13-09-2026, 06:15 PM
Injusto decía... Y sin embargo estaba soportando tanto solo por y para ella, habiendo tenido como excusa ir a por agua solo para darle un descanso y no poseerla hasta que se desmayara si fuera necesario después de esos dos largos e intensos años que había vivido en la lejanía de la mujer. Su sonrisa asomó con cierta diversión, el sudor descendiendo ya no solo por su rostro, sino también por el cuello y parte de su cuerpo pálido. Se relamía, sintiendo la humedad entre sus dedos, el suave glúteo en su mano y el cuerpo de la mujer sobre él con una belleza tan única como hermosa.
Pronto su cuello comenzó a marcar sus propias venas. Tragó saliva, tratando de retener el instinto que gritaba por lanzarla sobre la cama, apartarla de encima de él y tomarla una vez más sin pensar, el impulso era calmado solo por encontrar el bienestar de Tezca. Jadeó, cerrando sus ojos unos segundos, con su mano en la erección que ahora sentía palpitar desesperadamente. Cerró sus ojos unos segundos, volviendo a intentar calmarse y, sin embargo, lejos de eso, solo pareció empeorar dado que las sensaciones eran mayores ante la ausencia de uno de sus sentidos. Para empeorar las cosas, que tuviera su oído tan desarrollado no ayudaba lo más mínimo, viéndose obligado a abrir nuevamente sus ojos y descender la mirada, con el rojo iluminando su rostro para ver el acto que realizaba la mujer. Su respiración comenzó a agitarse cada vez más y más.
Jadeó cuando, al fin, pareció soltarlo. Sus ojos buscaban la mirada ajena, viendo la figura nuevamente perfecta envuelta en el precioso sudor, el largo cabello dorado como el propio sol descendiendo hasta su propia piel y, lo mejor de todo... su voz, que llenaba su sentido del oído. Abrió los labios, tratando de hablar, solo dejando escapar un nuevo jadeo, interrumpiéndose cuando su mano se fue apartando poco a poco.
La coherencia se había muerto entre sus palabras y su propia mente. Protección, no podía tentar a la suerte como bien decía y había intentado mencionar sin éxito. Su cuerpo temblaba, extendiendo su izquierda, solo para interrumpirse repentinamente cuando la humedad volvió a envolver su erección. Mordió su labio inferior, cerrando los ojos, intentando pelear por mantener la mente despejada, pensar con coherencia, pero lo apretaba tan malditamente bien... No podía soportarlo.
El tacto de lo que ahora eran sus delicadas manos sobre su piel no ayudaba a que su autocontrol pudiera mantenerse. Lentamente alzó sus dos manos, tomando uno de sus glúteos con cada una, moviendo él mismo sus caderas para sentirla más profundo, el roce más intenso, el calor ascendiendo. Sus palabras lo envolvían en ese íntimo momento de desenfreno. Buscó sus labios, solo para encontrarse el cabello cubriendo su rostro.
No. Quería verla, aprovechar para disfrutar el poco tiempo que les quedaba en esa isla del cielo. Apartó una de sus manos para así elevar el cabello, acomodándolo él mismo tras la oreja de Tezca, buscar su mirada hermosa, maravillosa, el rostro que pudiera entregarle y escuchar mejor sus palabras. ¿Cómo podía ser tan bella incluso con un cuerpo distinto? ¿Es porque era ella? Nadie más lograba hacerle sentir tan... vivo... Y lo que pronunciaba, lo comprendía, lo sentía, como si la emoción fuera mutua. —Tezca... Tezca... — Su nombre se repitió entre sus labios, la voz profunda volviéndose ronca por el estímulo de placer que cada vez más lo llenaba. ¿Más? Dudaba sinceramente que fuera más de lo que sentía él mismo. ¿Lo diría? En absoluto, sabía bien la respuesta que le iba a ofrecer la mujer y, en ese mismo momento, su mente estaba cada vez más y más ciega por sentirla más y más.
Aceleró el movimiento de sus caderas, con la mano ahora apretando tanto su glúteo que sus uñas podían marcarse probablemente en su piel. Que para colmo fuera a su cuello no ayudaba, solo elevó la mano hasta la espalda de la rubia, apretándola contra sí hasta que sintió sus senos contra su propio pecho. —Eres... Tan... perfecta...
Pronto su cuello comenzó a marcar sus propias venas. Tragó saliva, tratando de retener el instinto que gritaba por lanzarla sobre la cama, apartarla de encima de él y tomarla una vez más sin pensar, el impulso era calmado solo por encontrar el bienestar de Tezca. Jadeó, cerrando sus ojos unos segundos, con su mano en la erección que ahora sentía palpitar desesperadamente. Cerró sus ojos unos segundos, volviendo a intentar calmarse y, sin embargo, lejos de eso, solo pareció empeorar dado que las sensaciones eran mayores ante la ausencia de uno de sus sentidos. Para empeorar las cosas, que tuviera su oído tan desarrollado no ayudaba lo más mínimo, viéndose obligado a abrir nuevamente sus ojos y descender la mirada, con el rojo iluminando su rostro para ver el acto que realizaba la mujer. Su respiración comenzó a agitarse cada vez más y más.
Jadeó cuando, al fin, pareció soltarlo. Sus ojos buscaban la mirada ajena, viendo la figura nuevamente perfecta envuelta en el precioso sudor, el largo cabello dorado como el propio sol descendiendo hasta su propia piel y, lo mejor de todo... su voz, que llenaba su sentido del oído. Abrió los labios, tratando de hablar, solo dejando escapar un nuevo jadeo, interrumpiéndose cuando su mano se fue apartando poco a poco.

—S-sí... No tentar-... Suerte...
La coherencia se había muerto entre sus palabras y su propia mente. Protección, no podía tentar a la suerte como bien decía y había intentado mencionar sin éxito. Su cuerpo temblaba, extendiendo su izquierda, solo para interrumpirse repentinamente cuando la humedad volvió a envolver su erección. Mordió su labio inferior, cerrando los ojos, intentando pelear por mantener la mente despejada, pensar con coherencia, pero lo apretaba tan malditamente bien... No podía soportarlo.

—¡T-Tezca...!
El tacto de lo que ahora eran sus delicadas manos sobre su piel no ayudaba a que su autocontrol pudiera mantenerse. Lentamente alzó sus dos manos, tomando uno de sus glúteos con cada una, moviendo él mismo sus caderas para sentirla más profundo, el roce más intenso, el calor ascendiendo. Sus palabras lo envolvían en ese íntimo momento de desenfreno. Buscó sus labios, solo para encontrarse el cabello cubriendo su rostro.
No. Quería verla, aprovechar para disfrutar el poco tiempo que les quedaba en esa isla del cielo. Apartó una de sus manos para así elevar el cabello, acomodándolo él mismo tras la oreja de Tezca, buscar su mirada hermosa, maravillosa, el rostro que pudiera entregarle y escuchar mejor sus palabras. ¿Cómo podía ser tan bella incluso con un cuerpo distinto? ¿Es porque era ella? Nadie más lograba hacerle sentir tan... vivo... Y lo que pronunciaba, lo comprendía, lo sentía, como si la emoción fuera mutua. —Tezca... Tezca... — Su nombre se repitió entre sus labios, la voz profunda volviéndose ronca por el estímulo de placer que cada vez más lo llenaba. ¿Más? Dudaba sinceramente que fuera más de lo que sentía él mismo. ¿Lo diría? En absoluto, sabía bien la respuesta que le iba a ofrecer la mujer y, en ese mismo momento, su mente estaba cada vez más y más ciega por sentirla más y más.
Aceleró el movimiento de sus caderas, con la mano ahora apretando tanto su glúteo que sus uñas podían marcarse probablemente en su piel. Que para colmo fuera a su cuello no ayudaba, solo elevó la mano hasta la espalda de la rubia, apretándola contra sí hasta que sintió sus senos contra su propio pecho. —Eres... Tan... perfecta...
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