[ PR | Entrenamiento Haki ] El tesoro oculto en Skypia.
#18

¡El temor! Una de las emociones más humanas habidas y por haber. Está bien si Ryota no se anima a combatir, algún día lo harán tras la fachada de otro entrenamiento. ¿Cuándo? Solo el tiempo, el mar y el aburrimiento lo dirán. Mientras tanto a la fémina de mirada chocolate solo le hace falta reír con diversión ante la negativa del castaño. —No soy tan desalmada, cariño. ¡Y no me mires raro! Si hubiera querido matarlo ya estaría girando mi brazo. —Levanta el mentón, fingiendo estar afectada ante tal absurdas acusaciones.

Claro, después de ello siguen los halagos, esos que aumenta el ego de la fémina, que la hacen volar y sentirse dichosa. ¿Quién no levantaría el mentón y sacaría el pecho después de ser elogiado? Claro que en su estado solo hace más notorias las rasgaduras de su vestimenta. —Me gusta que me mires en todo momento, cariño. —Guiña hacia él, le encanta cuando se pone tan ¿cómo decirlo? adorable, enternecedor, un poco tonto.



—Gracias, cariño. Nunca me he quejado de tu sudor.

Toma la prenda que el ajeno la ofrece, sin pensarlo demasiado se la coloca encima, si, es una buena adquisición. ¿Se la regresará al regresar a la casa en la que se hospedan? Obviamente no, está por convertirse en su próxima pijama. Con la idea en mente parece sonreír sin siquiera proponérselo, como si imaginara estar acostada en la comodidad de un colchón vistiendo algo tan cómodo como una suave camisa.

—¿Humm? ¿Agujeros? —Arquea una de sus cejas como si intentase entrever cuál es el plan del castaño, claro, ni siquiera le hace falta utilizar el kenbun cuando lo conoce a la perfección. Suspira con pesadez mas no se niega. ¿Cómo ha logrado confiar ciegamente en alguien tan ocurrente como Ryota? A veces aún se lo pregunta aunque en el fondo se cansó de buscar la respuesta, no la necesita. —Será mejor que guardes bien mis guantes de gatita, no pienso ensuciarlos. —Frunce el entrecejo. —Al final de cualquier manera el traje se hubiera terminado dañando así.

¡No importa! Pronto conseguirá otro.

Eso hace que el ánimo regrese, que la alegría perdure y que sus puños se encajen contra la tierra una, dos, tres, cuatro veces; tantas, que la constancia se vuelve relajante a pesar de la sensación hormigueante en sus nudillos. No sabe cuánto tiempo pasan de esa manera. Tocho incluso se queda dormido a pesar del sonido de la pala y de sus puños; claro, está acostumbrado a las tonterías y al estruendo de los Mahana.

En un principio, la intermitencia del busou se hace presente: el primer golpe aún contiene esa fina capa que acaricia sus brazos; en el segundo, desaparece por completo. Le cuesta hasta el quinto golpe volver a sentir el calor en su cuerpo y el famoso «kaomm». Entre idas y venidas, en los siguientes golpes el haki se vuelve una constante, no como una explosión que viene y va, sino como algo consciente que se siente natural. Al final del día, es su espíritu; simplemente no había tenido las herramientas para hacerlo florecer.

Cavar por el tesoro se convierte en la cereza del pastel para su entrenamiento, a pesar del esfuerzo y el sudor no puede dejar de sonreír, aún si el día desaparece para dar cabida a la oscuridad. ¿Se quedarán a oscuras pronto? El sol decae y con ello la luna se alza, iluminando el lóbrego cielo. —Uff… creo que podríamos intentarlo mañana, ¿no, cariño? deberíamos irn… —La voz se acalla cuando la luz de la luna se abre paso hasta acariciar los cristales de cuarzo.


Los labios de la amazona se separan mientras el irrisorio espectáculo se abre paso ante sus brillantes ojos. No puede dejar de mirar a su alrededor. Da un paso hacia ningún lugar en específico y estira la diestra hacia la luz que proyecta uno de los cuarzos que iluminan la estancia; se deja encandilar cuando los colores acarician su mano y, al levantar la mirada, el espectáculo se vuelve todavía más hermoso. Es algo tan etéreo que cualquiera podría pensar que es inalcanzable y, sin embargo, está ahí, frente a ella, disfrutando de una noche que jamás podrá ser borrada de su memoria.

Sin darse cuenta, extiende los brazos y da un par de vueltas suaves, permitiendo que la luz acaricie su rostro y recorra su cuerpo. Sonríe, maravillada, como si se tratase de una infante encandilada por algo que contempla por primera vez. ¿El entrenamiento? ¿El tesoro? Todo queda relegado cuando los orbes chocolate buscan al autor de tal escenario. La sonrisa de la fémina se extiende un gesto tan embelesado como emocionado.

Lo ve, solo puede verlo a él, siempre quiere verlo a él y solo a él. En medio del fulgor de los colores, de la intimidad del momento, de los agujeros en el suelo que han creado tal despliegue de vida. Runin Kitay se detiene, el silencio se siente inequívoco, tan suyo, incluso el corcel los mira de reojo sin emitir ruido alguno.

—Cariño… —El sonido del primer paso contra la tierra, cuidadosa de no caer sobre algún cuarzo. Un segundo paso resuena, el tercero se convierte en un grácil salto que culmina con la amazona cayendo sobre los brazos del castaño, aferrándose a él hasta lograr separarse para delinear ese rostro que tanto ama ver a diario.



—Jamás en mi vida olvidaré esta cita.

Nunca lo hará.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]


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RE: [ PR | Entrenamiento Haki ] El tesoro oculto en Skypia. - por Runin D. Kitay - 08-09-2026, 08:29 AM

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