— Me llamo Taito. Taito a secas, o Taito a mojadas, depende de la noche ¡wajajajaja! — dije dándole otro mordisco a la zanahoria, sin mirarla — Y este es mi hermano Grigori, un fuera de serie-hmm — presenté al cuervo, que graznó una sola vez moviendo el cuello completamente para atrás — Pero la verdad es que me la suda como te quieras referir a mi. Lo único que vas a estar haciendo insultándome es mentirte a ti misma y continuar engañándote con tu falsa creencia de que ahora eres libre y antes no — volví a morder la zanahoria masticándola ruidosamente mientras el sonido de las olas del mar rompía el poco silencio que mis masticación dejaba. Entonces señalé el mar delante de nosotros.
— Eso es libertad — Grigori salió volando de mi hombro y empezó a planear descendiendo para colocarse a ras del mar mientras avanzaba en paralelo a este — Una ruta sin destino. Un mañana sin rutina. Una nueva aventura cada nuevo día en un lugar distinto rodeado de personas distintas — mis ojos brillaban mientras veía a mi ave volar por el mar, pensando por primera vez que quizá la vida que había llevado estaba muy limitada y muy repetitiva, dudando por un momento de mis propias convicciones. Giré el rostro para mirar hacia la chica-coneja — Trabajar para otra persona, ya sea cobrando o no, no es ser libre — mordí el último trozo de zanahoria mientras Grigori se alzaba describiendo una parábola con su vuelo para girar y comenzar a volver hacia aquí — Yo me he criado viajando con las caravanas de Kutsukku. Somos nómadas que vivimos en el camino, yendo de una ciudad a otra. Y aunque somos mucho más libres que trabajando en una cocina haciendo salsa pegajosa de almeja de coneja, dependemos los unos de los otros y de la ruta, y eso supongo que limita nuestra libertad en cierta medida — suspiré y me recoloqué el anillo por puro instinto — Lo que te quiero decir, cocinera de nombre real Vixen, es que yo creo que la libertad nunca es plena a no ser que vivas navegando por el mar. Y dentro de esa libertad limitada que nos toca a los que vivimos con los pies en el suelo, tu decides con lo que te conformas — me erguí y extendí el brazo para que Grigori, que acababa de llegar, se apoyase en mi antebrazo y pasase de nuevo al hombro dando dos pequeños saltitos, donde le ofrecí las hojas de la zanahoria para que se las comiese.
— Así que toma decisiones — dije sonriéndola con los ojos entrecerrados — Nosotros por lo pronto no vamos a volver ahí dentro. Demasiadas almejas para toda una vida ¡wajajajaja! — reí con alegría apoyando las manos en mis caderas apuntando con los codos hacia fuera.
— Eso es libertad — Grigori salió volando de mi hombro y empezó a planear descendiendo para colocarse a ras del mar mientras avanzaba en paralelo a este — Una ruta sin destino. Un mañana sin rutina. Una nueva aventura cada nuevo día en un lugar distinto rodeado de personas distintas — mis ojos brillaban mientras veía a mi ave volar por el mar, pensando por primera vez que quizá la vida que había llevado estaba muy limitada y muy repetitiva, dudando por un momento de mis propias convicciones. Giré el rostro para mirar hacia la chica-coneja — Trabajar para otra persona, ya sea cobrando o no, no es ser libre — mordí el último trozo de zanahoria mientras Grigori se alzaba describiendo una parábola con su vuelo para girar y comenzar a volver hacia aquí — Yo me he criado viajando con las caravanas de Kutsukku. Somos nómadas que vivimos en el camino, yendo de una ciudad a otra. Y aunque somos mucho más libres que trabajando en una cocina haciendo salsa pegajosa de almeja de coneja, dependemos los unos de los otros y de la ruta, y eso supongo que limita nuestra libertad en cierta medida — suspiré y me recoloqué el anillo por puro instinto — Lo que te quiero decir, cocinera de nombre real Vixen, es que yo creo que la libertad nunca es plena a no ser que vivas navegando por el mar. Y dentro de esa libertad limitada que nos toca a los que vivimos con los pies en el suelo, tu decides con lo que te conformas — me erguí y extendí el brazo para que Grigori, que acababa de llegar, se apoyase en mi antebrazo y pasase de nuevo al hombro dando dos pequeños saltitos, donde le ofrecí las hojas de la zanahoria para que se las comiese.
— Así que toma decisiones — dije sonriéndola con los ojos entrecerrados — Nosotros por lo pronto no vamos a volver ahí dentro. Demasiadas almejas para toda una vida ¡wajajajaja! — reí con alegría apoyando las manos en mis caderas apuntando con los codos hacia fuera.
![[Imagen: siCzVIk.png]](https://imgur.com/siCzVIk.png)
— [color=#C2A14F ]
