08-09-2026, 10:32 PM
Las doncellas no tardaron en obedecer las indicaciones de Torsten, aunque al principio algunas hicieron gestos de desagrado al sentir sobre sus kimonos aquellas mantas viejas, grasientas y cubiertas de polvo, pero, comprendieron que era necesario si querían huir sin ser descubiertas o reconocidas, ninguna se quejó. Una a una comenzaron a despeinarse, ocultando sus rostros con manchas de lodos para parecer harapientas y lúgubres a lo que normalmente miran en una concubina hermosa sin imperfecciones, el resultado era bastante distinto al aspecto puro que tenían antes, bajo la tenue iluminación de la noche, con aquella oscuridad profunda entre peajes de callejones, fácilmente podían ser confundidas por vagabundas.
Akane observó a sus compañeras y pese a la preocupación que todavía se reflejaba en su rostro, dejó escapar una pequeña sonrisa de esperanza… — Así… quizás podamos hacerlo… ser libres. — Las demás asintieron con silencio mientras permanecían encogidas ocultas entre las cajas y mantas, aguardando por la única que faltaba.
Mientras tanto, en el tercer piso, el eco de la llegada de Vesper había provocado que la pequeña Himari finalmente dejara de buscar, la adoslecente llevaba varios minutos revisando desesperadamente sus pertenencias, entre sus manos había pequeños objetos personales, prendas y recuerdos que había ido apartando uno tras otro, pero nada de eso era lo que de verdad buscaba, hasta que sus dedos encontraron un pequeño destello dorado colgante, un medallón de oro que resultaba ser un relicario familiar, aquel objeto pertenecía a su madre y pese al peligro que ahora enfrentaba, Himari había regresado únicamente para recuperarlo pues no quería vivir un infierno sin tener el recuerdo de que alguna vez fue feliz en los brazos de su familia.
Pronto la voz de su héroe se escuchó por el pasillo haciendo que la jovencita levantara la cabeza con curiosidad, asomándose a la entrada de las habitaciones, al comprender de lo que estaba hablando el joven de piel morena sus ojos se tornaron llenos de asombro como de esperanza, ¿De verdad la sacarían de ese lugar del infierno?, guardó rápidamente el medallón entre sus manos y salió de la habitación para encontrarse finalmente con quién sus hermanas habían enviado en su rescate — ¿D-de verdad?, ¡¿Nos van a ayudar a escapar?! — Dijo con pequeñas lágrimas recorriendo su precioso rostro maquillado sin poder creer que lo que pasaba de verdad fuera cierto, incluso su cuerpo temblaba al pensar que Vesper probablemente era alguien que usaban para encontrarla y obligarla a irse con el señor Gouki.
Aquel momento se vio opacado cuando pasos pesados se iban asomando en las escaleras, ascendiendo con desespero hacia el segundo y tercer piso, pronto se habían dado cuenta que algo mal estaba pasando en El Canto de la Sirena.
— ¡Revisen todos los pisos! — Gritó un hombre de voz pesada, claramente se trataba del señor Ozu, dueño de ese bar maldito.
— ¡Busquen en las habitaciones de las concubinas! ¡Las doncellas han desaparecido! — Exclamó Ozzu con enojo percibido. – ¡¡¿DÓNDE ESTÁN LOS MÚSICOS?! ¡¡HAN SECUESTRADO A LAS CONCUBINAS!!
El grito se logró escuchar incluso al exterior del edificio haciendo que las demás mujeres entrarán en un estado de pánico y miedo, abrazandose entre ellas, temiendo lo peor, y sin embargo Akane no podía dejar de ver aquella ventana, aguardando a que Vesper regresara con Himari.
— ¡¡ALGUIEN QUE LLAME A LA MARINE!! — Dijo el señor Ozu que era consciente que tenía clientes de la Marine brindándoles protección a cambio de servicios gratis. Las voces de los veinte marines comenzaron a mezclarse con las de los trabajadores del local, el ruido de botas, puertas abriéndose y órdenes cruzadas comenzó a escucharse de manera simultánea, el tiempo era una carrera.
Himari estaba paralizada con su corazón latiendo con fuerza que incluso sus piernas temblaban de tal manera que un líquido ámbar recorrian en charco bajo sus pies, se había orinado del miedo en pensar las consecuencias que vendrían si era capturada de nuevo, y sus manos cubrían su propia boca al saber que si decía algo la señorita Okky se daría cuenta de donde estaba.
¡Nuestros protagonistas debían ser rápidos si deseaban salir de ese lugar sin ser arrestados!
Akane observó a sus compañeras y pese a la preocupación que todavía se reflejaba en su rostro, dejó escapar una pequeña sonrisa de esperanza… — Así… quizás podamos hacerlo… ser libres. — Las demás asintieron con silencio mientras permanecían encogidas ocultas entre las cajas y mantas, aguardando por la única que faltaba.
Mientras tanto, en el tercer piso, el eco de la llegada de Vesper había provocado que la pequeña Himari finalmente dejara de buscar, la adoslecente llevaba varios minutos revisando desesperadamente sus pertenencias, entre sus manos había pequeños objetos personales, prendas y recuerdos que había ido apartando uno tras otro, pero nada de eso era lo que de verdad buscaba, hasta que sus dedos encontraron un pequeño destello dorado colgante, un medallón de oro que resultaba ser un relicario familiar, aquel objeto pertenecía a su madre y pese al peligro que ahora enfrentaba, Himari había regresado únicamente para recuperarlo pues no quería vivir un infierno sin tener el recuerdo de que alguna vez fue feliz en los brazos de su familia.
Pronto la voz de su héroe se escuchó por el pasillo haciendo que la jovencita levantara la cabeza con curiosidad, asomándose a la entrada de las habitaciones, al comprender de lo que estaba hablando el joven de piel morena sus ojos se tornaron llenos de asombro como de esperanza, ¿De verdad la sacarían de ese lugar del infierno?, guardó rápidamente el medallón entre sus manos y salió de la habitación para encontrarse finalmente con quién sus hermanas habían enviado en su rescate — ¿D-de verdad?, ¡¿Nos van a ayudar a escapar?! — Dijo con pequeñas lágrimas recorriendo su precioso rostro maquillado sin poder creer que lo que pasaba de verdad fuera cierto, incluso su cuerpo temblaba al pensar que Vesper probablemente era alguien que usaban para encontrarla y obligarla a irse con el señor Gouki.
Aquel momento se vio opacado cuando pasos pesados se iban asomando en las escaleras, ascendiendo con desespero hacia el segundo y tercer piso, pronto se habían dado cuenta que algo mal estaba pasando en El Canto de la Sirena.
— ¡Revisen todos los pisos! — Gritó un hombre de voz pesada, claramente se trataba del señor Ozu, dueño de ese bar maldito.
— ¡Busquen en las habitaciones de las concubinas! ¡Las doncellas han desaparecido! — Exclamó Ozzu con enojo percibido. – ¡¡¿DÓNDE ESTÁN LOS MÚSICOS?! ¡¡HAN SECUESTRADO A LAS CONCUBINAS!!
El grito se logró escuchar incluso al exterior del edificio haciendo que las demás mujeres entrarán en un estado de pánico y miedo, abrazandose entre ellas, temiendo lo peor, y sin embargo Akane no podía dejar de ver aquella ventana, aguardando a que Vesper regresara con Himari.
— ¡¡ALGUIEN QUE LLAME A LA MARINE!! — Dijo el señor Ozu que era consciente que tenía clientes de la Marine brindándoles protección a cambio de servicios gratis. Las voces de los veinte marines comenzaron a mezclarse con las de los trabajadores del local, el ruido de botas, puertas abriéndose y órdenes cruzadas comenzó a escucharse de manera simultánea, el tiempo era una carrera.
Himari estaba paralizada con su corazón latiendo con fuerza que incluso sus piernas temblaban de tal manera que un líquido ámbar recorrian en charco bajo sus pies, se había orinado del miedo en pensar las consecuencias que vendrían si era capturada de nuevo, y sus manos cubrían su propia boca al saber que si decía algo la señorita Okky se daría cuenta de donde estaba.
¡Nuestros protagonistas debían ser rápidos si deseaban salir de ese lugar sin ser arrestados!
La Cajita Pandora
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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