03-09-2026, 08:33 PM
(Última modificación: 03-09-2026, 08:34 PM por Tezca Norova.)
Escuchaba las historias de todos, incluso las cosas que no podía saber del todo de mi tripulación y sin embargo no le quitaba la mirada al perro del gobierno al final del día varias de esas historias dejaban mucho peor a la facción de la que era parte: quería saber como reaccionaba a cada uno de esas, por suerte el conocido peso del pelinegro en mi hombro me mantenía tranquila como un pequeño recordatorio en el que había mejores cosas en las que concentrarme que en esa mujer. —Lo siento mucho pero hoy estoy del lado de los piratas de la sepultura, ustedes tres son muy suaves con el enemigo ¿Me entiendes? — Fue mi único comentario, arrugando la nariz. —No, no jodan, no entran marines en el Aloha Kai, dejen mi santuario libre de plagas. Mínimo. — Suficiente ya hacían fraternizando con los perros.
La traición.
La traición me enfermaba tanto que comenzaba a sentirme como en los juegos; tosiendo y congestionada, intentando disimularlo lo mejor que podía dándole otro trago a mi copa. Aquello que me hizo sonreír fue la actitud coqueta de la mujer marine ¿Qué carajos? ¿Se estaba vendiendo sola? No, solo era una provocación y no iba a caer en ella así que simplemente desvié la mirada soportando el coraje, no era una mala anfitriona aunque la mujer tampoco era mi invitada. —Te secuestraron los marines y aún así te vendiste a los mismos… Te vendiste al uniforme que intentó hacerte daño ¡Y luego me dicen que los marines no son perros! Pero un plato de comida no se le niega a nadie…— Mascullé lo último, carraspeando con la esperanza que tal vez nadie lo hubiera escuchado.
Aunque no nos hubiera hecho nada eso no podía asegurar que no lo haría en el futuro, al final del día aquellos con el uniforme solo eran leales a los caprichos de sus superiores y detrás de esa bondad solo se encontraba un egoísmo que podría superar el mío, la verdad me sentía tensa, como si esperaba el momento en que desenfundara su arma y atacara a los presentes. —He conocido a parte de los tuyos al igual que mi compañero— Comenté señalando a Barald a mi lado. —Uno de los tuyos… me ayudó en un momento de urgencia. Su presencia en los juegos y el del tipo de la luz potente removió ese recuerdo… Se llama Kael ¿no?— Y ese era el único respeto que iba a obtener de mí. Iba a hacer algo, cuando Runin me dirigió una seña, provocando que me levantara poco a poco acomodándome el vestido. —Dame un segundo, Baralchi— Comenté con suavidad, cuando la otra rubia me ROBÓ VILMENTE a Runin. Obviamente estaba ofendida ¡Si la invitación era para mi! Aún así no me quedaría de brazos cruzados con tan buena música.
De pronto una idea se me vino a la mente, claro, esta chica era un perro del gobierno, a ella podría devolverle los botiquines que le debía a ese otro perro, aunque el mismo había dicho que no yo conocía a esta gente y era mejor no quedar con deudas pendientes. Corrí rápidamente al interior de la casa para sacar dos botiquines: Uno pequeño y uno grande, regresando con ambos directamente a la pista de baile. —¡Rubia! — La interrumpí para extenderle ambos botiquines con un rostro serio, mirándola a los ojos. —Los perros del gobierno se reúnen en manadas ¿no? Ten. Con esto saldo mi deuda con Kael, cuando te lo encuentres dale estos botiquines y dile que Tezca Norova siempre salda sus deudas. — Esperé que los aceptara para finalmente dejarla bailar con Runin, solo esperaba que no se les hiciera costumbre.
¿En que estaba? Por supuesto, la música, aquello que no pretendía desaprovechar de las hábiles notas de mi capitán. Miré alrededor de la sala, aquel cocinero no había dejado de trabajar ¿verdad? Tal vez era momento de que se divirtiera un poco. Me acerqué con una coqueta sonrisa en el rostro, guiñándole antes de extenderle la palma. —¿Bailamos? Me parece que mereces divertirte un poco después de cocinar tanto, campeón. — Esperando su mano o al menos su aceptación mi vista se desvió a Barald, moviendo la cabeza a un costado para señalar la pista de baile, esperando que tambien se animara.
La traición.
La traición me enfermaba tanto que comenzaba a sentirme como en los juegos; tosiendo y congestionada, intentando disimularlo lo mejor que podía dándole otro trago a mi copa. Aquello que me hizo sonreír fue la actitud coqueta de la mujer marine ¿Qué carajos? ¿Se estaba vendiendo sola? No, solo era una provocación y no iba a caer en ella así que simplemente desvié la mirada soportando el coraje, no era una mala anfitriona aunque la mujer tampoco era mi invitada. —Te secuestraron los marines y aún así te vendiste a los mismos… Te vendiste al uniforme que intentó hacerte daño ¡Y luego me dicen que los marines no son perros! Pero un plato de comida no se le niega a nadie…— Mascullé lo último, carraspeando con la esperanza que tal vez nadie lo hubiera escuchado.
Aunque no nos hubiera hecho nada eso no podía asegurar que no lo haría en el futuro, al final del día aquellos con el uniforme solo eran leales a los caprichos de sus superiores y detrás de esa bondad solo se encontraba un egoísmo que podría superar el mío, la verdad me sentía tensa, como si esperaba el momento en que desenfundara su arma y atacara a los presentes. —He conocido a parte de los tuyos al igual que mi compañero— Comenté señalando a Barald a mi lado. —Uno de los tuyos… me ayudó en un momento de urgencia. Su presencia en los juegos y el del tipo de la luz potente removió ese recuerdo… Se llama Kael ¿no?— Y ese era el único respeto que iba a obtener de mí. Iba a hacer algo, cuando Runin me dirigió una seña, provocando que me levantara poco a poco acomodándome el vestido. —Dame un segundo, Baralchi— Comenté con suavidad, cuando la otra rubia me ROBÓ VILMENTE a Runin. Obviamente estaba ofendida ¡Si la invitación era para mi! Aún así no me quedaría de brazos cruzados con tan buena música.
De pronto una idea se me vino a la mente, claro, esta chica era un perro del gobierno, a ella podría devolverle los botiquines que le debía a ese otro perro, aunque el mismo había dicho que no yo conocía a esta gente y era mejor no quedar con deudas pendientes. Corrí rápidamente al interior de la casa para sacar dos botiquines: Uno pequeño y uno grande, regresando con ambos directamente a la pista de baile. —¡Rubia! — La interrumpí para extenderle ambos botiquines con un rostro serio, mirándola a los ojos. —Los perros del gobierno se reúnen en manadas ¿no? Ten. Con esto saldo mi deuda con Kael, cuando te lo encuentres dale estos botiquines y dile que Tezca Norova siempre salda sus deudas. — Esperé que los aceptara para finalmente dejarla bailar con Runin, solo esperaba que no se les hiciera costumbre.
¿En que estaba? Por supuesto, la música, aquello que no pretendía desaprovechar de las hábiles notas de mi capitán. Miré alrededor de la sala, aquel cocinero no había dejado de trabajar ¿verdad? Tal vez era momento de que se divirtiera un poco. Me acerqué con una coqueta sonrisa en el rostro, guiñándole antes de extenderle la palma. —¿Bailamos? Me parece que mereces divertirte un poco después de cocinar tanto, campeón. — Esperando su mano o al menos su aceptación mi vista se desvió a Barald, moviendo la cabeza a un costado para señalar la pista de baile, esperando que tambien se animara.
Notas importantes
Stats y estados

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