30-08-2026, 08:01 AM
El mal humor de la morena no le extrañó en absoluto. La conocía tan bien que esperaba ese estado de ánimo incluso antes de comenzar a buscar el conducto entre las raíces.
Runin era tan linda como impaciente, cuando algo no salía como lo esperaba, sus berrinches eran algo a lo que debía atenerse. Razón por la que evito acercarse lo suficiente para que ella pudiera materializar sus ideas con la pala que cargaba.
El castaño tan solo se limitó a sonreír moviendo su cabeza de arriba abajo, permitiéndole descargar todas las emociones negativas que pudieran agobiarla en ese momento.

“Tu trasero siempre se ve increíble.”
Aclaro, pues no creía que fuera solo por el traje que estaba usando. Aunque gracias a las palabras de Runin, no pudo evitar desviar la mirada de vez en cuando en medio de la caminata que iniciaron, para asegurarse qué tanto de ello era cierto. “Waos… si se le ve más grande…” Alabo, sorprendido en la seguridad de su mente.
Las conjeturas respecto al entrenamiento comenzaron a llegar y a juzgar por la expresión de Ryota, este llegó a sorprenderse porque la morena pudiera identificar tantos factores importantes en tan poco tiempo. Sin embargo, el método de aprendizaje con el que le instruyeron fue tan diferente que darle un consejo fiable se le hacía imposible.

“Me cague a trompadas con un mastodonte de seis metros durante unas 5 horas.”
Revelo sin mucho misterio, borrando cualquier rastro de análisis apropiado que pudiera servirle a la morena. “Kaelith me dijo que la forma más rápida de despertarlo era estar al borde de la muerte.” Explico desviando la mirada hacia el frente. “Así que llamo al lunarian más grande, fuerte y feo que hubiera visto alguna vez para que luchara conmigo.” Mientras lo decía en voz alta, entendió que sonaba mucho más fácil de lo que en realidad fue. “Pero tu ya conoces el Kenbun, así que el tener noción de la existencia y sensación del aura, creo que podrás dominarlo sin necesidad de algo así.” Quiso aclarárselo para que ella no pensara que la hacía perder el tiempo.
En ese momento, un repentino ataque de picor invadió el cuerpo de Runin. Rápido, la mujer se puso de espaldas y Ryota llevó su diestra para rascarle con fuerza la zona baja de la espalda. “Kekeke no te preocupes, es mas fresco.” Le dijo para hacerla sentir más tranquila y terminar de dar las últimas rascadas sobre el látex rosa que cubría su cuerpo.
Tras ese incidente, el castaño le tomó la mano con su diestra. “Ya casi llegamos, aguanta un poco.” Le dijo con ternura antes de continuar.
La pareja avanzó unos cuantos metros hasta que encontraron una raíz marcada con una X, producto de dos golpes de pala que Ryota había dado sobre ella. Allí, se desviaron en dirección al tronco, donde un agujero al nivel del suelo se extendía en medio de las raíces, tan grande como para que los tres pudieran ingresar. Se notaba por las paredes de tierra en el túnel que alguien estuvó preparándolo con antelación para facilitarles el acceso.

Al final del túnel, los tres se encontraron con un hermoso escenario que se extendía bajo las raíces del árbol. Una pequeña cueva, habitada de musgo, pequeñas plantas que sobrevivían gracias a la luz que se filtraba entre los restos del tronco y hermosos cuarzos, se presentó como el lugar idóneo para continuar con el entrenamiento de la morena. “Aquí es un poco más fresco... ¿no?”
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