11-09-2026, 07:02 AM
(Última modificación: 11-09-2026, 07:18 AM por Runin D. Kitay.)
Sorpresivos son los vocablos del castaño. La afectuosa expresión de la amazona perdura ante la delicadeza de las palabras, de la calida sonrisa que el ajeno le dedica, de todo lo que implica ser considerada “su botín”. Los labios se unen en un gesto que sabe a hogar, a todo lo que significa “correcto”, al cúmulo de emociones que en ocasiones no hace falta exclamar sino tan solo sentir. Separarse del adictivo sabor del chicle le arranca cierto suspiro. Quiere volver a besarlo, a probar su dulzura.

—Sabes bien qué palabras usar para enamorarme, cariño. Ansío saber cómo gastarás tu botín.
Cierta risa escapa, la mirada embelesada perdura aún cuando sus cuerpos se separan. Puede que el cansancio haga mella en ellos mas no significa que perderán la oportunidad de disfrutar de aquel escenario, de la compañía, del momento, de una cita que promete la más hermosa velada. El entrenamiento culmina con la satisfacción de haber aprendido algo nuevo, de saber que el arduo trabajo ha valido la pena a pesar del desdichado desenlace de su traje, está bien, conseguirá otro, al final del día el castaño no rompería ese tipo de promesas.
Sabe que la estadía en Skypiea será corta, que, pasados algunos días, volverán a zarpar en la búsqueda de nuevas aventuras, problemáticas por resolver, estrafalarios deseos que cumplir y las excentricidades propias de su tripulación. Que, bajo el cielo, el mar los espera; una nueva isla se avecina y continuarán su camino hasta que cada sueño se vea realizado…
Sin embargo, en ese momento, en ese lugar, utilizando la camisa de su navegante, viéndose cansados como los completos desastres que son y observando cómo el castaño coloca un mantel con vino, frutas y queso, invitándola a sentarse e incluso ayudándola a hacerlo, no puede evitar pensar que el próximo destino puede esperar. Que, ojalá, el tiempo se detuviera para que esa noche durase mucho más, para que sus labios pudieran encontrarse, junto con el calor de sus cuerpos, hasta que la luna se apague y el amanecer se vuelva inminente.
Aquel lugar en medio del gigante árbol se ha convertido en el refugio que Runin Kitay jamás olvidará, en la cita que recordará con cariño; porque cada que active su nueva habilidad sólo podrá pensar en él, en Ryota Miyamoto.
BOLSA DE ESTRELLITAS
