31-08-2026, 02:27 PM
El varón contempló a su amada, en un corto silencio. No es que tuviera un disgusto especial hacia los Sepultura, pero últimamente poseían un comportamiento egocéntrico que no compartía. Que encima hubieran hecho mención a ese tema con su pareja solo lo hacía molestarse más. Cerró los ojos, elevando su diestra hasta su rostro, tratando de evitar el pensamiento. —Que sepas que nunca estuve de acuerdo con lo que fuera que hizo Eros. — No mentía, ni siquiera podía garantizar que en su inconsciencia ese varón no hubiera hecho nada. Mentir todos sabían hacerlo después de todo, incluído él mismo. —A Kiyoshi lo conozco desde hace tiempo también. Lo contraté para que fuera un médico privado para alguien. Ese es el que llama “tonto” a todo el que ve. Siempre ha sido así. Sus padres al menos parecían más educados.
Su mano descendió lentamente cuando el peso de la cabeza ajena se acomodó sobre su hombro. La calidez de la mujer siempre lograba disipar esa irritación, pero no significaba que le hiciera gracia alguna ese tipo de comportamiento por parte de los Sepultura. Algo que, probablemente, se guardaría para más adelante. Por ahora rodeó a la mujer entre sus brazos, hundiendo lentamente su rostro entre el largo cabello de la preciosa mujer que tanto lo hacía sentir y por la que estaba dispuesto a hacer lo que fuera.
El toque de la mujer sobre su piel lo hizo suspirar. El silencio hablaba más que cualquier palabra. Ese “pequeño Jin” que parecía perder fuelle ahora volvía a levantarse, más vivo que nunca, como si nunca hubiera estado dormido. El tacto de la mujer, el calor que irradiaba y la increíble belleza que se presentaba frente a él... ¿Cómo siquiera ignorar algo así? Al menos parecía que el agua y esa pequeña pausa le había servido suficiente para volver a tener las fuerzas que su rostro parecía que le faltaban.
Se dejó empujar, sintiendo las sábanas tras su espalda, el cojín hundirse junto a su cabeza y el tacto de la mujer. Sus brazos descendían por la espalda de Tezca, disfrutando la piel entre la yema de sus dedos, atrayéndola para seguir el ritmo de sus besos con hambre. Tenía algo muy, muy claro... Sus ojos se abrieron ligeramente, buscando el acercamiento del rostro de la mujer.
El tacto de la mujer lo hacía buscar más el calor, volviendo a mover sus caderas de forma involuntaria, casi hambrienta y desesperada. Sentir su humedad rodear su erección, apretarlo como nadie más lo haría nunca, poder poseerla como jamás haría con nadie más... Ella era su única en el mundo, tal y como había confirmado y él mismo estaba convencido de ello.
Abrió sus labios, buscando la lengua, atrapándola ansiosamente en un tono divertido y pícaro, su diestra descendiendo desde la espalda hasta uno de sus glúteos. ¿Cómo era posible que fuera tan malditamente hermosa incluso con un cuerpo nuevo? ¿Cómo existía semejante perfección en una sola persona? ¿Cómo siquiera alguien le había hecho descubrir un sentimiento tan profundo? Claro... Porque no era nadie más que el mismísimo Tezca Norova. La mano que hasta entonces se había estado desplazando ahora regresó al frente, cerrando sus ojos al sentir el calor ascender como la espuma, disfrutando de la calidez de su amada, del calor que le generaba, buscando un alivio silencioso mientras frotaba su erección con el sexo ajeno en un roce casi desesperado y hambriento. Deseaba con todas sus fuerzas que esa separación no existiera... pero también sabía bien la elección que ambos tenían, los caminos que les faltaba todavía por recorrer. Sus suspiros y jadeos se ahogaban entre sus besos, cada vez más hambrientos, moviendo incluso con sus propias caderas el cuerpo de la mujer, incapaz de separarse de ella.
Sus dedos descendieron, haciendo que alcanzaran el botón inferior una vez más, apretándolo, moviendo su pulgar en círculos en dicha zona. Buscó su cuello, quería morderla, quería marcarla, dejarle una huella imborrable que perdurase el tiempo necesario, que se viera en el espejo y lo recordase a él, y lo mismo deseaba él por parte de ella. ¿Quizás debería hacerse un nuevo tatuaje en su honor? ¿Debería tatuarla a ella...? ¿O tal vez ese pensamiento que descartó antes de su intimidad serviría...? Amaba tanto, tantísimo a la persona que tenía delante que solo buscó silenciosamente tenerla solo y exclusivamente para él. Sus deseos crecían a medida que el tiempo parecía estar en su contra.
Buscó un poco de aire, jadeando, con los ojos buscando la mirada de la mujer, apretando uno de sus glúteos con su zurda y buscando que su respiración se calmara, aunque le resultaba imposible con el corazón latiendo con tanta fuerza que hasta podía escucharlo en sus propios oídos.
Ni siquiera las palabras parecían ser suficientes para expresar todo lo que su pecho realmente sentía. Su respiración agitada era palpable, junto a su corazón, la mirada desesperada hacia la mujer y el movimiento de sus caderas acelerando con hambre y desesperación, buscando un nuevo calor que tanto su mano como su erección ya buscaban, hundidos en la humedad de la preciosa figura frente a él.
Su mano descendió lentamente cuando el peso de la cabeza ajena se acomodó sobre su hombro. La calidez de la mujer siempre lograba disipar esa irritación, pero no significaba que le hiciera gracia alguna ese tipo de comportamiento por parte de los Sepultura. Algo que, probablemente, se guardaría para más adelante. Por ahora rodeó a la mujer entre sus brazos, hundiendo lentamente su rostro entre el largo cabello de la preciosa mujer que tanto lo hacía sentir y por la que estaba dispuesto a hacer lo que fuera.
El toque de la mujer sobre su piel lo hizo suspirar. El silencio hablaba más que cualquier palabra. Ese “pequeño Jin” que parecía perder fuelle ahora volvía a levantarse, más vivo que nunca, como si nunca hubiera estado dormido. El tacto de la mujer, el calor que irradiaba y la increíble belleza que se presentaba frente a él... ¿Cómo siquiera ignorar algo así? Al menos parecía que el agua y esa pequeña pausa le había servido suficiente para volver a tener las fuerzas que su rostro parecía que le faltaban.
Se dejó empujar, sintiendo las sábanas tras su espalda, el cojín hundirse junto a su cabeza y el tacto de la mujer. Sus brazos descendían por la espalda de Tezca, disfrutando la piel entre la yema de sus dedos, atrayéndola para seguir el ritmo de sus besos con hambre. Tenía algo muy, muy claro... Sus ojos se abrieron ligeramente, buscando el acercamiento del rostro de la mujer.

“Nunca, jamás me cansaría de ella.”
El tacto de la mujer lo hacía buscar más el calor, volviendo a mover sus caderas de forma involuntaria, casi hambrienta y desesperada. Sentir su humedad rodear su erección, apretarlo como nadie más lo haría nunca, poder poseerla como jamás haría con nadie más... Ella era su única en el mundo, tal y como había confirmado y él mismo estaba convencido de ello.
Abrió sus labios, buscando la lengua, atrapándola ansiosamente en un tono divertido y pícaro, su diestra descendiendo desde la espalda hasta uno de sus glúteos. ¿Cómo era posible que fuera tan malditamente hermosa incluso con un cuerpo nuevo? ¿Cómo existía semejante perfección en una sola persona? ¿Cómo siquiera alguien le había hecho descubrir un sentimiento tan profundo? Claro... Porque no era nadie más que el mismísimo Tezca Norova. La mano que hasta entonces se había estado desplazando ahora regresó al frente, cerrando sus ojos al sentir el calor ascender como la espuma, disfrutando de la calidez de su amada, del calor que le generaba, buscando un alivio silencioso mientras frotaba su erección con el sexo ajeno en un roce casi desesperado y hambriento. Deseaba con todas sus fuerzas que esa separación no existiera... pero también sabía bien la elección que ambos tenían, los caminos que les faltaba todavía por recorrer. Sus suspiros y jadeos se ahogaban entre sus besos, cada vez más hambrientos, moviendo incluso con sus propias caderas el cuerpo de la mujer, incapaz de separarse de ella.
Sus dedos descendieron, haciendo que alcanzaran el botón inferior una vez más, apretándolo, moviendo su pulgar en círculos en dicha zona. Buscó su cuello, quería morderla, quería marcarla, dejarle una huella imborrable que perdurase el tiempo necesario, que se viera en el espejo y lo recordase a él, y lo mismo deseaba él por parte de ella. ¿Quizás debería hacerse un nuevo tatuaje en su honor? ¿Debería tatuarla a ella...? ¿O tal vez ese pensamiento que descartó antes de su intimidad serviría...? Amaba tanto, tantísimo a la persona que tenía delante que solo buscó silenciosamente tenerla solo y exclusivamente para él. Sus deseos crecían a medida que el tiempo parecía estar en su contra.
Buscó un poco de aire, jadeando, con los ojos buscando la mirada de la mujer, apretando uno de sus glúteos con su zurda y buscando que su respiración se calmara, aunque le resultaba imposible con el corazón latiendo con tanta fuerza que hasta podía escucharlo en sus propios oídos.

—Te amo... Te amo tanto...
Ni siquiera las palabras parecían ser suficientes para expresar todo lo que su pecho realmente sentía. Su respiración agitada era palpable, junto a su corazón, la mirada desesperada hacia la mujer y el movimiento de sus caderas acelerando con hambre y desesperación, buscando un nuevo calor que tanto su mano como su erección ya buscaban, hundidos en la humedad de la preciosa figura frente a él.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
