar milagroso esté fresco, ugh...
BOLSA DE ESTRELLITAS
