08-09-2026, 08:09 PM
Bai está presentando el festín a sus compañeros.
Maki: Aparece con gorra y labios pintados.
Maki aparece comiendo directamente y fuma. Va antes de Uker.
Solo cuando Bai se queda sola -> Cuando vio sola a Bai, Maki tomó el cigarrillo, una copa de vino y, lanzando el cigarrillo al suelo, lo pisó y restregó con fuerza; apenas le había dado dos caladas. Caminó hacia ella sin parar de mirarla, sin apartarle el acero dorado y sombrío de sus ojos. Cuando llego a ella, no la dejo hablar, solo la tomo de la mano, la giro pasando ella misma a su lado; algunos le hablaban con gestos y palabras cortas. Ella, pero ella no lo necesitaba. Maki se subió a una tarima para casi igualar su altura y bebió un poco de vino. Un segundo después… tomó la mandíbula de la alada, suave… muy suavemente y alzando un poco su rostro sin dejar de mirarla, depositó un poco de vino de su misma copa. Sin dejar de mirar la acción, dominándola, haciendo que hiciera lo que quisiese. Sus labios bebiendo eran hermosos, como manzanas recién cosechadas. Y sus ojos, mares danzantes en armonía. Sentía como el brebaje pasaba por su garganta… Entonces Maki le miró nuevamente de arriba abajo y le tocó el corazón. Justo en medio. Movió su mano apenas, como si lo hiciera circularmente, y después apuntó hacia abajo. ¿A la tierra?, al suelo, al… ¿Mar?
Varo: Llega después de Maki. Justo después de que le dé de beber.
—Oh, pero si es usted, señorita —dije en dirección a Bai, tratando de recordar su nombre—. ¿Qué tal van aquellas clases de idiomas? Por lo que veo, puede usted relacionarse sin problema.
Luego se va con Zhang.
Luego come solo y se desploman los duraznos. Se le caen y los recoge.
Heras: Le sirve agua a Bai y se va con Varo y Zhnag/Uker.
Zhang había sido el primero en tomar asiento junto a Silencio en medio de aquella gigantesca mesa. Bai, en cambio, se limitaba a observar al pequeño simio jugueteando sobre el hombro del mink, quien parecía calcular de qué platillo iba a robar primero.
—Silencio... Lo llamó invitándolo a abalanzarse.
Ya había visto aquella mirada antes, pues era la misma que el macaco había puesto cuando le ofreció pasas, atiborrándose la boca hasta deformar las mejillas. Y sabía que terminaría haciéndolo de una forma u otra, así que, ¿por qué no permitírselo y ahorrarle la angustia de contenerse?
—No te preocupes por él, Zhang. Es un alma libre —comentó posicionándose de espalda al resto y seleccionando una mazorca.
Sin embargo, apenas la hubo dejado sobre su plato, sintió unos prudentes toquecitos que reclamaban su atención. Entonces, giró en esa dirección.
—¡Uker! —exclamó, con el rostro iluminado por la agradable sorpresa que era reconocer al joven que había conocido en las tierras de Sorbet.
Hacía muchísimo tiempo de aquel encuentro. No obstante, todavía deseaba agradecerle por su compañía en lo que había sido un momento tan duro para ella.
—Bai —respondió entonces la alada llevándose la mano a su propio pecho—. —Bien —añadió en su idioma y levantando el pulgar. No había olvidado aquello.
—Bai está feliz —prosiguió tocándose el pecho a la altura del corazón— ver Uker.
La oharanense iba a añadir algo más cuando finalmente decidió que lo mejor era limitarse a que los demás interactuaran entre ellos. Luego, simplemente se apartó uno de ellos para brindarles algo de privacidad.
En ese momento, Bai se quedó sola. Quizá por eso se permitió un instante de calma para observar en derredor y observar el banquete desde la distancia, permitiendo que otros llevaran el peso del anfitrión.
Lo único que sí lamentaba era no poder ofrecer el recibimiento que consideraba apropiado.
En cualquier otro contexto, Bai hubiera pedido que se mezclara el vino para libar a los dioses y que estos les acompañaran en el banquete. Sin embargo, si los huéspedes no creían, y sospechaba que ninguno de los del Mar Azul adoraba a los mismos dioses que ella, habría dejado el rito a un lado y en su lugar lo habría transformado en una simple formalidad antes de pedirles que se alimentaran con los frutos de la tierra.
Incluso, si el ambiente lo hubiera permitido, habría pedido a los demás piratas que se unieran a la conversación y que olvidaran las banderas a las que servían para reconocerse como compañeros de mesa. Sobre todo porque esa era la virtud que guiaba sus actos. Sus huéspedes no debían solo limitarse a recibir comida y bebida; debían sentirse acogidos.
Mientras todo esto pasaba por su cabeza, su cuerpo continuó el gesto mecánico que había iniciado escasos segundos antes de la aparición del joven humano, llevándose la mazorca a los labios para luego clavarle los dientes. Fue entonces cuando los vio. Al hombre no lo conocía, pese a que lo había visto anteriormente mientras se dirigían hacia los juegos, y a la mujer...
La conocía más de lo que cualquiera de los presentes pudiera sospechar.
Sin embargo, Bai no era esclava de impulsos simples o primitivos como para buscarla. Así que mantuvo el rostro sereno y las pulsiones a raya mientras, de nuevo, el plato lleno volvía a descender. No porque no tuviera hambre, sino porque a ambos les debía la misma cortesía.
Después, levantó la mano y los intentó saludar. Sin embargo, el gesto quedó a medias al verla fumar. ¿Estaría su paladar tan atrofiado como para no haberlo distinguido antes? Teniendo en cuenta que poco —o nada— abría la boca, parecía una consecuencia completamente lógica.
Bai estaba pensando en todo aquello cuando, de pronto, se encontró siguiendo a Maki como un perro lo hace con el aroma de su amo. De hecho, ni siquiera despertó de su reflexión cuando le seguía, sino cuando sus labios ya se habían separado y la diluida mezcla inundaba su boca. Durante un rato, la alada continuó bebiendo del brevaje hasta que este se terminó y dio paso a la mano de Maki sobre su corazón.
¿Qué le estaba insinuando? ¿Acaso le preguntaba a dónde pertenecía?
Negó con la cabeza intentando explicarle que ella no era de allí.
Después, se llevó los dedos a los labios para limpiarse las gotas que todavía quedaban de vino sobre ellos y, al bajar la mirada, descubrió, no sin cierta sorpresa, dónde habían terminado descansando sus manos.
—Heras... Con la aparición de su compañero junto a ellas, y al querer atenderlo, Bai retiró con calma las manos del cuerpo ajeno, dejando que las yemas resbalaran un instante por la tela antes de volverse para agradecerle el agua. Gracias.
Después, tan pronto como llegó, se alejó de ambas, convirtiéndose en una especie de anfitrión y colocando algo de música.
—Quién tuviera su edad... —murmuró al ver su ímpetu juvenil para luego darle un trago a la copa de agua en un intento por rebajar el calor que sentía en sus mejillas.
Sin embargo, las sorpresas no terminarían ahí.
—¡Varo! —La sorpresa fue mayúscula cuando apareció el mink de Whiskey Peek. Tanto así que por un momento tuvo el impulso de separarse de la muchacha: —Qué gusto verte aquí. La verdad es que no he avanzado demasiado desde Whiskey Peek —respondió mientras la comisura de sus labios se curvaba ligeramente—. Aunque, si te soy sincera, la necesidad me ha hecho adaptarme mejor de lo que esperaba.
Tras decir aquello, Bai dirigió una breve mirada a Maki.
La última vez utilicé un libro para comunicarme con ella. He estado intentando aprender por mi cuenta para no abusar de la generosidad de mi compañero Zhang, así que recurro a libros bilingües cuando lo necesito. A veces no sale del todo bien; otras, simplemente tengo suerte.
Hizo una pausa para luego volver a hablar.
—No te entretengo más. Espero la compañía y el banquete sean de tu agrado.
Después inclinó levemente la cabeza a modo de despedida y, mientras Varo se presentaba para ir luego con Zhang, Bai volvió su atención hacia la otra capitana. De nuevo su mano había buscado el calor ajeno, permaneciendo apoyada sobre su pierna aun cuando no era un gesto necesario para indicar que hablaba de ella.
—Perdona... —Murmuró retirándola despacio—. ¿Te ayudo?
Como sabía que no le entendería, dio un paso atrás y le tendió la mano para que bajara.
No había pasado mucho rato cuando de pronto sintió un pequeño estruendo que le hizo buscar en todas direcciones por la fuente del sonido. Al parecer, había sido el tímido mink intentando coger un durazno.
—Discúlpame —murmuró mientras se inclinaba para luego separarse de Maki e ir a ayudar—. No te preocupes, Varo.
Con delicadeza comenzó a recoger parte de lo que el tirador había tirado y lo ayudó a colocarlos sobre la mesa.
—Yo tomaré uno —le respondió tras terminar de colocarlos—. Sabes, me alegra mucho verte aquí. Han pasado muchas lunas desde Whiskey Peek…
Maki: Aparece con gorra y labios pintados.
Maki aparece comiendo directamente y fuma. Va antes de Uker.
Solo cuando Bai se queda sola -> Cuando vio sola a Bai, Maki tomó el cigarrillo, una copa de vino y, lanzando el cigarrillo al suelo, lo pisó y restregó con fuerza; apenas le había dado dos caladas. Caminó hacia ella sin parar de mirarla, sin apartarle el acero dorado y sombrío de sus ojos. Cuando llego a ella, no la dejo hablar, solo la tomo de la mano, la giro pasando ella misma a su lado; algunos le hablaban con gestos y palabras cortas. Ella, pero ella no lo necesitaba. Maki se subió a una tarima para casi igualar su altura y bebió un poco de vino. Un segundo después… tomó la mandíbula de la alada, suave… muy suavemente y alzando un poco su rostro sin dejar de mirarla, depositó un poco de vino de su misma copa. Sin dejar de mirar la acción, dominándola, haciendo que hiciera lo que quisiese. Sus labios bebiendo eran hermosos, como manzanas recién cosechadas. Y sus ojos, mares danzantes en armonía. Sentía como el brebaje pasaba por su garganta… Entonces Maki le miró nuevamente de arriba abajo y le tocó el corazón. Justo en medio. Movió su mano apenas, como si lo hiciera circularmente, y después apuntó hacia abajo. ¿A la tierra?, al suelo, al… ¿Mar?
Varo: Llega después de Maki. Justo después de que le dé de beber.
—Oh, pero si es usted, señorita —dije en dirección a Bai, tratando de recordar su nombre—. ¿Qué tal van aquellas clases de idiomas? Por lo que veo, puede usted relacionarse sin problema.
Luego se va con Zhang.
Luego come solo y se desploman los duraznos. Se le caen y los recoge.
Heras: Le sirve agua a Bai y se va con Varo y Zhnag/Uker.
Zhang había sido el primero en tomar asiento junto a Silencio en medio de aquella gigantesca mesa. Bai, en cambio, se limitaba a observar al pequeño simio jugueteando sobre el hombro del mink, quien parecía calcular de qué platillo iba a robar primero.
—Silencio... Lo llamó invitándolo a abalanzarse.
Ya había visto aquella mirada antes, pues era la misma que el macaco había puesto cuando le ofreció pasas, atiborrándose la boca hasta deformar las mejillas. Y sabía que terminaría haciéndolo de una forma u otra, así que, ¿por qué no permitírselo y ahorrarle la angustia de contenerse?
—No te preocupes por él, Zhang. Es un alma libre —comentó posicionándose de espalda al resto y seleccionando una mazorca.
Sin embargo, apenas la hubo dejado sobre su plato, sintió unos prudentes toquecitos que reclamaban su atención. Entonces, giró en esa dirección.
—¡Uker! —exclamó, con el rostro iluminado por la agradable sorpresa que era reconocer al joven que había conocido en las tierras de Sorbet.
Hacía muchísimo tiempo de aquel encuentro. No obstante, todavía deseaba agradecerle por su compañía en lo que había sido un momento tan duro para ella.
—Bai —respondió entonces la alada llevándose la mano a su propio pecho—. —Bien —añadió en su idioma y levantando el pulgar. No había olvidado aquello.
—Bai está feliz —prosiguió tocándose el pecho a la altura del corazón— ver Uker.
La oharanense iba a añadir algo más cuando finalmente decidió que lo mejor era limitarse a que los demás interactuaran entre ellos. Luego, simplemente se apartó uno de ellos para brindarles algo de privacidad.
En ese momento, Bai se quedó sola. Quizá por eso se permitió un instante de calma para observar en derredor y observar el banquete desde la distancia, permitiendo que otros llevaran el peso del anfitrión.
Lo único que sí lamentaba era no poder ofrecer el recibimiento que consideraba apropiado.
En cualquier otro contexto, Bai hubiera pedido que se mezclara el vino para libar a los dioses y que estos les acompañaran en el banquete. Sin embargo, si los huéspedes no creían, y sospechaba que ninguno de los del Mar Azul adoraba a los mismos dioses que ella, habría dejado el rito a un lado y en su lugar lo habría transformado en una simple formalidad antes de pedirles que se alimentaran con los frutos de la tierra.
Incluso, si el ambiente lo hubiera permitido, habría pedido a los demás piratas que se unieran a la conversación y que olvidaran las banderas a las que servían para reconocerse como compañeros de mesa. Sobre todo porque esa era la virtud que guiaba sus actos. Sus huéspedes no debían solo limitarse a recibir comida y bebida; debían sentirse acogidos.
Mientras todo esto pasaba por su cabeza, su cuerpo continuó el gesto mecánico que había iniciado escasos segundos antes de la aparición del joven humano, llevándose la mazorca a los labios para luego clavarle los dientes. Fue entonces cuando los vio. Al hombre no lo conocía, pese a que lo había visto anteriormente mientras se dirigían hacia los juegos, y a la mujer...
La conocía más de lo que cualquiera de los presentes pudiera sospechar.
Sin embargo, Bai no era esclava de impulsos simples o primitivos como para buscarla. Así que mantuvo el rostro sereno y las pulsiones a raya mientras, de nuevo, el plato lleno volvía a descender. No porque no tuviera hambre, sino porque a ambos les debía la misma cortesía.
Después, levantó la mano y los intentó saludar. Sin embargo, el gesto quedó a medias al verla fumar. ¿Estaría su paladar tan atrofiado como para no haberlo distinguido antes? Teniendo en cuenta que poco —o nada— abría la boca, parecía una consecuencia completamente lógica.
Bai estaba pensando en todo aquello cuando, de pronto, se encontró siguiendo a Maki como un perro lo hace con el aroma de su amo. De hecho, ni siquiera despertó de su reflexión cuando le seguía, sino cuando sus labios ya se habían separado y la diluida mezcla inundaba su boca. Durante un rato, la alada continuó bebiendo del brevaje hasta que este se terminó y dio paso a la mano de Maki sobre su corazón.
¿Qué le estaba insinuando? ¿Acaso le preguntaba a dónde pertenecía?
Negó con la cabeza intentando explicarle que ella no era de allí.
Después, se llevó los dedos a los labios para limpiarse las gotas que todavía quedaban de vino sobre ellos y, al bajar la mirada, descubrió, no sin cierta sorpresa, dónde habían terminado descansando sus manos.
—Heras... Con la aparición de su compañero junto a ellas, y al querer atenderlo, Bai retiró con calma las manos del cuerpo ajeno, dejando que las yemas resbalaran un instante por la tela antes de volverse para agradecerle el agua. Gracias.
Después, tan pronto como llegó, se alejó de ambas, convirtiéndose en una especie de anfitrión y colocando algo de música.
—Quién tuviera su edad... —murmuró al ver su ímpetu juvenil para luego darle un trago a la copa de agua en un intento por rebajar el calor que sentía en sus mejillas.
Sin embargo, las sorpresas no terminarían ahí.
—¡Varo! —La sorpresa fue mayúscula cuando apareció el mink de Whiskey Peek. Tanto así que por un momento tuvo el impulso de separarse de la muchacha: —Qué gusto verte aquí. La verdad es que no he avanzado demasiado desde Whiskey Peek —respondió mientras la comisura de sus labios se curvaba ligeramente—. Aunque, si te soy sincera, la necesidad me ha hecho adaptarme mejor de lo que esperaba.
Tras decir aquello, Bai dirigió una breve mirada a Maki.
La última vez utilicé un libro para comunicarme con ella. He estado intentando aprender por mi cuenta para no abusar de la generosidad de mi compañero Zhang, así que recurro a libros bilingües cuando lo necesito. A veces no sale del todo bien; otras, simplemente tengo suerte.
Hizo una pausa para luego volver a hablar.
—No te entretengo más. Espero la compañía y el banquete sean de tu agrado.
Después inclinó levemente la cabeza a modo de despedida y, mientras Varo se presentaba para ir luego con Zhang, Bai volvió su atención hacia la otra capitana. De nuevo su mano había buscado el calor ajeno, permaneciendo apoyada sobre su pierna aun cuando no era un gesto necesario para indicar que hablaba de ella.
—Perdona... —Murmuró retirándola despacio—. ¿Te ayudo?
Como sabía que no le entendería, dio un paso atrás y le tendió la mano para que bajara.
No había pasado mucho rato cuando de pronto sintió un pequeño estruendo que le hizo buscar en todas direcciones por la fuente del sonido. Al parecer, había sido el tímido mink intentando coger un durazno.
—Discúlpame —murmuró mientras se inclinaba para luego separarse de Maki e ir a ayudar—. No te preocupes, Varo.
Con delicadeza comenzó a recoger parte de lo que el tirador había tirado y lo ayudó a colocarlos sobre la mesa.
—Yo tomaré uno —le respondió tras terminar de colocarlos—. Sabes, me alegra mucho verte aquí. Han pasado muchas lunas desde Whiskey Peek…
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Bai Mudan
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