09-09-2026, 09:03 AM
(Última modificación: 10-09-2026, 09:23 PM por Vixen Ventress.)
Mientras veía a ese imbécil reírse como si hubiese contado el chiste más gracioso del mundo, apreté los dientes con tanta fuerza que la zanahoria se partió en dos de un mordisco seco. La salsa de conejo... ¿ese gilipollas acababa de insinuar...?
—¡Escúchame bien, sapingo! —escupí la mitad de la zanahoria y avancé dos pasos hacia él, lo suficiente para que tuviera que alzar la vista. Dos metros de furia cocinera, con orejas tiesas y cola erizada. —Primero te quejas de mi salsa, ¡y ahora te atreves a insinuarme como si fuera un puto aperitivo en tu menú del día! Mi voz resonó tanto que me pareció ver a la chusma de turno llevarse el café a la boca mientras se acomodaba para oír el chisme. Me importaba tres pares de pingas. Estaba tan roja que parecía el huevo de un ciclista.
—¿Sabes qué? Voy a explicártelo una sola vez y, como parece que eres medio tocapelotas, trataré de hablar tu mismo idioma. Agarré un plato limpio de la pila y lo planté frente a su cara, casi golpeándole la nariz. —Esta salsa está hecha para COMERSE. AL MOMENTO. CALENTITA. RECIÉN SERVIDA —Apreté el plato con fuerza—. Si se queda secando durante una hora porque los clientes se toman su tiempo disfrutando de lo que han pagado y, cuando por fin llega al fregadero, está como está. No es mi puto problema ¡Yo estoy aquí para cocinar y tú estás aquí para fregar! Así que, si no te gusta tu trabajo, guapetón, la puerta te queda bien cerquita.
El muy hijo de puta me había mirado de arriba abajo como si fuese un plato del buffet, y esa sonrisa suya... me hacía querer abofetearlo y... no, ¡maldita sea! No iba a ponerme nerviosa ahora.
—Pero claro —continué con una voz venenosa—, ¿cómo vas a saber eso si tu paladar está tan jodido como tu sentido del tacto? Seguro que toda tu vida has estado comiendo basura de cantina, mierda precocinada, y ahora vienes aquí a dar lecciones. —Solté una carcajada amarga—. Un tipo como tú no distinguiría un caviar de North Blue de unas bolas de grasa fritas. ¡Tienes el gusto en el culo, majete!
Mis orejas y mi nariz no dejaban de moverse al ritmo de mi enfado. Estaba tan cerca de él que podía ver la cicatriz de su frente, el brillo travieso de sus ojos... y eso me enfurecía más. No iba a ser una más de sus conquistas fáciles, mucho menos después de insultar mi salsa.
—Así que hazme un favor —siseé, agarrando mi delantal del suelo y limpiándome las manos con él de forma agresiva—. No vuelvas a quejarte de mi comida, o te juro que te meto tan dentro de ese horno que hasta tu pájaro va a salir asado.
—¡Llevo dos años en este agujero fétido! —dije, comenzando a estar harta ya de todo—. ¡Dos años cocinando para borrachos y para imbéciles que no saben apreciar ni la diferencia entre sal y azúcar!Por un momento, sentí como si una lágrima quisiera escapar por la comisura de mi ojo. Lo odié. Maldita sea. Mi voz se quebró durante un segundo.Ni de coña iba a permitir que nadie me viera llorar. Giré sobre mis talones y embestí contra la primera mesa y pila de platos que vi. Mi mano tembló. No de miedo. De pura furia contenida, de la impotencia de saber que no podía matar a un inocente por mi propia frustración.
—¡A LA PINGA TODO!
Sin mirar atrás, sin mirar a ese pelirrojo, sin mirar a nadie, caminé hacia la salida. Mis pasos resonaron en el silencio de la taberna. En la puerta, me detuve un segundo.
—Que se joda esta isla —murmuré, y mi voz sonó hueca, vacía—. Que se joda todo. Y tú... tú vete a tomar por culo.
El sol de la tarde me golpeó la cara cuando pisé la calle polvorienta. No tenía adónde ir. Pero, por primera vez en dos años, sentía que podía respirar.
No volvería.
![[Imagen: HC5Abkg.png]](https://imgur.com/HC5Abkg.png)
