02-09-2026, 02:50 AM
Agradeció a Jalindra el tiempo que se había tomado para enseñarle, así como la paciencia para tener de alumno alguien tan cabeza dura como él. Tuvo que despedirse de ella con una sonrisa, recibiendo una bendición en forma de palabras de ánimo y de buena fortuna dichas por la joven birkaniana. El camino a la civilización no era largo, pero aún así la mente de Uker se encargó de mantenerse ocupada con pensamientos que no habían tenido lugar por culpa del entrenamiento: las palabras de Zarutsuki.
Su grupo había ganado, se habían alzado victoriosos, sea gracias a su participación en el combate o no. Debían recibir un premio, eso que todos parecían desear, el emperador ofreció sabiduría como una de las opciones, Uker y el marine lo habían tomado, la respuesta no fue lo esperado.
No podía hablar por el marine, tal vez podía usar esa información para algo, pero en cuanto a él… No le había dicho nada, le había recriminado el ser materialista cuando lo único que quería era la posibilidad de retener una memoria para siempre. Hacer que su nombre resuene en la historia no le daría lo que quería, todos olvidarían a su familia como ya lo hicieron, ¿de qué servía convertirse en el hombre más famoso del mundo si no cumplía su objetivo? Se había atrevido a decir que no podría derrotar a alguien, que no debería luchar por eso que buscaba, le era imposible lograr calmar su sangre corriendo por sus venas. Su aura apareció como una ráfaga, incrementando su notoriedad junto a su enojo, aunque el no podría verlo por mucho que intentase.
Antes de seguir avanzando, apoyó su mano en un árbol cercano. Presionó con fuerza contra la corteza, logrando generar pequeñas grietas y lanzar volando hacia varios lados trozos diminutos de esta. En cuanto quitó la mano, pudo ver como la propia presión ejercida en la planta había dejado una marca nueva sobre la madera, la forma de su mano donde la había apoyado. No era una nueva habilidad, era pura fuerza, potencia que se había dedicado a denigrar por sí mismo, que le habían dicho que debía ocultar para no tomar el peor camino.
Tal vez era hora de abrir esa puerta de nuevo.
Pero por ahora debía calmarse. Podía saber con certeza que en un futuro podría matar a ese mono y sus secuaces, pero por ahora no le haría ningún bien. Suspiró y continuó su camino, encontrando de pronto algo impresionante.
A decir verdad, no esperaba formar parte de algo así.
Había aceptado la invitación a esta especie de reunión al no tener muchas cosas que hacer, pero se había imaginado que sería algo mucho más serio o donde planeaban tratar temas a futuro. Al parecer solo era una celebración, una comida entre amigos como aquella que tuvieron en la noche luego de los juegos.
Había llamado a su tripulación a para avisarles dónde estaría, para notificarles de ese evento y que se acercaran si querían, pero por ahora estaba solo. Aún había poca gente, aunque la mayoría conocidos de “El Marcado”, por lo que no tuvo reparos en iniciar conversaciones.
O al menos lo más parecido a una conversación con alguien que no podía entenderlo.
Se acercó a Bai, a quien más conocía de ese lugar por ahora, llamando su atención tocando un par de veces su brazo con el dorso de su mano de manera leve. En cuanto sus ojos se encontraron de nuevo fue que recordó la condición de la mujer, que no podía hablarle de manera normal, por lo que llevó una mano a la barbilla y cerró los ojos para pensar, encontrando una solución rápidamente. - Yo… estuve bien… -. Mientras hablaba, apuntó con uno de sus dedos a su propio pecho, para luego levantar ambos puños a la altura de sus hombros y levantar sus pulgares, usando gestos simples para comunicarle lo que quería decir. - ¿Y tú? -. Al decir esto, apuntó hacia la propia mujer, esperando que entendiera el mensaje.
No se habían visto hace mucho tiempo, la última vez había sido en el South Blue, en una tarde donde ella recién parecía aprender lo que significaba ese gesto del pulgar levantado. Tal vez con eso lo recordaría, tal vez no, pero valía la pena intentarlo.
La otra persona que conocía de ese lugar era el compañero de la alada, el mink que había luchado junto a él en el desastre de los Cabos Gemelos. - Guolao -. Le habló por ese apellido que figuraba en los wanteds y que recordaba que aparecía debajo de la imagen del hombre. - Ha pasado un tiempo, el suficiente para que tal vez me hayas olvidado -. Tomó una aceituna de la mesa mientras le hablaba, observándola sin llevarla a su boca aún. - Yo fui ese hombre debilucho que tuviste que ayudar en los Cabos Gemelos, contra ese gyojin que nos atacó -. Para él era una noche inolvidable, no podía olvidar la fuerza desplegada por ese cazador. Aún así, sabía que si lo enfrentaba con sus habilidades actuales, ese enemigo terminaría de la misma forma que terminó esa noche, pero ahora sin necesitar la ayuda del resto. - Busqué agradecerte desde lo sucedido, por un momento temí no volverte a encontrar como sucedió con Rosse y Ashveil, pero ver que tu wanted seguía apareciendo me indicaba que al menos seguías en este mundo -. Dejó fuera a Krysser, a quien vio morir justo frente a sus ojos, en otro día que no saldría de la memoria del cocinero en mucho tiempo.
- Así que gracias. Es por tus acciones que yo sigo vivo y que pude llegar aquí, y sentía que debía decirlo -.
Su grupo había ganado, se habían alzado victoriosos, sea gracias a su participación en el combate o no. Debían recibir un premio, eso que todos parecían desear, el emperador ofreció sabiduría como una de las opciones, Uker y el marine lo habían tomado, la respuesta no fue lo esperado.
No podía hablar por el marine, tal vez podía usar esa información para algo, pero en cuanto a él… No le había dicho nada, le había recriminado el ser materialista cuando lo único que quería era la posibilidad de retener una memoria para siempre. Hacer que su nombre resuene en la historia no le daría lo que quería, todos olvidarían a su familia como ya lo hicieron, ¿de qué servía convertirse en el hombre más famoso del mundo si no cumplía su objetivo? Se había atrevido a decir que no podría derrotar a alguien, que no debería luchar por eso que buscaba, le era imposible lograr calmar su sangre corriendo por sus venas. Su aura apareció como una ráfaga, incrementando su notoriedad junto a su enojo, aunque el no podría verlo por mucho que intentase.
Antes de seguir avanzando, apoyó su mano en un árbol cercano. Presionó con fuerza contra la corteza, logrando generar pequeñas grietas y lanzar volando hacia varios lados trozos diminutos de esta. En cuanto quitó la mano, pudo ver como la propia presión ejercida en la planta había dejado una marca nueva sobre la madera, la forma de su mano donde la había apoyado. No era una nueva habilidad, era pura fuerza, potencia que se había dedicado a denigrar por sí mismo, que le habían dicho que debía ocultar para no tomar el peor camino.
Tal vez era hora de abrir esa puerta de nuevo.
Pero por ahora debía calmarse. Podía saber con certeza que en un futuro podría matar a ese mono y sus secuaces, pero por ahora no le haría ningún bien. Suspiró y continuó su camino, encontrando de pronto algo impresionante.
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A decir verdad, no esperaba formar parte de algo así.
Había aceptado la invitación a esta especie de reunión al no tener muchas cosas que hacer, pero se había imaginado que sería algo mucho más serio o donde planeaban tratar temas a futuro. Al parecer solo era una celebración, una comida entre amigos como aquella que tuvieron en la noche luego de los juegos.
Había llamado a su tripulación a para avisarles dónde estaría, para notificarles de ese evento y que se acercaran si querían, pero por ahora estaba solo. Aún había poca gente, aunque la mayoría conocidos de “El Marcado”, por lo que no tuvo reparos en iniciar conversaciones.
O al menos lo más parecido a una conversación con alguien que no podía entenderlo.
Se acercó a Bai, a quien más conocía de ese lugar por ahora, llamando su atención tocando un par de veces su brazo con el dorso de su mano de manera leve. En cuanto sus ojos se encontraron de nuevo fue que recordó la condición de la mujer, que no podía hablarle de manera normal, por lo que llevó una mano a la barbilla y cerró los ojos para pensar, encontrando una solución rápidamente. - Yo… estuve bien… -. Mientras hablaba, apuntó con uno de sus dedos a su propio pecho, para luego levantar ambos puños a la altura de sus hombros y levantar sus pulgares, usando gestos simples para comunicarle lo que quería decir. - ¿Y tú? -. Al decir esto, apuntó hacia la propia mujer, esperando que entendiera el mensaje.
No se habían visto hace mucho tiempo, la última vez había sido en el South Blue, en una tarde donde ella recién parecía aprender lo que significaba ese gesto del pulgar levantado. Tal vez con eso lo recordaría, tal vez no, pero valía la pena intentarlo.
La otra persona que conocía de ese lugar era el compañero de la alada, el mink que había luchado junto a él en el desastre de los Cabos Gemelos. - Guolao -. Le habló por ese apellido que figuraba en los wanteds y que recordaba que aparecía debajo de la imagen del hombre. - Ha pasado un tiempo, el suficiente para que tal vez me hayas olvidado -. Tomó una aceituna de la mesa mientras le hablaba, observándola sin llevarla a su boca aún. - Yo fui ese hombre debilucho que tuviste que ayudar en los Cabos Gemelos, contra ese gyojin que nos atacó -. Para él era una noche inolvidable, no podía olvidar la fuerza desplegada por ese cazador. Aún así, sabía que si lo enfrentaba con sus habilidades actuales, ese enemigo terminaría de la misma forma que terminó esa noche, pero ahora sin necesitar la ayuda del resto. - Busqué agradecerte desde lo sucedido, por un momento temí no volverte a encontrar como sucedió con Rosse y Ashveil, pero ver que tu wanted seguía apareciendo me indicaba que al menos seguías en este mundo -. Dejó fuera a Krysser, a quien vio morir justo frente a sus ojos, en otro día que no saldría de la memoria del cocinero en mucho tiempo.
- Así que gracias. Es por tus acciones que yo sigo vivo y que pude llegar aquí, y sentía que debía decirlo -.
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