16-09-2026, 03:57 AM
Mas de sesenta días habían pasado ya, exactamente… pues Maki no funcionaba de esa manera, las fechas, los compromisos, nada de eso le importaba. Solo el presente, sabia que era verano y eran más de las dos. Estaban desde hace semana en isla Chika, una isla repleta de basura a simple vista. En la corriente Akai.
La zona donde residía casi toda la gente que podía permitirse… o mas bien no podía permitirse salir de la maldita isla de mierda llena de basura, vivía en las zonas más seguras, bajo la superficie llena de basura. Tanto era que era casi imposible andar sin algún tipo de protección arriba, los gases, los líquidos corrosivos, todo era un peligro. Sin embargo, a pesar de todo, el “barrio” era tan ingenioso y estaba tan acostumbrado a lo que era y eran que podría encontrarse lo que fuera que se necesitaba. Bien dicen, la basura de unos es el tesoro de otros.
El cruel sol seguro estaba tratando de derretir y amalgamar toda la mierda y basura arremolinada arriba. Lanzando pestes hediondas que reptaban por los pulmones de los mas valientes y aguerridos cazadores de basura Era terrible. Aun así. Maki quería ir allá arriba. Quería saber que podría encontrar arriba ¿Seria que podría encontrar algo realmente útil? Claro que sí. pero era tanta la basura que sería como encontrar una aguja en un pajar. Por ahora. Sin protección, lo único que podría hacer era recorrer las callejuelas subterráneas, los eternos y oscuros recovecos llenos de gente sucia y tramposa. Debía ir con cuidado todo el tiempo. Sobre todo, con sus… sus… sus hermanas y hermanos. Si, incluso en gigantón se había vuelto alguien importante para ella, la chica nueva también, Miyori Hoshino. Un verdadero sol en la tierra. Las Naranjotas de la Piratería… espera… por que se repetía constantemente que era pirata… piratas mmm…. Mmm… piratas… eran… artistas. ¡¡Eso eran maldita sea!!, emisarias de los dioses, señoras de las melodías mas profundas, del arte mas pulido. Sonrió orgullosa al recordar un par de tonadas que siempre inundaban su mente. Pero entonces vio alrededor. Mucha gente con miradas desconfiadas. Oscuros señores de la muerte podía ver en varios. ¿Podría derrotarlos a todos?... no tenía razones para pensar eso, pero recordó por un segundo su misión. Proteger a Las Valaiers y los Valars. Si. era un instrumento, el instrumento para mantenerlos seguros. Era un lugar igualmente peligroso y quería abandonarlo pronto. Lo único que les detenía de abandonar la isla era la carga del log pose y claro reabastecer suministros para no hundirse en medio del mar, Madera, ropa, Combustible para las lámparas, y quizás uno que otro artilugio que pudiera ser útil.
Esperaba a que un medico especializado, no el Carnicero de las Sakuras. Hiciera un chequeo de Cazzu di Ella y Rochallor. Ambas aves se habían sentido mal y ella junto con la Naranjita las habían llevado a un chequeo. No parecía preocupada. Al menos no más de lo normal, eso se repetía Maki cada vez que miraba hacia la puerta del consultorio por quinta vez en menos de un minuto, a través de las grandes ventanas de… Plástico de burbujas? Mientras esperaban. Ambas se dispusieron a beber algo. Habían entrado a un bar a punto de desmoronarse. Maki pidió algo suave, una cerveza rubia, amarga, sabor a meados, lo usual por estos lares. Era un lugar relativamente espacioso para ser un bar de mala muerte. Con techos tan altos como para que cualquier Lunarian, Oni o algún Bucanner pudiera caminar con libertad. —Tu no la conociste seguro, pero… este lugar le hubiera gustado a la hermosa Odeth… hay pocos lugares donde caminar sin golpearse en la cabeza con el techo.— La cerveza no estaba tan fría, pero si estaba en una temperatura adecuada, considerando que era un literal basurero.
Maki alzo la mano hacia el gordo bigotudo mientras esperaba las papas, bajó la mirada hacia el suelo. Había algo parecido a una moneda oxidada entre la mugre. La recogió, la miró durante dos segundos y la volvió a tirar. —Ni siquiera sirve para comprar alcohol. Qué isla de mierda.— Quería apurar al tendero, moría por unas papas o algo, un gesto universal de “Maldición me cago de hambre.” La gente alrededor era de todo tipo, formas colores y olores. Nunca lo hacía, no le importaban mucho los malditos rumores, por que cada que escuchaba uno le metían en locas aventuras donde se tenia que jugar el pellejo. Pero aquí debía estar atenta sobre todo porque era sumamente fácil esconder cadáveres en la basura. Roob era un nombre que… para que vamos a engañarnos, lo olvidara, aunque. Era probable y muy probable que sea esa basura del lanzador de cuchillos, Maki se arrebujo en su propia ropa para hacer como que se ocultaba sutilmente. Aunque seguro nadie le reconocería. M I E R D A ¿Un concierto? ¿De verdad? Escucho algo también de alguien rondando… ¿Su oído estaba bien? Era uno de sus sentidos mas desarrollados y agudos… ¿Quién estaría contra la música? Solo un loco. La emoción comenzó a subir por su garganta, por su pecho, su voz quería salir, mezclarse con la gente, ser ovacionada no ella, sino su música, su arte, la razón por la que late su corazón.
Se aparto el cabello del rostro, aunque llevo poco tiempo calva, se medió había acostumbrado a tener una cosa menos de la que preocuparse, se lo revolvió y lo peino con sus dedos hacia atrás cuando alguien sostuvo la mirada sobre ella. bueno no sobre ella, sino sobre sus cicatrices. Ella lo miro, altiva letal… el desvió la mirada. —Eso pensé…— Se dijo como complacida.
La plaza del vertedero… —Que te parece si vamos a echar un ojo Naranjitas mientras esperamos a que revisen a los pajarracos?— Bebió de un sorbo casi la mitad de su cerveza mientras trataba de darle un poco la espalda a cualquiera que le mirase demasiado. Se levanto y pego con la palma en la barra debajo de ella. los berris justos, ni uno más, ni uno menos. El bigotón pregunto que pasaba con las papas… Maki se alzo sobre el mesón y agarro un paquete de cigarrillos. —Quédatelas. Con esto estamos bien.— saco un cigarrillo y le pidió fuego al gordo bigotón. Este le dio un hermoso encendedor dorado. De lata dorada. Ella le hecho el humo en la cara y este fetichista de mierda pareció gozar con el abuso. Maki le cerro el ojo y se dispuso a salir a la plaza junto con un traqueteo melódico de sus armas sonando metal con metal. El encendedor… Robado.
La zona donde residía casi toda la gente que podía permitirse… o mas bien no podía permitirse salir de la maldita isla de mierda llena de basura, vivía en las zonas más seguras, bajo la superficie llena de basura. Tanto era que era casi imposible andar sin algún tipo de protección arriba, los gases, los líquidos corrosivos, todo era un peligro. Sin embargo, a pesar de todo, el “barrio” era tan ingenioso y estaba tan acostumbrado a lo que era y eran que podría encontrarse lo que fuera que se necesitaba. Bien dicen, la basura de unos es el tesoro de otros.
El cruel sol seguro estaba tratando de derretir y amalgamar toda la mierda y basura arremolinada arriba. Lanzando pestes hediondas que reptaban por los pulmones de los mas valientes y aguerridos cazadores de basura Era terrible. Aun así. Maki quería ir allá arriba. Quería saber que podría encontrar arriba ¿Seria que podría encontrar algo realmente útil? Claro que sí. pero era tanta la basura que sería como encontrar una aguja en un pajar. Por ahora. Sin protección, lo único que podría hacer era recorrer las callejuelas subterráneas, los eternos y oscuros recovecos llenos de gente sucia y tramposa. Debía ir con cuidado todo el tiempo. Sobre todo, con sus… sus… sus hermanas y hermanos. Si, incluso en gigantón se había vuelto alguien importante para ella, la chica nueva también, Miyori Hoshino. Un verdadero sol en la tierra. Las Naranjotas de la Piratería… espera… por que se repetía constantemente que era pirata… piratas mmm…. Mmm… piratas… eran… artistas. ¡¡Eso eran maldita sea!!, emisarias de los dioses, señoras de las melodías mas profundas, del arte mas pulido. Sonrió orgullosa al recordar un par de tonadas que siempre inundaban su mente. Pero entonces vio alrededor. Mucha gente con miradas desconfiadas. Oscuros señores de la muerte podía ver en varios. ¿Podría derrotarlos a todos?... no tenía razones para pensar eso, pero recordó por un segundo su misión. Proteger a Las Valaiers y los Valars. Si. era un instrumento, el instrumento para mantenerlos seguros. Era un lugar igualmente peligroso y quería abandonarlo pronto. Lo único que les detenía de abandonar la isla era la carga del log pose y claro reabastecer suministros para no hundirse en medio del mar, Madera, ropa, Combustible para las lámparas, y quizás uno que otro artilugio que pudiera ser útil.
Esperaba a que un medico especializado, no el Carnicero de las Sakuras. Hiciera un chequeo de Cazzu di Ella y Rochallor. Ambas aves se habían sentido mal y ella junto con la Naranjita las habían llevado a un chequeo. No parecía preocupada. Al menos no más de lo normal, eso se repetía Maki cada vez que miraba hacia la puerta del consultorio por quinta vez en menos de un minuto, a través de las grandes ventanas de… Plástico de burbujas? Mientras esperaban. Ambas se dispusieron a beber algo. Habían entrado a un bar a punto de desmoronarse. Maki pidió algo suave, una cerveza rubia, amarga, sabor a meados, lo usual por estos lares. Era un lugar relativamente espacioso para ser un bar de mala muerte. Con techos tan altos como para que cualquier Lunarian, Oni o algún Bucanner pudiera caminar con libertad. —Tu no la conociste seguro, pero… este lugar le hubiera gustado a la hermosa Odeth… hay pocos lugares donde caminar sin golpearse en la cabeza con el techo.— La cerveza no estaba tan fría, pero si estaba en una temperatura adecuada, considerando que era un literal basurero.
Maki alzo la mano hacia el gordo bigotudo mientras esperaba las papas, bajó la mirada hacia el suelo. Había algo parecido a una moneda oxidada entre la mugre. La recogió, la miró durante dos segundos y la volvió a tirar. —Ni siquiera sirve para comprar alcohol. Qué isla de mierda.— Quería apurar al tendero, moría por unas papas o algo, un gesto universal de “Maldición me cago de hambre.” La gente alrededor era de todo tipo, formas colores y olores. Nunca lo hacía, no le importaban mucho los malditos rumores, por que cada que escuchaba uno le metían en locas aventuras donde se tenia que jugar el pellejo. Pero aquí debía estar atenta sobre todo porque era sumamente fácil esconder cadáveres en la basura. Roob era un nombre que… para que vamos a engañarnos, lo olvidara, aunque. Era probable y muy probable que sea esa basura del lanzador de cuchillos, Maki se arrebujo en su propia ropa para hacer como que se ocultaba sutilmente. Aunque seguro nadie le reconocería. M I E R D A ¿Un concierto? ¿De verdad? Escucho algo también de alguien rondando… ¿Su oído estaba bien? Era uno de sus sentidos mas desarrollados y agudos… ¿Quién estaría contra la música? Solo un loco. La emoción comenzó a subir por su garganta, por su pecho, su voz quería salir, mezclarse con la gente, ser ovacionada no ella, sino su música, su arte, la razón por la que late su corazón.
Se aparto el cabello del rostro, aunque llevo poco tiempo calva, se medió había acostumbrado a tener una cosa menos de la que preocuparse, se lo revolvió y lo peino con sus dedos hacia atrás cuando alguien sostuvo la mirada sobre ella. bueno no sobre ella, sino sobre sus cicatrices. Ella lo miro, altiva letal… el desvió la mirada. —Eso pensé…— Se dijo como complacida.
La plaza del vertedero… —Que te parece si vamos a echar un ojo Naranjitas mientras esperamos a que revisen a los pajarracos?— Bebió de un sorbo casi la mitad de su cerveza mientras trataba de darle un poco la espalda a cualquiera que le mirase demasiado. Se levanto y pego con la palma en la barra debajo de ella. los berris justos, ni uno más, ni uno menos. El bigotón pregunto que pasaba con las papas… Maki se alzo sobre el mesón y agarro un paquete de cigarrillos. —Quédatelas. Con esto estamos bien.— saco un cigarrillo y le pidió fuego al gordo bigotón. Este le dio un hermoso encendedor dorado. De lata dorada. Ella le hecho el humo en la cara y este fetichista de mierda pareció gozar con el abuso. Maki le cerro el ojo y se dispuso a salir a la plaza junto con un traqueteo melódico de sus armas sonando metal con metal. El encendedor… Robado.
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