29-08-2026, 11:13 AM
Previo al ataque, Shirohime manifestó una vez más su voluntad de luchar hasta el final, de darlo todo de sí misma por la causa y de volverse más fuerte en un mar que no admite debilidad alguna por parte de nadie. También mencionó a Kisuke y Bambú casi se sintió impelido a detener su ataque y conversar animadamente con Shirohime sobre su superior. Qué hombre, qué portento. Ya lo decía una vieja amiga de su madre de un mozo del pueblo particularmente atractivo y que podía aplicarse perfectamente al idilio que Bambú tenía montado en su cabeza con Kisuke: Eso no es un hombre, es un baluarte. Qué quería decir exactamente con aquello siempre fue un misterio, pero lo cierto es que le pegaba bien.
Pero no se detuvo, porque a veces un hombre tiene que dedicarse en cuerpo y alma a las tareas que tiene delante por muchos momentos de gozoso ocio que se le pongan delante. Así pues, Bambú hizo que el suelo se tambalease de bruscas formas de tal modo que sorprendió, naturalmente, a Shirohime con su ataque. Pedía auxilio y anunciaba su caída. Ambas eran reacciones normales ante el Bearquake... en el Grand Line quizás. Pero en el Nuevo Mundo la reacción debería ser otra. Ella tenía el poder del hielo por el amor de Dios. Si la entrenaba bien en lugar de caerse por aquella menudencia congelaría la isla entera y a Bambú con ella. Pero Shirohime no se cayó al suelo inmediatamente, sino que buscó hacer lo mejor que podía hacer: interrumpir el ataque de Bambú. Disparó a donde debía de intuir que estaba su mano, pero la velocidad a la que el panda golpeaba el suelo era tal que apuntarle ahí era imposible. La bala le impactó en el brazo en su lugar, y por la natural resistencia de la piel del panda rebotó hacia el horizonte y se perdió en el verde del prado. La princesa de la Revolución logró avanzar tres metros antes de partirse por la mitad y caerse al suelo por el Bearquake que ya finalizaba. —¿Destino q-qué? —De finales nada, que aún queda entrenamiento por cumplimentar.
Bambú exhaló una bocanada de aire caliente que se convirtió en vaho al circular por su cuerpo congelado y frío. Una tenue neblina se dispersó ante sus ojos, y fue rápidamente sustituida por el humo del cigarrillo milagrosamente entero que acababa de recuperar de su mano derecha. —B-buen int-t-tento lo de la b-bala, pero vas a t-tener que mejorar m-m-mucho tu perce-p-cepción para poder acertar disparos así. Soy muy r-r-rápido. —Comentó todavía atosigado por el frío. El hecho de que alguien tan débil con respecto a él pudiera causarle tanto daño y tantas molestias con el hielo de su fruta delataba el enorme potencial que tenía delante. —P-prepárate. —Fue el único avisó que dio. Tenía a la muchacha a dos metros de él en el suelo y no pensaba darle tregua alguna para que se levantase. Debía lograrlo por sus propios medios. Sin más dilación, empleando su mano izquierda, golpeó el suelo con un potente puñetazo que lo deformó con mayor agresividad que antes, levantando por debajo de Shirohime una enorme ola de suelo que se bamboleaba como si de repente éste estuviera hecho de arcilla. La brusquedad del movimiento sería capaz de lanzar a la muchacha por los aires unos cuantos metros, pero dónde aterrizaría y en qué estado era una incógnita para Bambú, que la observaba impertérrito.
Pero no se detuvo, porque a veces un hombre tiene que dedicarse en cuerpo y alma a las tareas que tiene delante por muchos momentos de gozoso ocio que se le pongan delante. Así pues, Bambú hizo que el suelo se tambalease de bruscas formas de tal modo que sorprendió, naturalmente, a Shirohime con su ataque. Pedía auxilio y anunciaba su caída. Ambas eran reacciones normales ante el Bearquake... en el Grand Line quizás. Pero en el Nuevo Mundo la reacción debería ser otra. Ella tenía el poder del hielo por el amor de Dios. Si la entrenaba bien en lugar de caerse por aquella menudencia congelaría la isla entera y a Bambú con ella. Pero Shirohime no se cayó al suelo inmediatamente, sino que buscó hacer lo mejor que podía hacer: interrumpir el ataque de Bambú. Disparó a donde debía de intuir que estaba su mano, pero la velocidad a la que el panda golpeaba el suelo era tal que apuntarle ahí era imposible. La bala le impactó en el brazo en su lugar, y por la natural resistencia de la piel del panda rebotó hacia el horizonte y se perdió en el verde del prado. La princesa de la Revolución logró avanzar tres metros antes de partirse por la mitad y caerse al suelo por el Bearquake que ya finalizaba. —¿Destino q-qué? —De finales nada, que aún queda entrenamiento por cumplimentar.
Bambú exhaló una bocanada de aire caliente que se convirtió en vaho al circular por su cuerpo congelado y frío. Una tenue neblina se dispersó ante sus ojos, y fue rápidamente sustituida por el humo del cigarrillo milagrosamente entero que acababa de recuperar de su mano derecha. —B-buen int-t-tento lo de la b-bala, pero vas a t-tener que mejorar m-m-mucho tu perce-p-cepción para poder acertar disparos así. Soy muy r-r-rápido. —Comentó todavía atosigado por el frío. El hecho de que alguien tan débil con respecto a él pudiera causarle tanto daño y tantas molestias con el hielo de su fruta delataba el enorme potencial que tenía delante. —P-prepárate. —Fue el único avisó que dio. Tenía a la muchacha a dos metros de él en el suelo y no pensaba darle tregua alguna para que se levantase. Debía lograrlo por sus propios medios. Sin más dilación, empleando su mano izquierda, golpeó el suelo con un potente puñetazo que lo deformó con mayor agresividad que antes, levantando por debajo de Shirohime una enorme ola de suelo que se bamboleaba como si de repente éste estuviera hecho de arcilla. La brusquedad del movimiento sería capaz de lanzar a la muchacha por los aires unos cuantos metros, pero dónde aterrizaría y en qué estado era una incógnita para Bambú, que la observaba impertérrito.
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