31-08-2026, 06:34 AM
(Última modificación: 31-08-2026, 06:52 AM por Ryota Miyamoto.)
El aroma a tierra húmeda inundaba el interior de la hermosa cueva. Todo se veía hermoso, natural, o así fue hasta que se hizo aún más especial gracias al repentino beso que llegó a los labios de Ryota. La inesperada acción le sorprendió por escasos segundos, pero no tardó en corresponder al suave abrazo y se permitió disfrutar del momento.

Un instante en el mundo fue como una eternidad para él, dejando atrás el entrenamiento, su búsqueda o cualquier otro pendiente que, durante el transcurso de ese momento, no le importaron en absoluto.
“Keke no hace falta que te pongas algo especial para verte hermosa.” Sus ojos se posaron detenidamente en los de Runin antes de liberarla del abrazo, dedicándole una última sonrisa mientras la observaba buscar un lugar para instalarse. Aún no le había comentado lo mejor de aquel lugar, pero prefirió darle un momento más para disfrutar de él.
Runin no tardó en tomar asiento y preguntar sobre la continuidad del entrenamiento. Ryota asintió con agrado en respuesta, observando cómo se posaba sobre aquella piedra con más dudas que respuestas.
—¿Puedes volver a mostrarme el busou, cariño? —
Le pregunto ella.
“Claro, no hay problema.” Las piernas del castaño lo desplazaron en dirección a la piedra, hasta dejarlo a una distancia de apenas dos metros de ella. “Presta atención, realmente es bastante fácil cuando descubres cómo abrir ese canal que encierra tu espíritu en el cuerpo.” De nuevo, una capa invisible a la vista común, rodeó los brazos del castaño, extendiéndose desde el hombro hasta las manos. “Creo que el secreto es como un pohs, o más bien un wohs… quizas un kaommm es decir, la sensación.” Dijo, sabiendo que pudo no haberse hecho entender a la perfección.
De cualquier forma, no hizo falta que continuara con la explicación, ya que fue interrumpido por un repentino actuar de Tocho Morocho. “Brrrrrr” relincho nervioso, acercándose hacia ellos en un instante producto de su miedo.

“¿A ti qué bicho te pico, bro?”
Entonces, desde la oscuridad de la cueva se escuchó un extraño sonido, similar al del metal chocando, y, de forma lenta, emergió un extraño espécimen, mostrándose frente a ellos cuando la luz lo iluminó.

Una malhumorada Mantis gigante oriunda de la fauna de la isla parecía haber hecho de ese lugar su madriguera y ahora los veía como invasores en su territorio. “Qué grande… ¿Tiene casi mi altura, no?” Dijo el castaño con asombro. “Oh bueno, quizás es lo que necesitas, un compañero de sparring… digo, no lo vayas a maltratar tanto, quizás un par de golpes te ayuden a canalizar tu espíritu.”
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