02-09-2026, 10:29 AM
Y el mundo paró de retumbar. Respiré de manera entrecortada, nervioso, con la furia aún encendida en mi pecho mientras bajaba mis espadas y mis hombros en una postura de confusión entrelaza con cansancio que me negaba a aceptar. No sabía que acababa de pasar, pero algo había pasado. Las palabras de Quetzalli sonaron acolchadas, como si en mis oídos hubiera tapones, ablandando su vocalización hasta hacerla casi incomprensible.
Pero una vez más no tuve tiempo para lamerme mis heridas, Ashura nunca tenía tiempo para descansar, mi cometido me lo impedía, mi espada me obligaba y mis sueños de conquista e imperazgo hacían que el descanso fuera un lujo del que nunca podría disfrutar. Aquella invasión de ratas no parecía terminar, mi haki me alertó del peligro una vez más, y mi ojo se movió casi por instinto intentando buscar algo que con la vista no pude seguir pero si con mi espíritu.
- Grin... - Rugí de manera suave, casi melódica. Saboreando al final su aparición.
Desde las alturas, su paso lo impulsó, como si el mismo aire se tensara para auxiliarlo en su cometido, descendió con una celeridad notable. Atraído por la gravedad de mis actos, quise suponer una vez su grupo había sido masacrado... Como siempre, era un mal día para el mundo mientras yo siguiera vivo. Pero todavía quedaba la guinda, era un hombre honesto, la mentira es para los débiles, para quienes no pueden hacerse cargo de sus acciones y yo... Yo detestaba la debilidad y se lo había prometido, le había prometido el sabor de la
Mi espada rebotó contra su puño, haciendo que su avance se parase en seco y dejándole caer completamente expuesto y exhausto frente a mi. Una vez más, mi sombra tapó su cielo, haciendo un paralelismo con la oscuridad que llevaba a la vida de mis enemigos. Mi único ojo lo miro mientras resoplaba todavía nervioso y exhausto por lo que acababa de pasar.
- ¿Ves Grin? - Dije mientras enfundaba de nuevo La Daña Almirantes, girándola sobre mi muñeca y con un diestro y precios movimiento clavándola en su funda y guardándola, esperando hasta encontrar de nuevo a Yugu - Tenías que haberte rendido - dije con un tono burlesco mientras miraba a mi alrededor sobre su cuerpo, ignorándole deliberadamente. La ciudadela había quedado destruida, Quetzalli había generado un enorme socavón y cremado todo a su paso, las vidas que habíamos perdido se contaban por centenas. A mi espalda, el tugurio ese, todavía crepitaba en algunos puntos al haber sido destruido por mi - Nada se antepone a nosotros - dije aún danzando con la mirada sobre la destrucción de la isla - Incluso si para eso tengo que romper mi tesoro - clavé la Hoja del Luto en el suelo y con la mano izquierda agarré a Grin, apretando sus mofletes y moldeando su cara como un cojín, haciendo que sus labios se juntarán y menguaran dejandole la expresión de un besugo - Ahora vivirás en las pocilgas Grin, te alimentaré con sobras y cadáveres como a los marranos, te humillaré todos los días y solo cuando las enfermedades te maten te dejaré descansar - Dije clavando mi ojo en los suyos y acercando mi cara a la suya, hasta que mi boca quedó a la altura de su oído, y sin alzar la voz ni bajarla se lo expliqué - Yo no soy un simple perro de los marines, imbécil. Esto es mucho más profundo de lo que tú y tu grupo piratas con escorbuto llegáis a profundizar. No soy Shichibukai por miedo, respeto o mecenazgo. No, no... Esto es solo un tramite, una pequeña inconveniencia hasta que encuentre a una persona que llevo buscando mucho tiempo Grin, un crío que su simple silueta te haría orinarte en tus pantalones. Para que lo entiendas... Cerdito Valiente, esto solo es un paso más, de un camino terrible que he decidido andar, esto solo es una parte de mi paseo hasta el trono, hasta el día en el que me convierta en... Rey de los Piratas -
Cuando terminé recubrí mi puño con Haki, alejé mi cara de la suya y nos levanté, su cuerpo se movió como un pendulo mientras veía sus ojos desorbitados. Con un golpe seco y fuerte machaqué su pecho en la parte del abdomen sacando todo el aire que quedase en su pulmones y dejandolo inconsciente de un único puñetazo. Después me giré para hablar con Quetzalli.
- Que alguien se encargué de llevarlo a las pocilgas. Quiero que lo desnuden, le aten una cadena al cuello y lo marquen como las cerdos - finalicé mientras agarraba mi espada y la sacaba de la tierra, donde la había clavado con anterioridad, después empecé a caminar - Después iré a verlo. Vamos, tengo que tratar tus heridas - dije mientras emprendía el paso de camino a Haibu, como si nada hubiera pasado, como si esta no fuera la vida que había elegido.
Pero una vez más no tuve tiempo para lamerme mis heridas, Ashura nunca tenía tiempo para descansar, mi cometido me lo impedía, mi espada me obligaba y mis sueños de conquista e imperazgo hacían que el descanso fuera un lujo del que nunca podría disfrutar. Aquella invasión de ratas no parecía terminar, mi haki me alertó del peligro una vez más, y mi ojo se movió casi por instinto intentando buscar algo que con la vista no pude seguir pero si con mi espíritu.
- Grin... - Rugí de manera suave, casi melódica. Saboreando al final su aparición.
Desde las alturas, su paso lo impulsó, como si el mismo aire se tensara para auxiliarlo en su cometido, descendió con una celeridad notable. Atraído por la gravedad de mis actos, quise suponer una vez su grupo había sido masacrado... Como siempre, era un mal día para el mundo mientras yo siguiera vivo. Pero todavía quedaba la guinda, era un hombre honesto, la mentira es para los débiles, para quienes no pueden hacerse cargo de sus acciones y yo... Yo detestaba la debilidad y se lo había prometido, le había prometido el sabor de la
- Desesperación -
Mi espada rebotó contra su puño, haciendo que su avance se parase en seco y dejándole caer completamente expuesto y exhausto frente a mi. Una vez más, mi sombra tapó su cielo, haciendo un paralelismo con la oscuridad que llevaba a la vida de mis enemigos. Mi único ojo lo miro mientras resoplaba todavía nervioso y exhausto por lo que acababa de pasar.
- ¿Ves Grin? - Dije mientras enfundaba de nuevo La Daña Almirantes, girándola sobre mi muñeca y con un diestro y precios movimiento clavándola en su funda y guardándola, esperando hasta encontrar de nuevo a Yugu - Tenías que haberte rendido - dije con un tono burlesco mientras miraba a mi alrededor sobre su cuerpo, ignorándole deliberadamente. La ciudadela había quedado destruida, Quetzalli había generado un enorme socavón y cremado todo a su paso, las vidas que habíamos perdido se contaban por centenas. A mi espalda, el tugurio ese, todavía crepitaba en algunos puntos al haber sido destruido por mi - Nada se antepone a nosotros - dije aún danzando con la mirada sobre la destrucción de la isla - Incluso si para eso tengo que romper mi tesoro - clavé la Hoja del Luto en el suelo y con la mano izquierda agarré a Grin, apretando sus mofletes y moldeando su cara como un cojín, haciendo que sus labios se juntarán y menguaran dejandole la expresión de un besugo - Ahora vivirás en las pocilgas Grin, te alimentaré con sobras y cadáveres como a los marranos, te humillaré todos los días y solo cuando las enfermedades te maten te dejaré descansar - Dije clavando mi ojo en los suyos y acercando mi cara a la suya, hasta que mi boca quedó a la altura de su oído, y sin alzar la voz ni bajarla se lo expliqué - Yo no soy un simple perro de los marines, imbécil. Esto es mucho más profundo de lo que tú y tu grupo piratas con escorbuto llegáis a profundizar. No soy Shichibukai por miedo, respeto o mecenazgo. No, no... Esto es solo un tramite, una pequeña inconveniencia hasta que encuentre a una persona que llevo buscando mucho tiempo Grin, un crío que su simple silueta te haría orinarte en tus pantalones. Para que lo entiendas... Cerdito Valiente, esto solo es un paso más, de un camino terrible que he decidido andar, esto solo es una parte de mi paseo hasta el trono, hasta el día en el que me convierta en... Rey de los Piratas -
Cuando terminé recubrí mi puño con Haki, alejé mi cara de la suya y nos levanté, su cuerpo se movió como un pendulo mientras veía sus ojos desorbitados. Con un golpe seco y fuerte machaqué su pecho en la parte del abdomen sacando todo el aire que quedase en su pulmones y dejandolo inconsciente de un único puñetazo. Después me giré para hablar con Quetzalli.
- Que alguien se encargué de llevarlo a las pocilgas. Quiero que lo desnuden, le aten una cadena al cuello y lo marquen como las cerdos - finalicé mientras agarraba mi espada y la sacaba de la tierra, donde la había clavado con anterioridad, después empecé a caminar - Después iré a verlo. Vamos, tengo que tratar tus heridas - dije mientras emprendía el paso de camino a Haibu, como si nada hubiera pasado, como si esta no fuera la vida que había elegido.
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