06-09-2026, 12:12 PM
Tuve que contener un amago de mueca al ver a Garnet responder con esa chulería de Skypiean nudista. —«¡Antes de cubrir mi cuerpo de escándalo de ropa, el menda se viste de marine!»— chilló. Rodé los ojos hacia el cielo. Un marine en tanga de cebra, lo que le faltaba a la Marina para terminar de perder el poco respeto que les quedaba.
Pero no tuve tiempo de soltar otra de mis réplicas venenosas, puesto que Garnet decidió que era hora de hablar con música; y, marica, vaya si habló.
El primer acorde retumbó en la madera de la cubierta, una reverberación pesada y eléctrica que hizo vibrar las suelas de mis pies. Luego vino la tormenta. Sus dedos volaron sobre el mástil con una velocidad diabólica, sacando chispas al aire mientras sacudía esa melena pelirroja con un ritmo salvaje, casi primitivo. No pude evitar alzar una ceja, impresionado a mi pesar. Tenía técnica, el condenado. Tenía rabia, potencia y esa energía caótica que tanto gustaba a la plebe.
Usando la palanca de vibrato y distorsionando las cuerdas con maña, logró que el metal chirriara modulando un mensaje casi inteligible: «Aspros... prepárate... para... morder... el... polvo».
El sonido se apagó en una última nota plana que murió lentamente en la brisa de la tarde. Garnet se quedó ahí, sacando la lengua con rostro de puro éxtasis, ufano de su hazaña, antes de hacerme ese disimulado gesto con los dedos invitándome al escenario. «Ven, aquí te estoy esperando». Sonreí.
—UUUUHUHUHU... Muy bonito, marichocho. Muy escandaloso, muy ruidoso, muy... masculino —solté, mientras daba un par de pasos lentos sobre el escenario—. Un despliegue de ruido digno de un taller de mecánica...
Me detuve a escasos tres metros de él. Deslicé lentamente los dedos por el marco de mis gafas de sol blancas, quitándomelas de la cabeza con un ademán teatral y dejándolas enganchadas en uno de los pliegues de mi pareo. Ladeé la cabeza, clavando mis ojos en los suyos.
—El verdadero arte no busca dejar sordo a nadie, marichocho.
Me deslicé por la madera hasta ponerme en el centro del escenario y, con un giro seco sobre los talones, me clavé en una postura imposible: la pierna derecha alzada en un ángulo inverosímil hacia el cielo, una mano en la cadera y la otra tapándome medio rostro con los dedos abiertos de par en par. La brisa hizo flamear mi pareo floral como si tuviera vida propia. No me hacía falta ninguna guitarra de madera ni cables. Mi presencia era más que suficiente.
Inspiré hondo y dejé brotar la primera nota de mi garganta. Era una melodía dulce, limpia y sumamente cautivadora, que ascendió con ligereza en un falsete impecable. Con cada cambio de compás, encadenaba una pose más extravagante que la anterior, flexionando la espalda hasta tocar casi el suelo o estirando los brazos hacia los lados como si bailase sobre una pasarela invisible. La melodía fluía de forma hipnótica, un canto de reina sirena pulido en los mejores escenarios de Kamabakka que envolvía la cubierta por completo.
Culminé la actuación con una pirueta rápida en el aire, cayendo suavemente sobre una rodilla y extendiendo una mano hacia el cielo mientras sostenía un agudo perfecto, vibrante y cristalino que resonó contra la madera del Solar Karma.
Dejé que el último eco se disipase en el aire primaveral antes de ponerme en pie de un salto, recolocándome el cabello con total naturalidad, como si no me hubiera despeinado en absoluto.
—Eso, mi estimado pelirrojo, es arte.
![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)
