10-09-2026, 11:29 PM
(Última modificación: 10-09-2026, 11:33 PM por Akira Raito.)
El comentario de Iktan sobre mi colección de fotos de piratas me sacó una sonrisilla traviesa. Un buen pirata siempre tiene más estilo y joyas que un aburrido informe del cuartel, aunque al ver de reojo la cara de alivio de Juan, casi se me escapa una risotada al ver que de verdad se entendía que no era porque fuera fan de los delincuentes, sino que era útil tener sus carteles para ubicarlos mejor. Aunque seguro que el pobre Iktan no pensó que me refería a carteles de busca y captura archivados por motivos puramente profesionales… Obviamente, ¿qué sino? Pero era divertido verle la cara de sorpresa a alguien tan fan de la Marina, así que lo dejé ahí para entretenerme un rato.
Lo siguiente fue organizarse para la foto grupal, que menudo espectáculo. Enji, cómo no, queriendo ir en el centro, lo de ser capitán de división parecía habérsele subido a la cabeza. No era el más guapo como para ocupar ese lugar… Y le hice un gesto de roll eyes, poniendo los ojos en blanco para después volver a lo que nos decían. Por otro lado, Juan colándose con sus cuerpito de tortuga gritando que no le pisara, para ponerse a mi lado. Era tierno en forma de tortuga, pero algo raro que prefiriera salir así en la foto y no como cangrejo… Renegando de su ser gyojin… Aunque quién soy yo para hablar de sentirse más cómodo con un cuerpo que con otro.
Me aseguré de colocarme en la fila delantera junto a Kael, que estaba seguido de Nyra, y buscando mi mejor perfil y luciendo melena al viento, sonreí de manera picarona. Y menos mal que me dejé la gorra, menudo crimen estético habría sido tapar semejante pelazo dorado para un calendario que iba a dar la vuelta al mundo. Además, qué fea era la gorra, ¡qué fea! Nunca llegaré a entender porque a Juan le gustaba tanto. Y con una mano en la cintura, miré al den den visual, asegurándome de que el brillo de la luz del sol hiciera justicia a la crema solar que me acababa de poner. Toda una reina. Todos lo éramos en realidad. Menudo porte nos traíamos como defensores de la justicia.
Cuando Iktan se llevó a Juan y a Moja hacia la zona del río para sus sesiones en solitario, me quedé con el resto mientras los chiquitos de la pareja seguían haciendo un tercer grado a mis compañeros. La pequeña parecía tener vocación suficiente como para trabajar en “Sálvame”, la alta cuna del chismorreo de nivel avanzado, y apuntaba a maneras la niña, pero fue Asiri, su madre, quien se acercó a nosotros con una disculpa sincera y preguntando por nuestra visita a la ciudad. Pero justo cuando abría la boca para contarle maravillas de nuestra tarde de compras, Kibai se me adelantó hablando de Zou, de bibliotecas… y soltó las palabras mágicas: la enorme campana dorada.
Sentí cómo se me dilataban las pupilas y mi instinto de urraca acababa de despertar de golpe y casi me hace dar un bote en el sitio, apenas me había fijado en esa campana durante los juegos, pero es verdad que estaba arriba de la pirámide. Pero tenía que mantener las formas. Si algo había aprendido en la escuela de navegación era a llevarme cosas en la mochila sin preguntar primero, pero una campana era demasiado… Y más con los Navur esos por ahí vigilando—. ¡Apoyo la moción de Kibai, esa foto tiene que existir sí o sí! —me acerqué un poquito más a la mujer, aprovechando para enganchar su pregunta y buscar con la mirada la de Nyra.
—Y respondiendo a tu pregunta, Shandora me tiene totalmente enamorado, ejem, digo, ¡¡enamorada!! Nyra y yo estuvimos ayer de tiendas hasta que se hizo de noche y ¡qué bonita que es! La tela de la ropa es comodísima y fresquita, y las joyas… ¡ay, las joyas! —toqué discretamente con los dedos el borde de mi bolsillo, asegurándome de que mis pequeños souvenirs no asomaran, que tenía una deuda que pagar y no era lo que se dice pequeña—. No entiendo por qué no tenemos este tipo de ropa ahí en el mar de abajo, que sí, que es más peligroso tal y cual… Pero es que se gana una movilidad que con estos pantalones ajustados ni en nuestros mejores sueños… Por eso no me gustan y acabo poniéndome los anchos, aunque no queden tan bien, ya te lo digo yo. Aunque creo que hemos comprado suficiente ropa como para hacer un desfile de moda, ¿no Nyra?
Lo siguiente fue organizarse para la foto grupal, que menudo espectáculo. Enji, cómo no, queriendo ir en el centro, lo de ser capitán de división parecía habérsele subido a la cabeza. No era el más guapo como para ocupar ese lugar… Y le hice un gesto de roll eyes, poniendo los ojos en blanco para después volver a lo que nos decían. Por otro lado, Juan colándose con sus cuerpito de tortuga gritando que no le pisara, para ponerse a mi lado. Era tierno en forma de tortuga, pero algo raro que prefiriera salir así en la foto y no como cangrejo… Renegando de su ser gyojin… Aunque quién soy yo para hablar de sentirse más cómodo con un cuerpo que con otro.
Me aseguré de colocarme en la fila delantera junto a Kael, que estaba seguido de Nyra, y buscando mi mejor perfil y luciendo melena al viento, sonreí de manera picarona. Y menos mal que me dejé la gorra, menudo crimen estético habría sido tapar semejante pelazo dorado para un calendario que iba a dar la vuelta al mundo. Además, qué fea era la gorra, ¡qué fea! Nunca llegaré a entender porque a Juan le gustaba tanto. Y con una mano en la cintura, miré al den den visual, asegurándome de que el brillo de la luz del sol hiciera justicia a la crema solar que me acababa de poner. Toda una reina. Todos lo éramos en realidad. Menudo porte nos traíamos como defensores de la justicia.
Cuando Iktan se llevó a Juan y a Moja hacia la zona del río para sus sesiones en solitario, me quedé con el resto mientras los chiquitos de la pareja seguían haciendo un tercer grado a mis compañeros. La pequeña parecía tener vocación suficiente como para trabajar en “Sálvame”, la alta cuna del chismorreo de nivel avanzado, y apuntaba a maneras la niña, pero fue Asiri, su madre, quien se acercó a nosotros con una disculpa sincera y preguntando por nuestra visita a la ciudad. Pero justo cuando abría la boca para contarle maravillas de nuestra tarde de compras, Kibai se me adelantó hablando de Zou, de bibliotecas… y soltó las palabras mágicas: la enorme campana dorada.
Sentí cómo se me dilataban las pupilas y mi instinto de urraca acababa de despertar de golpe y casi me hace dar un bote en el sitio, apenas me había fijado en esa campana durante los juegos, pero es verdad que estaba arriba de la pirámide. Pero tenía que mantener las formas. Si algo había aprendido en la escuela de navegación era a llevarme cosas en la mochila sin preguntar primero, pero una campana era demasiado… Y más con los Navur esos por ahí vigilando—. ¡Apoyo la moción de Kibai, esa foto tiene que existir sí o sí! —me acerqué un poquito más a la mujer, aprovechando para enganchar su pregunta y buscar con la mirada la de Nyra.
—Y respondiendo a tu pregunta, Shandora me tiene totalmente enamorado, ejem, digo, ¡¡enamorada!! Nyra y yo estuvimos ayer de tiendas hasta que se hizo de noche y ¡qué bonita que es! La tela de la ropa es comodísima y fresquita, y las joyas… ¡ay, las joyas! —toqué discretamente con los dedos el borde de mi bolsillo, asegurándome de que mis pequeños souvenirs no asomaran, que tenía una deuda que pagar y no era lo que se dice pequeña—. No entiendo por qué no tenemos este tipo de ropa ahí en el mar de abajo, que sí, que es más peligroso tal y cual… Pero es que se gana una movilidad que con estos pantalones ajustados ni en nuestros mejores sueños… Por eso no me gustan y acabo poniéndome los anchos, aunque no queden tan bien, ya te lo digo yo. Aunque creo que hemos comprado suficiente ropa como para hacer un desfile de moda, ¿no Nyra?

